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14 de agosto de 2020, 21:50:51
Poder Kaníbal


Hasta dónde pueden llegar las conexiones de Maduro y Tareck El Aissami con Irán

Por Zenaida Amador

Por Zenaida Amador (KonZ).- Por las redes sociales el oficialismo venezolano puso a circular la imagen de un grupo de jóvenes izando una bandera de Irán en las inmediaciones del llamado Cuartel de la Montaña, ubicado en Caracas, donde permanecen los restos de Hugo Chávez. El gesto, exaltado por la maquinaria propagandística de las autoridades, celebraba el arribo al país este fin de semana del primero de cinco buques con gasolina iraní con la que el régimen de Nicolás Maduro promete paliar la aguda escasez de combustibles que azota a los venezolanos, aunque en verdad está midiendo fuerzas en sus jugadas políticas para apuntalarse en el poder.


Es un triunfo. Así lo venden las autoridades desde todas sus plataformas informativas, exacerbando la idea de que Estados Unidos no pudo impedir el paso a aguas venezolanas del carguero, con sus 268 mil barriles de gasolina a bordo, aun cuando Washington había lanzado advertencias al respecto. “El final del Ramadán nos trae la llegada del buque Fortune, muestra de la solidaridad del pueblo islámico de Irán con Venezuela. En tiempos donde el imperio supremacista pretende imponer por la fuerza su dominio, solo la hermandad de los pueblos libres nos salvará. ¡Gracias, Irán!”, expresó Maduro para reafirmar este mensaje.

La bandera iraní ondulante en una barriada caraqueña no es más que el acento que el régimen intenta poner en la circunstancia puntual para alimentar las corrientes radicales de opinión y, como es su costumbre, lograr que los verdaderos problemas de fondo queden en un segundo plano.

Durante la antesala de la llegada del buque y las primeras horas de su tránsito por la costa el régimen de Nicolás Maduro logró sembrar el rechazo a las sanciones internacionales y la desazón hacia las acciones propiciadas por la oposición liderada por Juan Guaidó con apoyo de países como Estados Unidos en algunos sectores influyentes de la opinión pública, sin que muchos se detuvieran en el hecho de que la escasez de gasolina en Venezuela responde a la mala gestión de la industria petrolera tras dos décadas del chavismo en el poder.

Aunque la capacidad refinadora del país es de 1,3 millones de barriles diarios, en la actualidad la producción es casi inexistente, por lo que es imposible atender la demanda interna de combustibles aun en un mercado que ha experimentado seis años de recesión, un éxodo masivo de ciudadanos, que posee un parque automotor reducido por efectos de la crisis y que lleva diez semanas de parálisis general a causa de la cuarentena impuesta por el Covid-19.

Dado este contexto se estima que la demanda interna de gasolina ronda apenas los 60 mil barriles por día y que la carga del buque Fortune equivaldría, con suerte, a unos cuatro días de consumo.

Este domingo se esperaba que el buque llegara a las costas del estado Carabobo, donde se encuentra la refinería El Palito y, desde allí, se hará una redistribución de carga vía marítima a varias zonas seleccionadas del país y por tubería a algunas áreas aledañas.

El cargamento total de los cinco buques despachados por Irán asciende a 1,5 millones de gasolina, es decir, a menos de un mes de consumo.

El régimen estaría pagando con oro estos suministros que en verdad poco alivian los problemas del país, pero que sí ayudan a Irán a aliviar su excedente de combustibles por la caída de la demanda a causa del Covid-19 y le sirven de termómetro político a Maduro para afinar su línea de actuación, no solo ante los sectores internos que se le oponen sino a nivel internacional.

“Venezuela tiene amigos en el mundo y amigos valientes”, afirmó Maduro en su afán por vender el éxito de la llegada del Fortune al país.

La simbólica bandera en verdad lo que hace es reafirmar el perfil de lo que será Venezuela como punto de entrada y conexión en la región para todos aquellos regímenes que le son afines, aunque internacionalmente sean señalados por sus corrientes antidemocráticas y otras prácticas asociadas a terrorismo o a tráficos ilícitos. Y ese es el verdadero temor de fondo.

Los rastros de una alianza

Desde 2013 Maduro emprendió una agenda diplomática agresiva para reafirmar y construir alianzas en varias partes del orbe. Teherán fue uno de esos puntos clave a los que mandó a varios de sus emisarios e, incluso, él mismo viajó para tratar de reanimar el viejo ímpetu de la relación binacional de los tiempos de Hugo Chávez y Mahmud Ahmadineyad.

