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3 de junio de 2020, 21:22:28
Konfidenciales


Descubrimos el plan original de Fidel Castro para apropiarse de Venezuela con Chávez y el chavismo

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Vamos en camino de que se cumplan 20 años del discurso de Fidel Castro ante la Asamblea Nacional. Fue el 27 de octubre de 2000. Y allí estaba Hugo Chávez. Llevaba dos años en el poder. Ya Fidel Castro iba a sentar línea política.


Solo el tiempo ha demostrado que la entrega de Hugo Chávez era un hecho ya en el año 2000. Este discurso demuestra que no es verdad que el giro se produce después de abril de 2002. Aquí Fidel revela lo que viene, aunque disfraza las intenciones. La injerencia cubana. Las misiones. Petrocaribe. El petróleo regalado. La plata regalada. La Venezuela regalada.

Pero el discurso también configura un documento para la comparación. Fidel Castro critica el pasado. Pero la crítica se revierte con los resultados del chavismo. Por ejemplo, la corrupción, el saqueo de Venezuela, la eficiencia en el manejo del Estado y el gobierno, el colapso del país, la crisis social.

Para mí ha sido todo un hallazgo. Recordaba el discurso. Pero no los detalles. Veamos:

Dijo Fidel Castro que hace 41 años había estado en el Parlamento.

Que no era el mismo.

Era otro tiempo. El pueblo había derrotado la dictadura.

Y había ilusiones y esperanzas.

“Aquellas ilusiones y esperanzas se convirtieron en cenizas”.

“Sobre aquellas cenizas surgieron las nuevas esperanzas y se erigió este nuevo Parlamento”.

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“El gran milagro consiste en que alguna vez las esperanzas y los sueños de este pueblo noble y heroico se conviertan en realidades”.

Este el primer subrayado. Fidel Castro vivió lo suficiente para observar que el proyecto chavista como el cubano iba al fracaso. Con Nicolás Maduro quedó demostrado. No vamos a entrar en detalles sobre la gravedad de la crisis.

Dijo “que en Venezuela, al final de las últimas cuatro décadas, han ocurrido hechos extraordinarios: venezolanos que otrora luchaban entre sí convertidos en aliados revolucionarios; guerrilleros, en políticos destacados; soldados, en audaces estadistas que enarbolan las banderas que un día llenaron de gloria a este país. No me corresponde juzgar a aquellos que de la izquierda pasaron a la derecha, ni a muchos de los que, tal vez partiendo de un honesto conservadurismo, terminaron saqueando y engañando al pueblo”.

Segundo subrayado. El chavismo en el poder, con la ayuda de Cuba, terminó saqueando y destruyendo a Venezuela. Las empresas. Las instituciones. La industria petrolera. Alrededor de 400.000 millones de dólares fueron robados. El poder cubano lo ha visto todo. El engaño y la traición a las promesas. Cabalgaron sobre el discurso contra la corrupción y terminaron montando una corrupción histórica y planetaria.

“Sobre las relaciones entre Cuba y Venezuela, mucho se ha esgrimido el porfiado argumento de que en Venezuela se pretende introducir el modelo revolucionario de Cuba. Quienes involucraban cínicamente a Cuba como un diabólico fantasma, tal cual la han diseñado las groseras mentiras del imperialismo”. Dijo que ambas revoluciones, “pretenden una vida nueva para sus pueblos; desean cambios radicales; ansían justicia”.

Tercer subrayado. Quería Fidel Castro desactivar alarmas. Pero la historia confirma que, en efecto, Chávez avanzó hacia el modelo cubano, que Cuba fue determinante es la escogencia de Maduro como sucesor, que Cuba mantuvo influencia sobre Chávez y mantiene un tutelaje sobre Maduro. Este le ha dado rango de ministro al embajador de Cuba en Caracas. Cambios radicales hubo, para peor. Porque ni justicia ni vida nueva.

“A finales de julio del presente año, a pocos días de las últimas elecciones, otra mentira colosal comenzó a circular desde Venezuela a través de medios de prensa nacionales e internacionales. Las conexiones venezolanas de la Fundación Nacional Cubano-Americana habían contribuido a fraguar la conjura: “Desertor cubano denuncia la presencia en Venezuela de 1 500 miembros de los Servicios de Inteligencia de Cuba, filtrados en calles y cuarteles…”. Se añadían un montón de supuestos detalles. De tal modo se planeó la infame campaña en vísperas de las elecciones presidenciales, que altos funcionarios del gobierno hablaban de las mentiras ‘del desertor cubano’. Es decir, daban como un hecho la supuesta deserción de un oficial de la Inteligencia cubana. Tal desertor ni siquiera existía. Era un simple holgazán salido de Cuba en tiempos pasados, que vivía del cuento. Pedía asilo y protección. Ya los conspiradores tenían cinco o seis más listos para repetir la historia y el escándalo día por día, mediante el mismo mecanismo, hasta la fecha de los comicios”.

