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9 de agosto de 2020, 4:10:07
Konfidenciales


El mensaje del Papa llega donde Guaidó no puede llegar

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Ese mensaje del Papa no reposa ni duerme en los escritorios de las cancillerías del mundo. El mensaje del Papa está en los despachos de embajadores y cancilleres, y allí está Venezuela, y la crisis de Venezuela, la tragedia de Venezuela. El Papa no podía olvidarse esta vez de Venezuela. Hay muchos factores recordándole lo que ocurre, y que el tema no puede pasar por alto.


Quien crea que el Papa Francisco va pronunciar un mensaje incendiario, no conoce al Vaticano. Ni a la política vaticana. Que el Papa vuelva otra vez a referirse al caso Venezuela, tiene en estos momentos un significado de urgencia. El Papa habla del continente americano. De la situación de América. Pero de manera particular, la referencia es directa a Venezuela. A las “crisis” de Venezuela.

Es importante lo dicho por el Papa porque en diciembre pasado el factor Juan Guaidó no estaba en el mapa político. Y es importante ahora que Guaidó se someterá a una prueba de fuego: la reelección en la presidencia de la Asamblea Nacional. Guaidó tiene los votos. Que para ello fue modificado el reglamento interno del Parlamento. Guaidó ganará. Pero nadie puede en estos momentos predibujar cómo se desenvolverán los hechos. ¿Cómo actuará el chavismo? ¿Cuál es la estrategia opositora para levantar vuelo otra vez?

Es importante lo dicho por el Papa porque en diciembre pasado el factor Juan Guaidó no estaba en el mapa político. Y es importante ahora que Guaidó se someterá a una prueba de fuego: la reelección en la presidencia de la Asamblea Nacional. Guaidó tiene los votos. Que para ello fue modificado el reglamento interno del Parlamento. Guaidó ganará. Pero nadie puede en estos momentos predibujar cómo se desenvolverán los hechos.

Por ello importa el mensaje de Papa. Un mensaje que llega a donde Guaidó no entra. No de la forma como lo hace el Papa. Y ese mensaje lo tienen desde Navidad, todas las cancillerías del mundo. Las que reconocen y no a Guaidó como Presidente Interino. Las que desconocen a Nicolás Maduro. Las que dicen o no dicen que el régimen de Maduro es una dictadura. Las que lo señalan de violar los derechos humanos. El Papa les está recordando a jefes de Estado y de Gobierno, a líderes políticos, a dirigentes de diversa especie, que el caso Venezuela sigue vivo, que la crisis no ha terminado, y hay que prestarle atención.

El Papa recoge así la preocupación y los esfuerzos de la Conferencia Episcopal de Venezuela. Recoge la preocupación del secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin. Del jefe de la Compañía de Jesús. Y de otras personalidades con acceso al Papa. Y para quienes Venezuela es prioridad.

Porque en la Iglesia Católica de Venezuela hay un líder a quien el Papa oye, monseñor Baltazar Porras. Y es amigo de monseñor Diego Padrón. Y es cercano del obispo de La Guaira, Raúl Biord Castillo. Y escucha a Arturo Sosa, jefe de los jesuitas a nivel mundial. Y cerca del Papa, el venezolano monseñor Edgar Parra Peña, el tercero en la institucionalidad del Vaticano. Y por supuesto, el Papa escucha a Parolin, quien conoce a Venezuela y la realidad del país.

El Papa Francisco dijo en el mensaje Urbi et Orbi “que el pequeño Niño de Belén sea esperanza para todo el continente americano, donde diversas naciones están pasando un período de agitaciones sociales y políticas”. Hay que leer. Dijo continente americano. Ni siquiera dijo América Latina. Tampoco dijo Chile, Ecuador, Bolivia, Argentina, Haití. Pero en cambio sí dijo:

“Que reanime al querido pueblo venezolano, probado largamente por tensiones políticas y sociales, y no le haga faltar el auxilio que necesita”.

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Y entonces agregó que Dios “bendiga los esfuerzos de cuantos se están prodigando para favorecer la justicia y la reconciliación, y se desvelan para superar las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza que ofenden la dignidad de cada persona”.

Aquí hay que destacar esos dos aspectos últimos: “Las diversas crisis” y “las numerosas formas de pobreza”. Es como si en ambas expresiones, el Papa resumiera el informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet.

El Papa está diciendo: A esta crisis hay que resolverla. Hay que ponerle urgencia.

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