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9 de abril de 2020, 2:35:13
Konfidenciales


Con elogios y piropos Fidel Castro convenció a Chávez de la entrega de Venezuela

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- El plan de Fidel Castro y el poder de La Habana con el fin de echarle mano a Venezuela se encontró con el mejor aliado que jamás pudieron imaginarse: Hugo Chávez. Pero también el chavismo, y fundamentalmente el chavismo civil, entreguista y sumiso ante los Castro. Y la expresión extrema de ese plan se llama Nicolás Maduro.


Los papeles de la historia hablan hacia el pasado y hacia el futuro. Lo colocan casi todo en perspectiva. Lo que pasó y lo que no pasó. ¿Por qué? ¿Y cómo? Lo que no se vio en su momento. Los protagonistas y el escenario. La evolución de los hechos, y su constatación posterior, alertan sobre lo que puede seguir sucediendo, aunque ya sea demasiado tarde.

No es casual que en el discurso de Fidel Castro aparezca el esbozo de lo que serían las misiones. Ni de lo que sería Petrocaribe. Ni la idea de que Venezuela debía regalarle petróleo a Cuba. Castro dice que va a pagar, y dice que lo hará en moneda convertible o en servicio -no habla que pagará en dólares.

Ahí está el discurso de Fidel Castro ante la Asamblea Nacional el 27 de octubre de 2000. Ahí estaba. Y no lo habíamos revisado con la lectura de la comparación. Hecha la tarea, la conclusión es que el plan de dominación del poder castrista sobre Venezuela arranca desde que Hugo Chávez y Fidel Castro se conocieron a mediados de los años 90 en La Habana. Quienes acompañaron a Chávez en ese viaje dan cuenta de las conversaciones largas y tendidas con Castro. A solas casi siempre. ¿Qué planificaron entonces? Fidel Castro en el discurso ante la Asamblea Nacional dice que fue conociendo a Chávez, arribando a la conclusión de que era el único que podía dirigir el “proceso complejo” al que se enfrentaba Venezuela.

Era una manera de halagar a Chávez hasta el punto de alertar sobre el peligro, sobre el riesgo, de que pudieran matarlo, que pudiera morir. Fidel Castro no era advino para prever el cáncer con 11 años de anticipación. Pero sí meter entre los cálculos la muerte accidental o la muerte provocada por un atentado. Por ello, ante la eventualidad de la muerte, apura el plan. No es conjetura. Ya Chávez ha viajado como presidente electo y Presidente en funciones a La Habana. Ya ha hablado del mar de la felicidad que es Cuba. Ya le había hecho caso a Castro de no aceptar la ayuda de los Estados Unidos para recuperar a Vargas del deslave que sufriera en diciembre de 1999. Ya Hugo Chávez había manifestado su cercanía con las FARC. Ya hablaba de revolución. Ya había mantenido otra vez en La Habana largas reuniones con Castro, aunque en alguna lo hizo en presencia de Luis Miquilena, a quien no le gustó que Chávez insistiera en el discurso de la revolución. Miquilena y sus amigos se sintieron traicionados por Chávez. Miquilena decía que Fidel Castro le sorbió el cerebro a Chávez. Este le daba el trato de padre a Castro y el modelo cubano era la referencia a seguir. Chávez ya estaba entregado y así fue entregándole Venezuela a Fidel Castro.

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No es casual que en el discurso de Fidel Castro aparezca el esbozo de lo que serían las misiones. Ni de lo que sería Petrocaribe. Ni la idea de que Venezuela debía regalarle petróleo a Cuba. Castro dice que va a pagar, y dice que lo hará en moneda convertible o en servicio -no habla que pagará en dólares. Esto indica que en ese temprano 2000, las piezas de la dominación estaban diseñadas. El Acuerdo de Caracas sería el principio y la inclusión de Cuba en el Acuerdo de San José con las facilidades de pago para la compra del petróleo.

Pero el principio de todo sería el propio Chávez, entregado, y también el chavismo civil, formado en Cuba, o militante de la izquierda que siempre coincidió con los intereses y la política de La Habana. En este momento, el ala militar desconfía de Cuba. Muchos de los “muchachos” militares de Chávez se muestran distantes y hasta contrarios a la idea de socialismo y comunismo. Pero Chávez termina rompiendo la desconfianza, y Fidel Castro hace el resto, los atrae, los conquista, hasta el punto que Diosdado Cabello, al cabo de los años, comienza a hablar de socialismo, y a la muerte de Chávez, a expresar una devoción que no se le conocía, por Fidel Castro, la obra de Fidel Castro, y Cuba.

