konzapata.com

La comilona de Nicolás Maduro como espectáculo del poder

viernes 21 de septiembre de 2018, 21:08h
Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- La soledad del mafioso está vinculada a situaciones de alerta y temor. Maduro le teme a algo: Ello explicaría la comida como espectáculo en vivo y en directo. No debe haber dudas sobre lo que se come. Sin secretos de la casa, con brasa visible y carne poco condimentada. El restaurant vacío, sólo los actores y guarda espaldas.
Foto: Flickr
Foto: Flickr

La filosofía moral enseña que las buenas acciones no requieren justificación. Exactamente al revés de las otras, las malas, siempre requeridas de una muleta para sostener su razón de ser. Si no hubiesen saqueado el país, hasta se podría justificar que Nicolás Maduro y la Primera Combatiente, viajen a China en su cuarta luna de miel. El gentil hombre podría obsequiar a su bien amada con un atracón de punta trasera y buen vino, como homenaje a la unidad familiar. He allí la justificación. Pero sin duda, no es el caso de esta pareja presidencial. Su injustificable proceder, desborda los linderos del desparpajo, hasta el punto de atizar el morbo de la curiosidad y despiertan el asco moral que parecía ya agotado en nuestra maltrecha conciencia social.

1.- Buscando respuestas

¿Obsequio propagandístico de un carnicero bailarín? ¿Ofrenda Amorosa frente a nuevos votos y una renovada castidad? ¿O simple descuido frente a la acción de algún paparazzi oficial? Por lo pronto, los venezolanos estamos seguros que lo de Maduro y Señora no es platónico. Aunque eso parece, a juzgar por los rutilantes platillos en exhibición. Justamente, Platón en uno de sus diálogos más conocidos, El Banquete, diserta sobre el amor. Pero los comensales en ese diálogo no hacen el elogio de la gula ni la vanidad, no disertan sobre el oro ni sobre los fulgores con oscuro proceder. ¿Cuál puede ser entonces, el sentido del boato exultante frente a la miseria dejada en el país?

Tal vez no sea descabellado procurar entender a nuestra clase política en el poder, releyendo El Padrino de Mario Puzo en lugar de estudiar a Norberto Bobbio y su vasta obra.

No por evidente el hecho, es obvia la verdad. Pero si de justificaciones se trata, nada como una Última Cena. No hacen falta preciosismos astronómicos cuando los gastronómicos ya nos han colmado. De modo que, hasta podría ser un último almuerzo, con tal de que fuese su capítulo final. Y es que Maduro nos ha llevado al hartazgo en medio de la inanición. Por ello los venezolanos habrían preferido una Ultima Cena, aunque sin Jesús de Nazaret ni cuadros de Leonardo da Vinci. Suficiente con un Judas con vocación imperial, para que lo venda a la Corte Internacional. Una última comilona se podría conceder y justificar. No importaría la gula ni cualquier otro pecado capital. Con tal se produzca la ansiada ¡última! oportunidad.

2.- La Soledad de los comensales

Para Cicerón, historiador romano, el placer en un banquete, no lo determina “la abundancia de los manjares sino la reunión de los amigos y su conversación”. Ergo, es poco probable que Marco Tulio Cicerónacudiese a un festín para hacerse acompañar con un carnicero turco capaz de picar la carne como reguetonero en perreo. Obviamente Maduro no estaba allí para dialogar. Con Cilia ya todo está dicho. Alguien podría argumentar: ¡Barriga hambrienta no tiene oídos! Y mucho menos permite diálogos. Lo cual no hace sino probar la gran soledad de la pareja de comensales. Algo está mal si alguien va de gira por la China y debe parar en Turquía para matar el hambre, imposible que los amarillos no le hayan obsequiado alguna lumpia.

