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Y el pacto con Hugo Chávez no contemplaba la reelección de Nicolás Maduro

martes 27 de febrero de 2018, 10:01h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.-  Y Maduro no mira atrás. Encontró en Ramírez un contrincante menos peligroso de lo que imaginó. Lo midió. Y lo purgó. Lo midió y no le cumplió. Ni la promesa de dejarlo en PDVSA. Ni la promesa de la Vicepresidencia Ejecutiva de la República con todos los poderes. Ni la promesa de llevar la batuta de las reformas económicas. Menos que fuera candidato en 2018 y sucesor de Maduro tal como se supone se había dispuesto en el juramento con Chávez.
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.-   El pacto. Ayer lunes adelantamos en exclusiva lo que se comenta en el entorno de Rafael Ramírez sobre el pacto que no se cumplió. Sobre el juramento que no fue. Y cómo dejaron por fuera a Rafael Ramírez. Lo dejaron Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Por ahora. Porque también los amigos de Ramírez aseguran que Cabello será el próximo purgado. Esto también se lo declaró a KonZapata hace un tiempo el exministro Rafael Isea. Ayer explicamos. Ramírez se confió. Eso concluyen sus amigos. Que varias veces Maduro incumplió. El primero, el juramento de las sucesivas presidencias. Que el pacto de ellos tres con Chávez fue el de presidencias sucesivas. Primero Maduro, después Ramírez y más tarde Cabello. Ver más en https://konzapata.com/2018/02/el-juramento-que-no-le-cumplieron-a-rafael-ramirez/

Rafael Ramírez, ex presidente de PDVSA, y Hugo Chávez, ex presidente de Venezuela.

Pero Maduro ha roto la promesa y va a la reelección. Y la reelección no estaba contemplada en el pacto. Eso es lo que dice Ramírez. Falta que Cabello lo confirme. Pero Cabello no va a decir nada. No va a enfrentarse, por ahora, a Maduro. Sabe que el grupo de Maduro es el que domina la situación interna en el chavismo. De allí se entiende que los artículos de Ramírez tengan  ese tono de hombre dolido. Traicionado. Y ha dicho en esos artículos que Chávez solía compartir el poder, sin entregárselo a un solo grupo. Entonces, si el pacto era así, tal como lo afirma su entorno, es a Ramírez a quien le correspondía la candidatura en 2018.

Pero Maduro dirá que la candidatura se la ha ganado a pulso, que trataron de tumbarlo, que trataron de no reconocerlo, que se ha tirado encima toda la oposición interna, y toda la comunidad internacional, que le dejaron la economía en ruinas, que le dejaron PDVSA destruida, y sin embargo, maniobra tras maniobra, ha llegado hasta donde ha llegado.  Maduro dirá, y esto lo ha escrito Ramírez, que es el jefe. El único jefe. Y que ya hay madurismo, y esto también lo reconoce Ramírez en los escritos. Por lo tanto, el pacto es cosa del pasado. El  juramento fue en otra circunstancia.

Así, a Ramírez no le resta otra opción que apelar a la memoria de Chávez, ilusionado en que el chavismo reaccionará y no le permitirá a Maduro coronar su objetivo. Por ello llama a unas primarias dentro del chavismo. Unas primarias que son otra ilusión. Y es por ello que critica la tal aclamación de Maduro.

Y Maduro no mira atrás. Encontró en Ramírez un contrincante menos peligroso de lo que imaginó. Lo midió. Y lo purgó. Lo midió y no le cumplió. Ni la promesa de dejarlo en PDVSA. Ni la promesa de la Vicepresidencia Ejecutiva de la República con todos los poderes. Ni la promesa de llevar la batuta de las reformas económicas. Menos que fuera candidato en 2018 y sucesor de Maduro tal como se supone se había dispuesto en el juramento con Chávez.

Hoy Delcy Rodríguez tiene más poder que Ramírez. Hoy Jorge Rodríguez tiene más poder que Ramírez.  Quién lo iba a imaginar. Hoy Tareck William Saab tiene más poder que Ramírez.  Ramírez se confió, dicen sus amigos. Y no dejó un As bajo la manga. La verdad es que nunca se sabe. A lo mejor lo tiene. Y no es tiempo de sacarlo todavía.

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