Fidel Castro en ese discurso también alaba a Chávez, reconociéndolo como factor clave en la recuperación de los precios del petróleo. Habla de los recursos petroleros, del dinero que genera el petróleo, y de los países pobres, entre otros Cuba, a los que les impacta la subida del crudo. Sobre las facilidades de pago de la factura petrolera, dice Castro, es “un buen ejemplo que deben tomar en cuenta otros exportadores de petróleo”. Y ello es música para los oídos de Chávez. Dice: “Los que lo acusan (a Chávez) por esa acción inteligente y justa, que compromete sólo una pequeña parte de los ingresos que recibe Venezuela con los actuales precios, reaccionan de forma extremadamente egoísta y miope. No toman para nada en cuenta que la OPEP, sin el apoyo del Tercer Mundo, no estaría en condiciones de resistir mucho tiempo las enormes presiones de los países industrializados y ricos, atormentados fundamentalmente por el incremento de los precios de la gasolina para sus miles de millones de automóviles y vehículos motorizados”. Perfecto discurso para la manipulación dirigido a un hombre dispuesto a dejarse manipular. Con los años, teniendo los precios altos, se desata el Chávez que regala dinero por el mundo, y se desata el Chávez que no escatima recursos para Cuba.

La expresión extrema de entreguismo ante los Castro es Nicolás Maduro / Foto: WC

Fidel Castro les señala en el discurso que con los recursos y un gobierno eficiente y honesto, Venezuela hubiera alcanzado el nivel de Suecia en los últimos 40 años. Pero después se da cuenta que los chavistas son peores administradores. Y son corruptos. Y que Chávez es un pésimo administrador. Y quién quita entonces que pensara que ante el eventual fracaso de la revolución bolivariana, haya que apurar el control para garantizarse el petróleo y los recursos financieros, tal como ha ocurrido. Y esta lógica es la que implica que muerto Chávez -estaba en los pronósticos de Fidel Castro- había que mantener asegurado el poder, mantener el poder, sobrevivir en el poder, y el hombre escogido fue Maduro. Ya era Maduro.

Pero antes que Maduro era Chávez y es por ello que Castro lo recibe con honores de Estado en La Habana al salir de prisión. Y Fidel Castro, apelando a que su palabra es ley en ese mundo de la izquierda, no se detiene en elogios. La conquista tiene que estar a la vista y al oído de todos. Lo dice Fidel. Palabra Santa de Fidel. “Soy su amigo, y me enorgullezco de ello. Admiro su valentía, su honestidad y su visión clara de los problemas del mundo actual, y el papel extraordinario que Venezuela está llamada a desempeñar en la unidad latinoamericana y en la lucha de los países del Tercer Mundo. No lo digo ahora que es Presidente de Venezuela. Adiviné quién era cuando aún estaba en la prisión. Apenas unos meses después de ser liberado, lo invité a Cuba con todos los honores, aun a riesgo de que los que eran entonces dueños del poder rompieran relaciones con Cuba”.

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Es el reconocimiento de Fidel Castro para que el mundo de la izquierda reconociera a Chávez como un nuevo líder. Bendecido, Chávez quedaba en deuda. Y comprometido. Al punto de comportarse tal y cual Fidel Castro le esboza el papel que debe cumplir por América Latina y el Tercer Mundo, a costa de la riqueza de los venezolanos. Como toda se deuda se paga, ésta contraída por Chávez, la ha pagado Venezuela en todo este tiempo a Cuba. A cambio de sostener al chavismo en el poder. Cuba, tiene su rol en esta empresa. Y Fidel Castro lo dijo entonces: “Nuestra cooperación con Venezuela se inspira en ideales que van mucho más allá del simple intercambio comercial entre dos países. Son comunes nuestra conciencia de la necesidad de unión de los pueblos latinoamericanos y caribeños y de la lucha por un orden económico mundial más justo para todos los pueblos. No se trata de un convenio escrito, sino de objetivos que emanan de nuestra actuación en las Naciones Unidas, en el Grupo de los 77, en el Movimiento de Países No Alineados y otros importantes foros internacionales”.

El plan se ha cumplido. En nombre de unos supuestos ideales, han sembrado de miseria a Venezuela. Fidel Castro decía que las dos revoluciones tenían su propio perfil. Pero, la verdad, es que dictadura es dictadura.

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