Cuarto subrayado. Si no era así en el año 2000, lo fue más tarde. Y lo sigue siendo. Los ojos de Cuba vigilan cada paso que se dé en Venezuela. En el Ejecutivo. En la Fuerza Armada. En los organismos de inteligencia. En los barrios donde operan las misiones. Más de 20.000 cubanos permanecen en el país. Entre médicos, soldados, esbirros.

“Cuba no cesa de ser utilizada con fines de política interna en Venezuela, ni cesan de usarla para atacar a Chávez, incuestionable y eminente líder bolivariano, cuya actividad y prestigio rebasan ya ampliamente las fronteras de su Patria… Soy su amigo, y me enorgullezco de ello. Admiro su valentía, su honestidad y su visión clara de los problemas del mundo actual, y el papel extraordinario que Venezuela está llamada a desempeñar en la unidad latinoamericana y en la lucha de los países del Tercer Mundo. No lo digo ahora que es Presidente de Venezuela. Adiviné quién era cuando aún estaba en la prisión. Apenas unos meses después de ser liberado, lo invité a Cuba con todos los honores, aun a riesgo de que los que eran entonces dueños del poder rompieran relaciones con Cuba. Lo presenté ante los estudiantes universitarios, habló en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, conquistó allí grandes simpatías.

Fidel Castro vivió el fracaso del proyecto chavista con Nicolás Maduro / Foto: Minci

Quinto subrayado. En verdad lo adivinó. Le sorbió los sesos, decía el expresidente de la Asamblea Nacional Constituyente y exministro y exprotector de Chávez, Luis Miquilena. Chávez los traicionó. Chávez se entregó a Castro. Comenzó a hablar de revolución cuando eso no estaba en el plan.

“Con su fulminante victoria popular 4 años después —sin un centavo, sin los abundantes recursos de las viejas camarillas políticas cuyas campañas eran sufragadas con las sumas fabulosas robadas al pueblo—, contando solo con la fuerza de sus ideas, su capacidad de transmitirlas al pueblo y el apoyo de pequeñas organizaciones de las fuerzas más progresistas de Venezuela, aplastó a sus adversarios. Surgió así una extraordinaria oportunidad no solo para su país sino también para nuestro hemisferio”.

Sexto subrayado. Además de la clara intromisión en los asuntos internos de Venezuela, hay que leer esta mentira, de que Chávez hizo campaña en 1998 sin plata cuando en verdad los ricos le dieron plata, los empresarios le dieron plata, la banca española le dio plata, cuando los ganaderos le dieron plata, los banqueros le dieron plata; y tanta que hasta le sobró plata al cabo de las elecciones. Y dice que al contrario, los adversarios, a los que señala de “viejas camarillas políticas” sí contaban con plata robada al pueblo. Era mentira. Y ahora es verdad, pero con la historia al revés. Porque el chavismo secuestró los poderes y el dinero, se apropió del dinero, y ha financiado las campañas con ventajismo, con los recursos del Estado, con recursos robados, con recursos que no son suyos.

“Nunca le he pedido nada. Jamás le solicité que mi Patria, criminalmente bloqueada desde hace más de 40 años, fuese incluida en el Acuerdo de San José; por el contrario, le ofrecí siempre la modesta cooperación de Cuba en cualquier área en que pudiese ser útil a Venezuela. La iniciativa fue totalmente suya. La conocí por primera vez cuando habló públicamente sobre el tema en una Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe que tuvo lugar en República Dominicana en abril de 1999. Expresó también su deseo de que fuesen incluidos varios países del Caribe que no eran beneficiados por aquel acuerdo. El ha sido puente de unión entre Latinoamérica y los dignos pueblos caribeños, a partir de su profunda identificación con el pensamiento de Bolívar”.

