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Estas son las opciones de Maduro con el préstamo chino

lunes 17 de septiembre de 2018, 08:00h
Por José Manuel Rotondaro.- Pocas veces se ve a un jefe de Estado desplazarse a otro país para cerrar una negociación de endeudamiento. Y menos aún que su sustituto constitucional, la Vicepresidenta lo acompañe, dejando acéfalo el Poder Ejecutivo de la Nación. Pero Venezuela hoy en día es una Nación donde lo excepcional es común.
Maduro tiene un problema: no le alcanza el dinero / Foto: Ministerio de la Presidencia de Venezuela
Maduro tiene un problema: no le alcanza el dinero / Foto: Ministerio de la Presidencia de Venezuela

El monto del préstamo obtenido, 5.000 millones de dólares, no es particularmente elevado, ni en monto (Argentina emitió bonos por 9.000 millones en enero) ni en términos del tamaño de la economía (Etiopía hizo la primera emisión de bonos de su historia el año pasado con una proporción respecto al PIB similar).

Pero sin duda haber obtenido el préstamo es, para el Gobierno, un logro significativo al tener casi todas las ventanillas de financiamiento cerradas.

Hay muchos aspectos que no se conocen del préstamo, por lo que es imposible analizar su impacto en las finanzas públicas futuras. En el corto plazo la pregunta es ¿Cómo usará el Gobierno esos recursos? El Gobierno, para variar, ha guardado silencio al respecto.

Lo que resta es explorar distintas posibilidades, no excluyentes entre sí. Esto requiere intentar delinear a grandes rasgos la situación financiera del Estado.

El punto de arranque

La premisa principal es que los fondos chinos serán recibidos en dinero de libre disposición. En el pasado reciente, el país ha recibido préstamos chinos sin disponibilidad real, bien atados a la compra de bienes de ese país o sujetos a otras restricciones.

Suponiendo que 50% de los 20 millones de venezolanos cubiertos por el CLAP son adultos, las erogaciones por el CLAP mensuales deberían ser superiores 1.000 millones de dólares.

La capacidad financiera del Gobierno depende de su única fuente real de divisas: los ingresos netos de PDVSA. Con los niveles de producción reportados, descontando lo que puede procesar para el consumo interno, el volumen de exportación de crudo no debe superar 900 mil barriles diarios. El precio de la cesta venezolana, según el Gobierno, está rondando 70 dólares por barril. Esto se traduce en ingresos brutos de 23.000 millones de dólares al año.

Deduciendo los costos de operación, lo que PDVSA debe entregar a las operadoras externas, las entregas con precios y plazos de pago preferenciales y las importaciones de productos terminados, PDVSA estaría a lo sumo en capacidad de entregar al Gobierno 15.00 millones de dólares anuales, es decir 1.250 millones mensuales.

Por el lado de las necesidades, el Gobierno necesita garantizar su capacidad para importar productos básicos tanto para el sistema de distribución CLAP como para abastecer la red comercial que controla. ¿Cuánto hace falta para esto? De acuerdo con encuestas independientes, cerca del 70% de los hogares venezolanos son beneficiarios del CLAP. Es decir, que este programa atiende a más de 20 millones de personas.

¿Cuántos dólares en bienes básicos requiere una persona mensualmente? Difícil saberlo a ciencia cierta pero el Banco Mundial usa como límite para definir pobreza un nivel de ingresos de 3,5 dólares por día para cada adulto en un hogar en la región (en otras es más bajo). Son conceptos diferentes, pero sirve como indicador del nivel objetivo al que debería apuntar un gobierno que quiere que su población disponga de un nivel mínimo de bienes. Suponiendo que 50% de los 20 millones de venezolanos cubiertos por el CLAP son adultos, las erogaciones por el CLAP mensuales deberían ser superiores 1.000 millones de dólares.

Claramente, con lo que el Gobierno pudiese en el mejor de los casos de PDVSA, no le alcanza para satisfacer las necesidades mínimas deseables del programa CLAP y todas las demás necesidades de divisas del Estado. Esto nos lleva a revisar las opciones:

Primera: Cubrir las importaciones de bienes

El Gobierno puede optar por gastar los recursos recibidos de China en importaciones de alimentos y otros bienes, permitiéndole así usar lo que reciba de PDVSA para otros gastos. Pero eso sólo le alcanzará hasta fin de año. ¿Y luego qué? ¿Otro préstamo?Los gastos para los Clap comen mucho dinero. / Foto: Correodelorinoco

Si la deficiencia en la producción nacional de alimentos y otros bienes básicos fuera producto de una catástrofe natural o un incidente pasajero, pudiera tener sentido destinar un préstamo a mitigar las consecuencias sobre la oferta doméstica, mientras la industria nacional recupera su capacidad de producción. Pero lo que está ocurriendo en Venezuela difícilmente se revertirá en el corto plazo, al menos si no hay un cambio radical en las políticas públicas frente al sector privado.

