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El país no es que anda al revés, es que lo torcieron

jueves 30 de julio de 2015, 15:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Los banqueros sacan cuentas. Los bancos, según patrimonio, andan por el piso. Mejor dicho, se enanizaron, a pesar de que las torres que cobijan sus estructuras casi toquen el cielo
Por Juan Carlos Zapata.- El asegurador dice: ¿Que ganó plata? Mentira. Ganó en bolívares. Lo mido en dólares y no hay ganancia. Esta empresa se sostiene por pura voluntad. Porque hay que insistir. Hay que aguantar. No hay que perder la esperanza. El asegurador ni siquiera se levanta de su silla. No ve el horizonte.

El banquero, en cambio, se pasea en lo alto de la torre. Desde allí, la vista es inmensa. La panorámica de otra Caracas que prometía.  A este banquero los amigos le dicen en Nueva York:

-¿Tú estás loco? ¿Cómo sigues viviendo en Venezuela? Con tanto peligro. Tanta inseguridad.

El banquero también piensa como el asegurador. Hay que insistir. Es más. Opina que el exilio, Miami y Panamá, es el gran enemigo del país. En resumen: no hay que irse. No hay que dejar los espacios.

Este banquero anda con su tableta a la mano. Allí carga los números. Ya es una obsesión. Ha trabajado por más de 40 años. Ha comprado y vendido bancos y ha vuelto a comprar. Ha hecho negociaciones de varios cientos de millones de dólares. Pero la tableta señala otra realidad. Su banco, si acaso, hoy valdría 8 millones de dólares.

-Pude venderlo cuando varios de esos que llaman boliburgueses me tocaron varias veces la puerta. Yo dije: la pinga. De esta gente no recibo plata. ¿De dónde viene la plata? Allí está el caso de El Universal. ¿Se ha preguntado Andrés Mata con qué plata le pagaron?

Pero no vendió. A veces se arrepiente. A veces no. Cuando no, es que se siente fuerte y señala: del país no me voy. A pesar de lo que dice la tableta. Lo que le dictan los números. Que el sistema bancario, medido en patrimonio, no pasa de 600-800 millones de dólares. Ni el banco más grande, visto desde lo estrictamente técnico, puede valorarse en más de 50 millones de dólares.

-Y eso sin meter el riesgo país.

El banquero sigue en su torre. Una torre alta que roza el cielo. Ya oscurece. Al menos hay luces en Caracas. Desde su puesto de trabajo observa hacia abajo y mira el desfile de autos como si fuera un cortejo de hormigas. De pronto cae en cuenta y apunta:

-El enano soy yo. Todos los bancos son enanos.

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