Séptimo subrayado. Que nunca le pidió nada a Chávez. Ya le había pedido petróleo a Rómulo Betancourt. Ya le había pedido plata a Carlos Andrés Pérez. Y a Chávez también le pidió. Y este le entregó en demasía. Y el chavismo le ha seguido entregando. Y si no le entrega más a Cuba es porque ordeñaron la vaca lechera hasta agotarla. Miente Fidel Castro con el Acuerdo de San José. Sabía hacia dónde se encaminaba el plan. Terminó siendo Petrocaribe. Y Cuba como primer favorecido.

“Estoy consciente de que mi visita a Venezuela ha sido objeto de venenosas campañas de todo tipo. Se le imputa al presidente Chávez querer regalarnos petróleo; que el Acuerdo de Caracas es un simple pretexto para ayudar a Cuba. Si así fuese, merecería un monumento del alto del Everest porque Cuba fue aislada, traicionada y bloqueada, con excepción de México, por todos los gobiernos de este hemisferio sometidos a Estados Unidos, incluido el de Venezuela, dirigida en aquel entonces por el primer presidente constitucional después de la sublevación popular del 23 de enero de1958 y de la creación de la Junta Patriótica que presidió las elecciones celebradas en ese mismo año”.

Octavo subrayado. Que no requiere mayores detalles. Porque Chávez terminó regalándole más que petróleo a Cuba. Fidel Castro hace referencia es a Rómulo Betancourt quien le negó regalarle el petróleo.

“También los enemigos y calumniadores parecen ignorar que Cuba eleva aceleradamente su producción petrolera y, en un período de tiempo relativamente breve, se autoabastecerá de petróleo y gas. La cooperación que recibirá de Venezuela en el campo energético, al suministrarle tecnologías avanzadas para una mayor extracción y uso de nuestro petróleo, será de por sí ya una inestimable ayuda, y el combustible que suministre en las condiciones que se establezcan en los compromisos que firmemos a partir de los principios del Acuerdo de Caracas, será rigurosamente saldado en moneda libremente convertible y en bienes y servicios que serán sin duda de extraordinario valor para el pueblo venezolano”.

Noveno y décimo subrayados. Dos mentiras petroleras que no se cumplieron. Cuba no aumentó la producción. No logró autoabastecerse. No lo necesitaba. Tenía a PDVSA. Tenía a Chávez. Tenía a Venezuela entregada por Chávez. Otra mentira. Que iba a pagar las facturas en moneda convertible. Una verdad que no vimos en ese tiempo: Ya en el 2000, léase bien, ya en ese año, estaba anticipando el plan de las misiones. “Nuestra cooperación con Venezuela se inspira en ideales que van mucho más allá del simple intercambio comercial entre dos países”.


“Los que tanto se afanan en mentir, calumniar y conspirar contra las ejemplares relaciones entre ambos países, obstaculizar la visita oficial de la delegación cubana y distorsionar el sentido de la cooperación económica entre Cuba y Venezuela, debían explicar al pueblo venezolano por qué en un país con tan enormes recursos y un pueblo laborioso e inteligente, la pobreza alcanza el fabuloso índice de casi 80% de la población… Según fuentes de la Cepal y la Comunidad Andina, los sectores pobres, que hace una década concentraban ya el 70% de la población, ocho años después se elevaban a más del 77%; entre ellos, la indigencia pasó del 30 al 38%. El desempleo se incrementó al 15,4% y el empleo precario del sector informal abarca el 52% de la fuerza de trabajo. Anteriores cifras oficiales señalaban índices de analfabetismo por debajo del 10%. Fuentes oficiales del Ministerio de Educación venezolano estiman que el analfabetismo real hoy alcanza al 20% de la población. El 50% de los jóvenes interrumpen sus estudios por razones económicas; un 11% debido al rendimiento escolar; un 9% por carecer de oportunidades. Estos datos suman un 70% de jóvenes estudiantes afectados. Solo en los últimos 21 años se fugaron de Venezuela 100.000 millones de dólares, una verdadera sangría de recursos financieros venezolanos indispensables para el desarrollo económico y social del país”…
“Los datos de la Unicef señalan que en 1998 la mortalidad infantil en menores de un año alcanzaba en Venezuela el índice de 21,4 por cada 1.000 nacidos vivos; la cifra se eleva a 25 si se incluyen también los que fallecen antes de cumplir los cinco años de edad”.

