Edición testing
8 de marzo de 2021, 10:07:33
Katalejo


El coronavirus convirtió al mundo en un laboratorio de miedo, democracia, autoritarismo y libertad

Por Nelson Rivera

Nelson Rivera (ALnavío).- La pandemia no tendrá final. No puede tenerlo: le han bastado días para penetrar en cada resquicio de la vida en común y, de modo vertiginoso, tomar el control de nuestros hogares. Nos hemos encerrado con el virus. Lo hemos instalado, con cama y sofá, en nuestros pensamientos y rutinas. Es nuestra sombra y el próximo paso. Una especie de nueva medida de las cosas. El metro, el metro y medio, los dos metros. La precaución ante los demás.


La que se anunció como plaga sanitaria, lo es también de los vínculos humanos, de las causas personales y sociales, de los procesos conocidos. Todo lo que estaba en curso ha sido detenido, cancelado, pospuesto o puesto en la bandeja de lo inconcluso. El virus ha establecido un tiempo: de espera indeterminada, de incertidumbre, de disolución de los horizontes. El mundo, o una buena parte, se ha desinflado. De la aceleración hemos pasado a la ralentización, a la interrupción de los ritmos.

Nos distancia. Nos impone pautas de movilidad. Nos confina. De forma simultánea, otra infección se ha expandido de forma fabulosa: la mediática. El virus ha mutado y ha desatado aclaratorias, bulos, chistes, metáforas políticas, juegos de palabras, farmacopea en 280 caracteres, testimonios de víctimas, videos de expertos, oraciones, fórmulas de autoayuda, advertencias, consejos para la convivencia, dietas y repetitivas campañas para decir que juntos aprenderemos y venceremos. Virus y redes sociales: nuestra cara y cruz.

Lea esta nota completa en ALnavío

Konzapata.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  konzapata.com