Estos líderes emblemáticos firmaron durante sus mandatos varios acuerdos binacionales, algunos más estratégicos que otros, donde el petróleo siempre centró la atención. Durante el esplendor económico que generaron los altos precios del crudo, Chávez llegó a pensar en desarrollar junto a Ahmadineyadv una refinería en Siria capaz de procesar 150.000 barriles diarios. Hacia 2007 Irán planificaba una inversión de 4.000 millones de dólares en la Faja Petrolífera del Orinoco, aunque las circunstancias políticas terminaron generando cambios, por los que Venezuela planificó invertir en yacimientos gasíferos iraníes y comenzó a despacharle 20.000 barriles por día de gasolina a Teherán.

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Para la evaluación histórica quedarán estas vueltas que han dado los acuerdos energéticos suscritos entre las dos naciones al ritmo de sanciones y cuestionamientos internacionales.

También para la historia quedan otros tantos proyectos binacionales fallidos como Venirauto, la ensambladora iraní en Venezuela que jamás logró sus metas de producción de automóviles ni garantizar repuestos y servicios, algo que las autoridades locales trataron de justificar con el hecho de que buena parte de los componentes necesarios debían importarse de Irán.

Algo similar ocurrió con la cementera Cerro Azul, que nació en 2005 del convenio entre los dos gobiernos y que nunca cumplió sus objetivos. Según Transparencia Venezuela, alrededor de este proyecto hubo señalamientos de diversas irregularidades como “la incompetencia de las empresas iraníes para ejecutar las obras, retrasos en la construcción de la planta, irregularidades en asiento de las empresas involucradas, pues sólo aparecieron en el Registro Nacional de Contratistas años después de iniciar las obras. A lo que se suma la entrega inconclusa de obras”. Cerro Azul se convirtió en uno más de los fantasmas estatales en el sector cementero venezolano.

Lo que sí se mantuvo activo de forma regular desde 2007 y hasta 2010 fue el puente aéreo Caracas-Teherán, conectando con Siria, que dio lugar a múltiples especulaciones sobre sus verdaderos usos, pues los costos operativos de la ruta eran muy altos y no se trataba de destinos de interés para los venezolanos.

Recientemente se reactivaron las conexiones aéreas entre Irán y Venezuela, ahora con Mahan Air, a la que Israel denuncia por tener nexos con organizaciones como el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica. Vuelos de esta aerolínea han estado trayendo componentes, equipos y personal técnico, unos de Irán y otros de China, para ayudar al régimen de Maduro a reparar algunas unidades del sistema refinador nacional. Todo esto igualmente a cambio de oro.

Desde hace un par de años, cuando Tareck El Aissami consolidó alianzas con Turquía para el procesamiento de oro venezolano, crecieron las versiones que apuntaban a que parte de esos despachos terminaban en Irán para facilitar su manejo posterior.

El Aissami, actual vicepresidente del Área Económica de Maduro, buscaba rutas para evadir las sanciones de Estados Unidos y proveer al régimen de un músculo financiero más difícil de rastrear. Se supone que los envíos a Turquía eran para refinar el oro y luego regresarlo a Venezuela, pero nunca hubo transparencia sobre los movimientos de las cargas auríferas, por lo que varios voceros de Washington alertaron al respecto.

Maduro no se detiene en las críticas

Antonio De La Cruz, quien dirige la firma Inter American Trends, fue uno de los que lanzó advertencias públicas sobre las implicaciones de recibir en Venezuela los despachos de gasolina iraní pues, a su juicio, los buques son “caballos de Troya”. Supuestamente transportan combustible, “pero también armas, equipos, cocaína, oro, entre otros, con consecuencias inimaginables para la región”.

El expresidente de Bolivia, Jorge Quiroga, no ocultó su preocupación al respecto en una entrevista dada al diario El Nacional de Venezuela. “Es muy preocupante ver que Irán esté poniendo sus garras sobre Venezuela porque se trata del primer caso en el mundo que veo que es a donde llega la presencia del Estado iraní, los Quds, los petroleros y Hezbolá, que está instalado en el país desde hace mucho tiempo. Están llegando con todo el paquete. Esto debería causar enorme preocupación en la región porque no creo que a Colombia o a Brasil, o al resto de los países nos interese relacionarnos con Irán”.

Juan Guaidó, por su parte, dijo haber conversado con el presidente de Colombia, Iván Duque, sobre esta situación. “Le expresamos la preocupación por la presencia iraní en Venezuela, a sabiendas de cómo la dictadura ya ha colaborado con el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y la disidencia de la FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), y la amenaza que representa para la región”.

A Maduro poco le importan estos señalamientos. En su opinión su régimen y el de Irán tienen “derecho a comerciar libremente (...), intercambiar productos, comprarnos productos, vendernos productos”. Desde su perspectiva, recién estaría comenzando una nueva relación comercial con sus aliados iraníes ya que, según dijo, “somos dos pueblos rebeldes, dos pueblos revolucionarios” y “no nos vamos a arrodillar jamás ante el imperialismo norteamericano”.

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