Décimo primer subrayado. Y es todo el párrafo. Porque hay que hacer un salto en la historia y observar el estado al que Chávez, Cuba y Maduro condujeron a Venezuela. A la pobreza. Al hambre. La mortalidad infantil. El colapso de los servicios públicos. Al éxodo de más de 6.000.000 de venezolanos. A la destrucción del aparato productivo. De tierras. De miles de empresas. De las empresas básicas. Hasta destruyeron PDVSA. La producción de petróleo y gas. Bajaron al mínimo las reservas internacionales. Endeudaron el país a niveles de 170.000 millones de dólares. Y vean esto: Dice Fidel Castro que en 21 años se fugaron 100.000 millones de dólares de Venezuela. Chávez reconoció en 2010 que durante sus gobiernos se fugaron 200.000 millones. En la mitad de tiempo el doble de recursos en dólares. Fidel Castro se pregunta sobre la mortalidad infantil en todo el periodo democrático: “¿Quiénes mataron a esos niños? ¿Cuál de los culpables fue a la cárcel? ¿Quién fue acusado de genocidio?”. Caben esas mismas preguntas para el escenario de hoy con Maduro. Solo que entre los responsables hay que incluir al poder castrista.

“Las decenas de miles de millones de dólares malversados por políticos corruptos constituyen un genocidio, porque los fondos que roban al Estado matan a un incalculable número de niños, adolescentes y adultos, que mueren por enfermedades prevenibles y curables. Tal tipo de orden político y social verdaderamente genocida con el pueblo, y donde las protestas populares son reprimidas a fuerza de balazos y matanzas, es presentado a la opinión mundial como modelo de libertad y democracia. La fuga de capitales es también genocidio. Cuando los recursos financieros de un país del Tercer Mundo son trasladados a un país industrializado, las reservas se agotan, la economía se estanca, el desempleo y la pobreza crecen, la salud y la educación populares soportan el mayor peso del golpe, y eso se traduce en dolor y muerte. Más vale no hacer cálculos: es más costoso en pérdidas materiales y humanas que una guerra. ¿Es eso justo? ¿Es democrático? ¿Es humano? La cara de ese modelo de orden social se puede apreciar a la entrada de las grandes ciudades de nuestro hemisferio repletas de barrios marginales, donde decenas de millones de familias viven en condiciones infrahumanas. Nada de eso ocurre en la bloqueada y difamada Cuba”.Lo que criticaba Fidel se le aplica a Raúl Castro, a Diosdado Cabello, a Rafael Ramírez / Foto: Cancillería Cuba

Décimo segundo subrayado. Genocidio, dice Fidel Castro. Genocidio, repite. Genocidas, señala. Y lo que criticaba entonces es lo que cabe para señalar a Chávez, al chavismo, a Maduro, a Diosdado Cabello, a Rafael Ramírez. A él mismo, Fidel Castro, y a Raúl Castro, y a toda la vieja y nueva camarilla del poder en cuba. Genocidas porque destruyeron un país y se robaron la plata.

“Siempre he creído que con una administración eficiente y honesta, Venezuela habría alcanzado en los últimos 40 años un desarrollo económico similar al de Suecia. No pueden justificarse la pobreza y las calamidades sociales que documentos y boletines oficiales de Venezuela o revistas serias de organismos internacionales expresan. Quienes la gobernaron desde aquellos días en que por vez primera visité este Parlamento, crearon las condiciones para el surgimiento inevitable del actual proceso revolucionario. Los que añoran el regreso a los años perdidos, no volverán jamás a ganar la confianza del pueblo si la nueva generación de líderes que hoy dirige el país logra aunar fuerzas, estrechar filas y hacer todo lo que esté en sus manos. ¿Es posible hacerlo dentro del modelo constitucional y político recién elaborado y aprobado? Mi respuesta es sí”.

Décimo tercer subrayado. Pues resultó que no. No hubo administración eficiente ni honesta. Se dedicaron a robar. Y a competir por quién robaba más. Y por quién controlaba más poder. Chávez se dedicó a ser líder mundial. Y a dejar que robaran –incluidos él y la familia- como fórmula de sostenerse en el poder. Corrompió la Fuerza Armada en función del poder pues por recomendación de Cuba, había que dominar la Fuerza Armada. Prometió una Venezuela potencia y dejó una Venezuela en ruinas. Repartió dólares por América Latina. Era un magnate. Era un nuevo rico.

