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Tras la apariencia de libre mercado opera el control de cambio

lunes 10 de septiembre de 2018, 12:28h
Por Orlando Zamora.- Cuando el Gobierno dice que vende oro en realidad coloca deuda en papeles, cuando proclama libertad cambiaria en la practica la niega bajo un vertical estatuto.

Por Orlando Zamora.- El Convenio Cambiario No.1 es un documento exhaustivo que desborda su alcance legal. El de establecer los principios amplios del régimen cambiario: mecanismo de formación de precio, la definición del derecho de propiedad y de acumulación legitima de divisas por parte de bancos, ciudadanos y empresas.



Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Por Orlando Zamora.- Este Convenio suscrito por el ministro de Finanzas, Simón Zerpa, y el presidente del Banco Central de Venezuela, Calixto Ortega Sánchez, es de hecho un extenso reglamento que recoge en sí mismo el funcionamiento del control de cambio, enmascarado en libre convertibilidad sin restricción alguna, amparado en que el precio fluctúa bajo un cuestionado mecanismo de subastas diarias.

Para ello el Estado canceló 39 convenios y decenas de providencias cambiarias. Actualiza algunos postulados de control que limitan la tenencia de medios de pago internacionales y diseña en un solo documento de 89 artículos una normativa que excede el rol del Estado. Busca concentrar y colocar al servicio del mismo las escasas divisas disponibles.



Cómo se condiciona la formación del precio

Aunque flexibiliza e introduce cambios importantes, no cede en su afán de incidir en la formación final del tipo de cambio. Reedita el mecanismo de subastas. El artículo 18 del Convenio establece  que “el BCV cruzará las ofertas con las mejores cotizaciones de demanda”.

Esto lo concreta en el llamado Sistema de Mercado Cambiario, que posiblemente opere bajo las siglas Simeca, que actualiza el nombre del Dicom (divisas complementarias). El Simeca es un sistema automatizado que incorpora a los operadores cambiarios, bancos universales y otros posibles, entes que “no conocerán las cotizaciones de oferta y demanda hasta el cruce del proceso de pacto”. Reza el artículo 11.

Las subastas, aunque se diga que operan sin restricción alguna, obedecen a un algoritmo operativo, con amplia discrecionalidad.

El sistema financiero nacional no podrá comprar ni divisas ni bonos en moneda extranjera

El artículo 14 indica que “los bancos, aseguradoras y operadores de mercados de valores no podrán ofertar para la compra de divisas”. Es decir, los tres mercados financieros que integran el sistema financiero nacional, no pueden tener posiciones propias, manejadas con autonomía como lo hicieron hasta el año 2002. No pueden acumular dólares. Factor que destruyó la economía nacional.

El artículo 20 lo define: “Todas las divisas adquiridas por la banca deben ser ofertadas al mercado” (Simeca).

Las instituciones de sistema financiero “no pueden ser clientes demandantes de títulos-valores”, adquiridos en bolívares, pero, denominados en moneda extranjera (artículo 27). Quieren prevenir o evitar las modalidades del dólar-permuta, mutuos con títulos, etc. No pueden retener bonos, sino en forma transitoria

El Ministerio de Finanzas y el BCV fijarán límites de montos para la venta de divisas, como lo expresa el artículo 24 del citado Convenio.



El BCV recupera parte del poder operativo con injerencia de Finanzas

Pese a que, en semanas pasadas, el Ejecutivo indicó que no intervendría con recursos propios en las subastas realizadas, ahora con el nuevo Convenio el BCV se reserva la facultad de comprar y vender moneda extranjera, dependiendo de sus disponibilidades y nivel de sus reservas internacionales en el Simeca. Esto indica que no renuncia a suministrar o intervenir con recursos suyos para influir en el desempeño del referido mercado. Esto por supuesto no es del todo negativo.

El BCV regresa al papel de centralizador de las divisas del sector público, todas las empresas del Estado, con PDVSA a la cabeza, deben venderle al ente emisor las divisas que perciban en un plazo constante de 72 horas. Y desacumularlas todas en 60 días.

Lo de PDVSA es para enmendar el grave daño del “millardito de Chávez”, quién obligó a modificar la ley del BCV en 2005, para extraerle más de 64.000 millones de dólares sin explicación alguna de su destino final, destruyendo de paso el mercado cambiario venezolano y la adecuada administración de las reservas internacionales en divisas.

Si algo revela la centralización de divisas en el BCV es su enorme escasez y las limitadas posibilidades de obtenerlas por las exportaciones de hidrocarburos. Por ello el Convenio impone distintas alternativas para procurarle divisas a la autoridad monetaria:



  • Los operadores de organismos internacionales, diplomáticos, deben vender sus divisas al BCV o ser autorizados a acudir al Simeca (artículo 37).
  • Centralización cambiaria del sector público, venta obligatoria al BCV (artículo 39).
  • Ahora el BCV le venderá divisas a Bandes, Fonden, Bancoex (artículo 48).
  • Los exportadores y sector turismo deben vender al BCV el 20% y 75% de las divisas captadas a turistas por operadores cambiarios (artículos 57, 75 y 69).
  • El BCV podrá adquirir excedentes de ofertas de monedas extranjeras que por términos de la misma o volumen de demanda no puedan pactarse (artículo 10).

Dudas sobre la confiabilidad y libertad operativa

A pesar de que el artículo 32 del Convenio permite realizar en cuentas abiertas en bancos nacionales depósitos en efectivo en divisas alimentadas con fuentes de recursos externos e internos existe suspicacia, no de ahora, desde atrás cuando se habilitaron.

Pareciera que son muy controladas al establecer procedimientos expeditos para operar con ellas, como transferir girando contra los bancos corresponsales del banco intermediario, al igual de movilizar pagos hacia el exterior a través de instrucciones de débitos para pagar consumos externos. Hace 16 años los procedimientos eran más ágiles y sin tantos requisitos de control.



Andamiaje de controles que impide la plena libertad cambiaria

Siguen los controles como: mecanismos autárquicos de anclaje cambiario (petro), controles bancarios de flujos de bolívares girados desde el exterior, persecución de la venta al detal del oro, encajes sobre excedentes de fondos, ventas de lingoticos para desanimar la adquisición de dólares. Y unos gravísimos desequilibrios macroeconómicos muy mal abordados y pésimamente atendidos.

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