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7 de diciembre de 2019, 21:15:55
Konfidenciales


Por qué y cómo funciona por dentro el Banco Central de Venezuela

Por José Manuel Rotondaro

Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Quizás la institución que más ha defraudado es el Banco Central de Venezuela. Todos padecen las consecuencias de su incapacidad para cumplir las funciones que la sociedad le asignó hace casi 80 años: manejar la unidad monetaria del país, surtir de billetes y monedas suficientes, mantener el valor adquisitivo de esa moneda, administrar de manera prudente las divisas que respaldan esa moneda, promover la estabilidad económica, aconsejar de manera franca al gobierno y ofrecer estadísticas económicas oportunas y fiables.


Ninguna de esas funciones las ha estado cumpliendo el BCV, en algunos casos por más de 15 años. Si bien los responsables en última instancia han sido tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro, las personas que han ocupado posiciones directivas desde 2000 han sido actores y cómplices en la destrucción de la economía venezolana.

Las justificadas críticas a su pésimo desempeño en los últimos años son quizás uno de los pocos temas donde existe consenso entre chavistas y opositores. Dentro del primer grupo se preguntan por qué el BCV no es capaz de detener la inflación o la continua depreciación del bolívar, o la crónica escasez de billetes. Más aún, hay quienes acusan, justificadamente, a la actual directiva de estar activamente dolarizando al país.

El declive institucional del BCV no ha sido aislado. La actual directiva está conformada por personas que previamente han desempeñado cargos en otras dependencias oficiales, y abiertamente han declarado su apoyo irrestricto a Maduro. Queda claro que la lealtad política es el requisito esencial para ser directivo del BCV, antes que la capacidad técnica y la experiencia profesional en temas clave para dirigir un banco central: lo monetario y lo financiero.

Un órgano colegiado uniforme en su visión de la economía y cuya posición responde más a su lealtad política que a su escasa o inexistente capacidad profesional, no es capaz de tomar decisiones acertadas.

Simultáneamente, esta directiva claramente desconfía de los cuadros técnicos del organismo, bien por razones políticas o porque la salida de funcionarios ha reducido el personal con calificaciones adecuadas. El ejemplo más claro es el caso de la Vicepresidencia de Operaciones Internacionales, una posición normalmente ocupada por personal de carrera. Desde fines de 2018 un miembro de la directiva, Iliana Ruzza, ejerce el cargo en forma ‘interina’.

A esta irregular mezcla de funciones directivas y operativas se añade la prolongada permanencia de otra directora, Sohail Hernández, como primera vicepresidenta ‘interina’.

Sólo cabe imaginar lo curiosas que deben ser las sesiones del directorio del BCV cuando evalúan el desempeño en sus funciones operativas de ambas colegas.

El declive institucional del BCV no ha sido aislado. La actual directiva está conformada por personas que previamente han desempeñado cargos en otras dependencias oficiales, y abiertamente han declarado su apoyo irrestricto a Maduro. Queda claro que la lealtad política es la característica esencial para ser directivo del BCV, antes que la capacidad técnica y la experiencia profesional en temas clave para dirigir un banco central: lo monetario y lo financiero.

Pero no es sólo al interior del BCV que existe una confusión de roles de sus directivos. La Ley, reflejando el texto constitucional, contempla que los integrantes de su directorio lo son a dedicación exclusiva, con excepción del representante del Ejecutivo. La única excepción que contempla la Ley es cuando actúan como representantes del país en organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y similares, u “otras funciones (...) siempre que se trate de asuntos directamente relacionados con el logro de los objetivos del Banco Central de Venezuela”.

Sin importar esta restricción, los actuales miembros del directorio del BCV ocupan o han ocupado simultáneamente otras posiciones no cubiertas por la excepción anterior. Tal fue el caso de William Antonio Contreras, quien por más de un año se desempeñó simultáneamente como ministro de Comercio Interior, cargo que dejó apenas en octubre pasado.

Las directoras Hernández y Ruzza, además de ocupar cargos operativos dentro del BCV, también son directivas de Bandes junto con otro integrante del directorio del BCV, Yosmer Arellán. Ruzza también es directora del Centro Nacional de Comercio Exterior.

Para rematar, estos mismos tres personajes integran la junta directiva del Banco Prodem en Bolivia, en representación de Bandes. El director remanente, Santiago Lazo Ortega, aparece como representante de Venezuela ante la CAF - Banco de Desarrollo, lo cual puede ser calificado dentro de una de las excepciones que contempla la Ley.

Esto dejaría al presidente Calixto Ortega Sánchez como el único integrante del directorio del BCV sin otra posición que se conozca. Cabe señalar que su destreza más notable para ocupar ese cargo es el dominio del inglés, a diferencia de todos sus antecesores dentro del período chavista. Ah, y ser sobrino de su homónimo, actual magistrado del TSJ.

Lo más probable es que la carencia de la experiencia profesional requerida y todas estas irregularidades en materia institucional y organizativa sean irrelevantes pues todo apunta a que la presencia de estas personas al frente del BCV responde más a su capacidad para dar aprobación formal a medidas concebidas en el Palacio de Miraflores.

Varias veces he indicado que hay numerosas señales de que un grupo de ecuatorianos, exfuncionarios del gobierno de Rafael Correa, ha estado detrás de las políticas implementadas por el BCV desde fines de 2018.

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Un hecho inusual puede reflejar este papel de meros secretarios burocráticos que cumplen los directivos del BCV: la reciente resolución que establece la indexación de los créditos a la variación de la cotización del dólar oficial. Dicha resolución apareció publicada el 21 de octubre, pero la fecha de su aprobación por parte del directorio del BCV es el 5 de septiembre.

¿Qué ocurrió durante esas seis semanas? Indudablemente la banca se movió tratando de disuadir al gobierno de la medida o al menos modificar su contenido. No cabe duda que entre miembros del entorno de Maduro deben haber surgido dudas respecto a una decisión que acelerará la dolarización de la economía, más allá de las consecuencias nefastas sobre la actividad económica.

Este prolongado lapso entre la aprobación de una resolución y su publicación en la Gaceta Oficial es totalmente inusitado. Puede haber ocurrido en ocasiones anteriores que una decisión de este calibre hubiese sido reconsiderada por la directiva del BCV luego de aprobada, pero aún si no hubiese habido modificación, al menos por guardar las apariencias hubiesen dado una nueva aprobación justo antes de enviarla a la Gaceta.

Lo lamentable es que todo lo indicado en estas líneas no es sólo un tema de formalismos legales u organizativos. Este desorden se refleja en una actuación desastrosa con terribles consecuencias para todos los que padecen el régimen de Nicolás Maduro.

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