“Cabría otra pregunta perfectamente lógica y mucho más compleja: ¿Puede, bajo el esquema de una economía de mercado, alcanzarse un nivel de justicia social superior al que existe actualmente? Soy marxista convencido y socialista. Pienso que la economía de mercado engendra desigualdad, egoísmo, consumismo, despilfarro y caos. Un mínimo de planificación del desarrollo económico y de prioridades es indispensable. Pero pienso que en un país con los enormes recursos con que cuenta Venezuela, la Revolución Bolivariana puede alcanzar, en la mitad del tiempo, el 75% de lo que Cuba, país bloqueado y con infinitamente menos recursos que Venezuela, ha podido lograr desde el triunfo de la Revolución. Ello significa que estaría al alcance de ese gobierno erradicar totalmente el analfabetismo en pocos años, lograr una enseñanza de alta calidad para todos los niños, adolescentes y jóvenes, una cultura general elevada para la mayoría de la población; garantizar asistencia médica óptima a todos los ciudadanos, facilitar empleo a todos los jóvenes, eliminar la malversación, reducir al mínimo el delito y proporcionar viviendas decorosas a todos los venezolanos”.

Décimo cuarto subrayado. Buena intención por parte de Fidel Castro. Pero los resultados están a la vista. No hay más que agregar. Hasta Maduro ha reconocido el fracaso. Chávez reconoció por allá en 2010, que estaban aún aprendiendo a gobernar. Y Maduro no se cansa de señalar: Hemos cometido errores. En ello se les pasó el tiempo.

“Una distribución racional de las riquezas mediante sistemas fiscales adecuados es posible dentro de una economía de mercado. Ello requiere una total consagración al trabajo de todos los militantes y fuerzas revolucionarias. Se dice fácil, pero en la práctica constituye un trabajo sumamente difícil. A mi juicio, en lo inmediato, Venezuela no tendría otras alternativas. Por otro lado, no menos del 70% de sus riquezas fundamentales es propiedad de la nación. No hubo tiempo suficiente para que el neoliberalismo las entregara todas al capital extranjero; no necesita nacionalizar nada”.

Décimo quinto subrayado. Pero es que no sabían a dónde ir, y todavía no lo saben. No sabían qué construir. Eran burbujas de consumo. No había planes industriales. Era solo palabrería de Chávez. Y se profundizó el rentismo creyendo que eran políticas sociales. Y se inventaron el cadivismo. Se abandonó la cultura del trabajo. Se atacó la meritocracia. Se benefició la burocracia. Los empresarios son vistos como enemigos. El plan de cooperativas fue pulverizado porque los cooperativistas se estaban convirtiendo en capitalistas. Se inventaron a los boliburgueses y los que se tomaron el proyecto en serio fueron purgados y destruidos, acabados por Chávez. Entonces, los otros dijeron: no queda otra opción que robar y llevarse el capital. Más importante que la eficiencia era serle leal a Chávez. A la revolución. Al proceso. A Maduro, a Cabello, a Ramírez.

“Para ser objetivo, me falta añadir mi criterio de que hoy en Venezuela solo un hombre podría dirigir un proceso tan complejo: Hugo Chávez. Su muerte intencional o accidental daría al traste con esa posibilidad; traería el caos. Y él, por cierto —lo he ido conociendo poco a poco—, no contribuye en nada a su propia seguridad; es absolutamente renuente al mínimo de medidas adecuadas en ese sentido. Ayúdenlo ustedes, persuádanlo sus amigos y su pueblo. No les quepa la menor duda de que sus adversarios internos y externos tratarán de eliminarlo. Se lo dice alguien que ha vivido la singular experiencia de haber sido objeto de más de seiscientas conspiraciones, con mayor o menor grado de desarrollo, para eliminarme físicamente. ¡Un verdadero récord olímpico!”.


Décimo sexto subrayado
. Lo mismo pensaba Chávez. Yo soy el único que puede gobernar a Venezuela. Yo soy la garantía. ¿En qué terminaron la revolución y el chavismo? En vida de Chávez, el desastre ya estaba allí. Con la muerte, el holocausto. Pero Fidel Castro tiene una intención en este párrafo. El alerta sobre el atentado, sobre el riesgo de que Chávez sea aniquilado, no es otro que ponerle a mano la seguridad cubana. Desde ese momento. Lo cual conduce a esta conclusión, que es mentira que luego de 2002, luego del 11 de abril de 2002, es que Chávez da el giro y se entrega a Cuba. Este discurso nos revela, en perspectiva histórica, que la entrega era un hecho. Desde mucho antes. De allí el alerta de Miquilena y la decisión de sacarlo del poder en 2002.

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