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Maduro convirtió a Venezuela en un campo petrolero y minero al servicio de China

miércoles 19 de septiembre de 2018, 19:00h

Por Orlando Zamora.- PDVSA nunca estuvo en tan precaria situación. En agosto volvió a descender la producción en 21.000 barriles diarios de petróleo, de acuerdo con la OPEP. El nuevo régimen cambiario la obliga a ceder en 3 días las divisas al BCV. Opera sólo la mitad de los taladros con respecto al año 2000. Rusia y China tienen la mitad de los desarrollos de la Faja del Orinoco. Pero es de China que vamos a hablar.

Maduro se cuadra con China para sobrevivir en el poder.
Maduro se cuadra con China para sobrevivir en el poder.

Cómo PDVSA podrá entonces cumplir con entregas diarias de un millón de barriles a la China y ser parte activa de un supuesto fondo conjunto con la segunda economía del mundo por 5.000 millones de dólares.

La respuesta es colocando en manos chinas la rectoría del negocio petrolero venezolano y también darle las mayores concesiones otorgadas a país alguno en los 111.844 KM2 del Arco Minero del Orinoco con sus 7.000 toneladas de reservas de oro, cobre, coltán, diamantes. También dándole acceso al negocio gasifico.

China no quiere ni domina el manejo de la infraestructura productiva tanto petrolera ni minera gestionada por el Estado venezolano, pero más de 16 convenios suscritos, más deudas abiertas pendientes por 45.000 millones de dólares, le dan la potestad de exigir de Venezuela un millón diario de barriles de petróleo y contraprestaciones mineras. Todos son convenios desconocidos por el pueblo dada la opacidad de los mismos.

Más del 67% de la producción de hidrocarburos de la Nación debe ser trasferida diariamente al gigante asiático. Esto si el país es capaz de aumentar su producción en 300.000 barriles diarios, de lo contrario un 85% de lo producido irá con destino a puertos chinos.

Más del 67% de la producción de hidrocarburos de la Nación debe ser trasferida diariamente al gigante asiático. Esto si el país es capaz de aumentar su producción en 300.000 barriles diarios, de lo contrario un 85% de lo producido irá con destino a puertos chinos.

Los asiáticos son totalmente renuentes a involucrarse con los factores de producción internos, sólo persiguen garantizar la recuperación productiva de PDVSA para asegurarse la recepción oportuna de la abrumadora cuota que le asignó al gobierno venezolano, que pasa a convertirse en su mayor abastecedor del llamado oro negro.

La trascendencia estratégica de los últimos acuerdos pone a Venezuela en condiciones muy desventajosas porque coloca a la China en posición de exigir desde un tipo de cambio competitivo hasta la prioridad de atender las necesidades chinas muy por encima de otras semejantes y ser consultado en temas petroleros estratégicos.

Los asiáticos reclaman que no sólo pagan en flujos corrientes el petróleo que reciben a futuro, sino que también son los inversionistas principales en su co-participación de negocios con la maltrecha PDVSA.

Qué le interesa a China

La injerencia china en la explotación de gas, valiosísimo negocio potencial de la República, muy desordenamente manejado hasta ahora, es también de interés vital para los chinos. Los proyectos de Occidente, Oriente y la zona Deltana están a medio camino y pueden ser rescatados.

El aporte del 9,95 de la participación accionaria de la empresa mixta Sinovensa es de apenas unos centenares de millones de dólares, el resto del paquete de los 5.000 millones de dólares es un perfecto misterio.

A China no le interesa la propiedad de parte de la infraestructura de PDVSA sino los derechos de explotación de enclaves mineros y libertad de negocios sobre siete contratos de servicios otorgadas por el régimen al margen de la Constitución, sin que procediera licitación alguna.

La pregunta es ¿Qué concesiones y derechos se le otorgaron a la China que respaldan el grueso de los 5.000 millones comprometidos?, siendo gran parte de ellos supuestamente dirigidos al mejoramiento de la industria y producción de nuestros hidrocarburos.