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Las sanciones ya no dejan hueso sano en el poder

miércoles 26 de septiembre de 2018, 16:01h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- No hay un operador que conozca al equivalente de Thomas Shannon en la administración de Donald Trump. Citgo ya no es lo que era tampoco. No hay un operador, además, que conozca el tema petrolero, pues la ventaja de Bernardo Alvarez es que el petróleo no le era ajeno. ¿Quién lo reemplazará?, nos preguntábamos a su muerte, y ya se ve: Nadie. Nadie lo reemplazó. No pudo Maduro colocar una ficha en Washington que hiciera el trabajo. Que apaciguara la furia de las sanciones. O al menos, que en la opinión pública se vertiera la versión chavista. Todo quedó huérfano en el imperio.
Bernardo Alvarez abría puertas en los Estados Unidos / Foto: Alba ciudad
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Bernardo Alvarez abría puertas en los Estados Unidos / Foto: Alba ciudad

Ya no queda gente que no esté sancionada. El alto poder chavista. El alto poder madurista. El entorno de Nicolás Maduro. De alguna u otra manera las sanciones han afectado a las figuras más relevantes. Bien por violación de derechos humanos. Bien por corrupción. O narcotráfico. O lavado de activos. Bien porque el régimen político derivó hacia una dictadura. En perspectiva, es un poder en la mira. De Estados Unidos. De Europa. De Canadá. De América Latina. Es un poder con el que los bancos no pretenden relaciones. Incluso, el propio gobierno de Maduro sanciona a otros chavistas cuando investiga y solicita la extradición, por ejemplo, del ex Zar de PDVSA, Rafael Ramírez, o de la ex enfermera de Hugo Chávez. Así, los enemigos sancionan al régimen y a las figuras clave, y el régimen también sanciona a sus adversarios internos, pues coloca en evidencia lo que otros países y otros organismos le atribuyen a él mismo, a ellos mismos que se mantienen en el poder.

Por estos días, en una cena, volvieron a recordar a Bernardo Alvarez. El que fuera el embajador de Venezuela en Washington en tiempos de Hugo Chávez. El hombre del chavismo en Washington, decían quienes lo conocían y estaban atentos a los pasos que ejecutaba. Era un operador eficiente. Y por eso lo recordaban. Porque desde que murió a finales de 2016, el gobierno de Maduro y el chavismo en general perdieron el norte allá en el Norte, en los Estados Unidos, donde el lobby es intenso, donde hay que moverse tras objetivos como, por ejemplo, evitar sanciones, o al menos retrasarlas, o al menos disminuir el impacto en la opinión pública.

Por estos días, en una cena, volvieron a recordar a Bernardo Alvarez. El que fuera el embajador de Venezuela en Washington en tiempos de Hugo Chávez. El hombre del chavismo en Washington, decían quienes lo conocían y estaban atentos a los pasos que ejecutaba.

Bernardo Alvarez no era solo un embajador. Ya lo decíamos en noviembre de 2016, que iba a quedar un vacío. Y quedó. Lo curioso, recordaban en la cena, es por qué Maduro, que era el canciller de Chávez, no aprendió de las operaciones del ex embajador. Alvarez hacía acopio del lobby de la Calle K de Washington. Estaba pendiente de las universidades públicas, usualmente desasistidas por los gobiernos de los Estados Unidos. Hasta allí llegaba el brazo largo de Citgo. Que apoyaba causas. Y de esas causas derivaba que hubiera profesores, intelectuales, hablando bien del chavismo y de Chávez en los medios. Bernardo Alvarez armó la operación que acercó estrellas de Hollywood al Palacio de Miraflores. Y hablaban bien del chavismo y de Chávez. Bernardo Alvarez, había levantado un inventario de causas sociales a las que era posible apoyar; dónde faltaba el gas, y dónde la calefacción; por qué se quejaban los pobres. Hasta allá llegaba la ayuda. Y en respuesta, aparecía gente hablando bien del chavismo y de Chávez. Hoy esto no ocurre.

No hay un operador que conozca al equivalente de Thomas Shannon en la administración de Donald Trump. Citgo ya no es lo que era tampoco. No hay un operador, además, que conozca el tema petrolero, pues la ventaja de Bernardo Alvarez es que el petróleo no le era ajeno. ¿Quién lo reemplazará?, nos preguntábamos a su muerte, y ya se ve: Nadie. Nadie lo reemplazó. No pudo Maduro colocar una ficha en Washington que hiciera el trabajo. Que apaciguara la furia de las sanciones. O al menos, que en la opinión pública se vertiera la versión chavista. Todo quedó huérfano en el imperio.

Era amigo de Thomas Shannon. Era amigo de los presidentes de las petroleras estadounidenses y de otros países con intereses en Venezuela.

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El propio Maduro reconoció en el funeral que Bernardo Alvarez tocaba puertas, y las tocaba y las abría, por muy cerradas que estuvieran. Por ello es que sabiendo todo esto, en la cena, ese grupo de personas vinculado a cierto lobby de Washington, no entendían cómo Maduro descuidó un flanco tan importante. Ahora ya no queda hueso sano en el poder. Las sanciones suman.