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13 de agosto de 2020, 5:09:34
Konfidenciales


El régimen de Maduro no está bien y tiene mucho miedo

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- ¿Y quién dice que el régimen de Maduro está bien, o está mejor, o está consolidado? ¿Quién puede asegurarlo y jurarlo? No está bien. Los síntomas señalan de que es un régimen con miedo, que mete miedo, porque tiene miedo, que se sabe débil, y que no puede con la crisis. La crisis que se lo va a llevar por delante.


El régimen de pronto saca músculos y pasa la ofensiva, y acorrala. Pero hay que estar consciente de esto. Un régimen autoritario siempre intenta sacar músculos y estar a la ofensiva, reprimiendo, metiendo preso a diputados, asustando a opositores, amenazando a periodistas, cerrando medios. El régimen de Maduro mete miedo porque tiene miedo. Y porque tiene miedo necesita generar más miedo. Un clima de miedo. Que busca paralizar y no logra paralizar a toda la sociedad que sigue descontenta. El régimen descubre que el miedo lo protege de la protesta interna y externa. Por tanto, tiene la sensibilidad a flor de piel. Por tanto, detiene a un periodista que cuelga un tuit en el que se refiere a enchufes y enchufados. Por tanto, Nicolás Maduro, premia al FAES, brindándole todo “mi apoyo”. Por tanto, se ensaña contra el diputado Gilber Caro. Por tanto, intenta dinamitar, al costo que sea, la reelección de Juan Guaidó en la presidencia de la Asamblea Nacional.

¿Quién dijo que estaba bien? No está bien un régimen que de pronto saca músculos -músculos fofos-, y cae una avioneta y el siniestro de la nave destapa conexiones que al hilarse complican las relaciones de poder. Porque es hablar del oro. De la explotación del oro. Del contrabando del oro. Del delito del oro. De los intereses. De los grupos. De los boliburgueses. De socios de un lado y otro. De familias. Podrán ocultar y callar que se diga todo hacia afuera de lo que del caso se sabe. Pero lo que no pueden ocultar es la procesión interna. Porque en estos momentos los grupos se ven a la cara y son ellos los que no pueden engañarse ni manipularse. Lo saben todo. Y saben que situaciones de esa naturaleza desatan fuerzas internas. Demonios internos. Y esto es más miedo para el régimen. Miedo hacia adentro.

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¿Pero quién dijo que estaba bien? Hay quienes hablan de retoño en la economía porque ven 10, 20 bodegones en Caracas, y tiendas llenas de productos y mercancía en algunos centros comerciales. ¿Y quiénes compran? ¿Y con qué moneda compran? La gente lo sabe. Compran los que tienen dólares. Los que manejan dólares. Y esos son, en gran parte, los nuevos ricos, boliburgueses y bolichicos, los bolifuncionarios, los enchufados. Es la nueva casta. Y, por ejemplo, los bodegones, lo que parece una solución para el abastecimiento, no es una solución orgánica para el consumo ni la inflación ni el poder de compra. Es más bien un nuevo problema político. Es una bofetada contra la sociedad. Contra el pueblo mayoritario. Que sólo ve. Que sólo observa aquella burbuja de compra. Donde sólo compra la casta. Productos inalcanzables para las mayorías. Con lo que, lo que puede dar la apariencia de un retoño económico, en verdad es una burbuja que afianza la imagen de cómo se hace más profunda y más grande y más larga y más extensa la brecha entre ricos y pobres. Y esta brecha la profundiza Maduro. La rabia es contra Maduro. Y su entorno de enchufes.

¿Pero a quién se le ocurre pensar que está bien? Cómo puede estar bien un régimen que acumula otro año con caída del PIB. Que no recupera las empresas básicas. Que no ha podido solucionar la crisis eléctrica. Que tiene al país haciendo colas por la gasolina. Que no garantiza el servicio de agua potable. Ni la salud. Ni garantiza el transporte público. Que no paga a la clase trabajadora. Que está entregando los campos petroleros a los amigos, a los aliados; que se está haciendo de la industria petrolera un negocio particular; que no puede con la inflación. Y los venezolanos se siguen yendo.

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¿Pero quién dice que está bien el régimen de Maduro? Sale el régimen acusando de tomas de fuertes militares, y lo que es mentira se transforma en realidad. En el juego de espejos aparece un rostro, se asoma un fantasma, y hacia el Sur, hacia el estado Bolívar, revientan hechos que no estaban en los cálculos de nadie. El régimen tiene que acusar con más mentiras porque tiene miedo, y porque los regímenes autoritarios, que siempre quieren sacar músculos, tampoco, nunca, pueden reconocer errores, tampoco, nunca, pueden reconocer que están mal, tampoco, nunca, pueden admitir que lo están haciendo mal, porque lo peor, lo peor que le puede pasar a un régimen autoritario, es dar la impresión de que está acorralado. Por eso es que el régimen le promete a sus “nuevos aliados”, los que se sienten en la llamada mesa de diálogo, que liberará presos políticos, pero en vez de liberar, sigue apresando, sigue llenando las tenebrosas cárceles de los organismos de inteligencia. Ni a ese gesto se atreve el régimen. El miedo lo tortura.

¿Quién puede decir que el régimen marcha bien? Las encuestas no lo acompañan. Maduro, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Héctor Rodríguez, el gobierno, los ministros y hasta el PSUV, siguen en horas bajas, en números bajos. Quieren elecciones parlamentarias pero a la medida. Sin candidatos opositores de peso que les compitan. El escenario principal es la destrucción de los partidos y sus liderazgos. Después las elecciones. Tal vez calculando que el escenario es 2018. Tal vez sin tomar en cuenta que el ejemplo de Bolivia y el fraude de Evo Morales está vivo, sigue vivo. El régimen no está bien. Ni en lo político ni en lo electoral. Creían en 2015 que iban a ganar la Asamblea Nacional. Y salieron derrotados. Se inventaron una elección presidencial en 2018, y el costo les resultó demasiado alto. Y calculan que el efecto Juan Guaidó ya murió. Ya está muerto. Sin tomar en cuenta que diciembre de 2018 no es diciembre de 2019 ni será diciembre de 2020. Hay un polo y una referencia que enfrenta al régimen, que hace un año no existía, y que no se entrega. Pero como el régimen tiene miedo, quiere estar a la ofensiva, y va a aumentar la ofensiva de aquí al 5 de enero, el día de la reelección de Guaidó. Pero en esa apuesta ofensiva algunas de las costuras pueden desprenderse. Se van a desprender.

¿Quién jura que el régimen de Maduro está bien? No. No puede estar bien si puertas adentro aún se habla de conspiraciones y traiciones. Aún se habla de implosiones. Aún se habla de fracaso. Y se envían emisarios. Y los emisarios llevan el mensaje, el odioso mensaje del golpe, de golpear, que ya es tiempo de golpear. Pero el otro, aún negándose, dice que el tiempo “mío” llegará. No puede estar bien el régimen con tantos grupos de poder recelando entre sí, a falta de un líder que los regule, que los tranquilice, que les baje las ansiedades, y los apetitos desbordados por la acumulación primitiva y el delito. El régimen no está bien. Porque lo único que funciona son las estructuras policiales, las estructuras de represión, las estructuras de seguridad. Los privilegios de la casta militar y la casta policial. Y ellas también son parcelas. Que responden a intereses grupales. Sin el líder que garantice que siempre será así, y que evite que de pronto, un día de estos, aparezcan esas estructuras enfrentadas, por lo que siempre se enfrentan los grupos, por más dinero y más poder. El régimen no está bien. Y 2020 no será un buen año.

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