Segunda: Usar los fondos para alimentar el mercado cambiario

Algunos lectores esperanzados quizás desearían que el BCV, con sus reservas fortalecidas, pase a jugar el rol activo en el mercado cambiario que le ha sido tradicional. Así se podría concretar los engañosos anuncios de libre convertibilidad de días pasados. Sin un suministro fuerte del BCV, al menos inicialmente, un eventual mercado cambiario libre no va a arrancar con buen pie.

En circunstancias en las que bajo control de cambios, la tasa de la divisa no oficial se aleja significativamente de su nivel “natural”, una apertura con fuerte oferta del Banco Central pudiera traducirse en crear una tendencia hacia la baja del precio de arranque de la divisa hasta converger con una tasa de cambio más a tono con las variables macroeconómicas.

Antes de la llegada del chavismo al poder, el mercado venezolano movilizaba cerca de 80 millones de dólares diarios, con cerca de la mitad de ese monto ofrecido por el BCV. Bajo Cadivi, el suministro de divisas del BCV al mercado aumentó a más de 200 millones de dólares diarios en ciertas épocas.

¿Serían suficientes 5.000 millones de dólares para hacer retroceder el tipo de cambio? No, mientras persista el modelo de financiamiento del déficit público. A lo sumo alcanzaría para mantener la cotización por unas semanas, pero con la incesante creación de bolívares inorgánicos por el BCV, la presión de demanda será insostenible.

Tercera: Pagar los atrasos de deuda

El Gobierno puede optar por gastar los recursos recibidos de China en importaciones de alimentos y otros bienes, permitiéndole así usar lo que reciba de PDVSA para otros gastos. Pero eso sólo le alcanzará hasta fin de año. ¿Y luego qué? ¿Otro préstamo?

El Gobierno pudiera intentar usar lo recibido de China como un préstamo “puente” que le permita ponerse al día con los pagos vencidos de la deuda externa. Nuevamente, en teoría, esto pudiera ser un uso inteligente si los fondos fuesen suficientes y, lo más importante, esos pagos le permitiesen al Gobierno contratar nueva deuda en los mercados en condiciones aceptable. Esto último es lo más difícil. Por una parte las sanciones de los EE.UU. impiden emitir deuda en ese mercado, y por extensión bloquea la demanda de todos los que realizan operaciones en dólares.

Pero aún en el caso de que las sanciones fueran suspendidas, el perfil de riesgo de Venezuela, aún poniéndose al día, no habría mejorado. Sólo habría sustituido un acreedor (los tenedores de bono) por otro (China). Este último, además, puede haber recibido garantías reales que desmejoran la capacidad de pago de Venezuela frente a hipotéticos futuros acreedores.

Cuarta: invertir en PDVSA para recuperar la producción

Esta sería la opción recomendada, si no fuera por la apremiantes necesidades antes expuestas. Restituir la capacidad de producción a 2 o 3 millones de barriles diarios, así como la de refinación para al menos abastecer de gasolina al mercado interno, luce como la forma más inteligente para mejorar el futuro financiero del Estado y del país.

¿Cuánto requiere PDVSA para estos fines? Han salido publicadas diferentes estimaciones de los montos de inversión requeridos, rondando en promedio 30.000 millones de dólares a lo largo de 3 años. En otras palabras, aún destinando lo recibido para estos fines, más otros recursos que PDVSA anunció que obtuvo en China (no más de 200 millones de dólares), aún haría falta que la empresa petrolera recortara significativamente lo que entrega al fisco.

Esto no luce factible en el corto plazo, por lo que aún en este escenario, la recuperación de la capacidad de exportación no será tan rápida como sería deseable, con el agravante que PDVSA pudiese encontrarse al término de los tres años con un producción sin mercado o con precios mucho menores a los actuales.

Conclusión

Cualquiera que sea la decisión del Gobierno respecto al uso de los fondos obtenidos en China, combinación de estas opciones u optar por una sola, el impacto será insuficiente y no detendrá el acelerado deterioro de las condiciones de vida del venezolano.

Más bien, no debe sorprender que las condiciones exigidas por el gobierno de Beijing para este salvavidas financiero hayan comprometido el futuro económico nacional.