3.- Simbología del atracón

No por casualidad el hombre es el único animal que cocina. Mientras Animal Planet no muestre algún chimpancé preparando un estofado, habrá que admitirlo. Pero esto nos obliga a pensar en la complejidad simbólica que bordea la culinaria. El hombre, animal simbólico le atribuye diversos significados al mismo hecho. Ha de ser por ello que la parrillada de Maduro suscitó tan diversos como extravagantes comentarios. Cualquiera haya sido el cálculo inicial y las motivaciones de la tierna pareja, algo salta a la vista: los efectos se salieron de madre y hasta los propios partidarios sufrieron dentera. A nuestro juicio dos aspectos resaltan en la hojarasca simbólica desbordada:

a.- El primero es la chocante gula y ostentación de Maduro y su consorte frente a un país que se muestra al mundo padeciendo hambre y ruina. La aberración así proyectada, ha debido causar escozor hasta en el chavismo más convencido. Para su fortuna tienen mecanismos de bloqueo una vez hecho el inventario de los daños causados. Pero no sería nada extraño que hasta su amigo el pastor Javier Bertucci, haya sentido un latigazo bíblico del tipo: “no estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne; porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir vestidos rotos.”(Proverbios 23:20-21). Con un poco de picardía política se puede llegar a la herejía de cambiar el sentido de la sentencia bíblica: “No estés con los bebedores de vino y comedores de carne del video, porque esos comilones fueron los que te llevaron a usar vestidos rotos”. Vox populi, vox dei.

b.- La segunda interpretación simbólica nos conduce a recordar la importancia atribuida por las mafias a la culinaria. Y es que la actuación de la pareja presidencial mostró los elementos típicos del boato mafioso: por allí se cuela la intención inicial del video. Concebido para mostrarse entre sus iguales, poderoso, ostentoso. En la mesa con su séquito de serviles. Patriarca del trópico cerca del Mediterráneo. Con su gran barriga, muestra el dominio pleno de aquel país que según las malas lenguas, podría estallar en rebeldía. Eso es mentira, ¡Hasta me da tiempo de disfrutar la comida! En la Turquía de Erdogan se come mejor el platillo del gobierno perpetuo, con guarniciones de constitución, a gusto del tirano. Pero decían los romanos que las comidas abundantes embotan la inteligencia. Algo que Maduro no digiere muy bien. Por ello el video se salió de madre al mostrarlo muy sólo, sin invitación oficial, pagando una factura que no impidió lucir como lo que es: recién vestido y orillero.

La pasión turca de Nicolás Maduro y Cilia Flores indigna a Venezuela

Una jugosa costilla, el show del chef Nusret Gökçe, un cajón de habanos… “Esto es una vez en la vida, ¿verdad?”, le dijo el presidente a su esposa mientas disfrutaban del banquete en el Salt Bae de Estambul.

Leer más

4.- El temor de Maduro

Tal vez no sea descabellado procurar entender a nuestra clase política en el poder, releyendo El Padrino de Mario Puzo en lugar de estudiar a Norberto Bobbio y su vasta obra. En el libro “La mafia se sienta en la Mesa”, Jacques Kermoal y Martine Bartolomei muestran las insólitas relaciones entre el comer y las prácticas de la mafia. En sus crónicas de los siglos XIX y XX, estos autores describen las costumbres y mensajes cifrados en olores, colores y sabores. Por la mesa de los mafiosos estuvieron personajes como Garibaldi, Mussolini y Frank Sinatra. ¡Oh, casualidad! El populismo y la mafia se emparentan. ¿De dónde puede haber surgido una frase tan inquietante como la que enseña: “La venganza es un plato que se come frío”? (La vendetta e un piatto che si mangia freddo). Kermoal y Bartolomei probablemente no habrían asociado los pecados de la carne con Cilia, pero tal vez se preguntarían por la soledad de la pareja.

La soledad del mafioso está vinculada a situaciones de alerta y temor. Maduro le teme a algo: Ello explicaría la comida como espectáculo en vivo y en directo. No debe haber dudas sobre lo que se come. Sin secretos de la casa, con brasa visible y carne poco condimentada. El restaurant vacío, sólo los actores y guarda espaldas. Las mafias del trópico revelaron sus secretos a Fidel Castro. Los cubanos acuñaron la expresión “meterle miedo al susto.” Otra casualidad. El patriarca que se exhibe poderoso, ostentoso y barrigón, sólo procuraba espantar sus miedos, como quien silba al pasar por un cementerio, como quien confunde bejuco con culebra y palometa con drone.