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Estas son algunas de las peleas del chavismo que no pueden pasar desapercibidas

jueves 04 de octubre de 2018, 20:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Hay debates en el chavismo que no pueden pasar desapercibidos. Hay guerras intestinas que generan mayor eco y otras que no. Sin llegar a terremotos políticos, unas y otras mueven el piso y confirman aspectos que ya estaban al descubierto.
Elías Jaua critica la corrupción y la burocracia autoritaria / Foto: Sputnik
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Elías Jaua critica la corrupción y la burocracia autoritaria / Foto: Sputnik

El ex ministro Elías Jaua, por ejemplo, elabora un documento y lo que propone no cae bien y es ignorado en la Asamblea Nacional Constituyente. Después Jaua sale del ministerio de Educación. Primer punto.

El segundo compete a Rafael Ramírez y a Diosdado Cabello. Tanto provocó Ramírez a Cabello que este tuvo que responderle con un dardo para que lo dejara tranquilo. Como se sabe, Ramírez venía insistiendo en la oportunidad histórica que se le presentaba a Cabello desde la ANC para que se moviera, que hiciera algo que provocara el cambio de Nicolás Maduro en la presidencia de la República. Ya habíamos dicho que Cabello reaccionó de forma contraria a la esperada por Ramírez: con más poder para Maduro, tanto que Cabello fue el que anunció al término del IV Congreso del PSUV, que Maduro podía designar y disponer de todos los cargos. Entre ellos se repartieron el poder. Maduro presidente del PSUV con plenos poderes y Cabello Vicepresidente, también con poderes. Ahora, hasta aquí la presión de Ramírez sobre Cabello había tenido una respuesta política. Pero es que ante la sorpresa de Ramírez que entonces criticó a Cabello por lo hecho, este reaccionó con el dardo, con la ponzoña que lo caracteriza, y ahora se espera con qué replicará el ex Zar de PDVSA.

Pero Cabello no se queda allí y aborda un ataque múltiple con la intención, tal vez, de que Ramírez no lo provoque más. Que lo deje tranquilo, pues.

“Yo vi en estos días Rafael Ramírez atacándome a mí, qué tiene él que atacarme a mí si yo estoy aquí en Venezuela echándole bola con mi gente, con mi pueblo y él se fue de Venezuela, y limpio no se fue para que sepa el país, no te metas conmigo Rafael Ramírez”.

Aquí hay mucho. Aquí hay bastante. Cabello quitándose de encima la presión y a lo que él define como ataque de Ramírez, responde a su vez con un ataque que Ramírez tal vez no se esperaba. El de la corrupción. Limpio no se fue Ramírez. Es lo que dice Cabello. Plata se llevó. Mucha plata. Los cálculos son infinitos. Eso siempre se ha dicho de la fortuna de Ramírez. Y el ataque de Cabello desborda lo esperado. Porque es Cabello, el segundo hombre del régimen. Es el presidente de la ANC. Con lo cual Cabello termina de despejar lo que es un secreto a voces: El dinero de Ramírez. Que es lo que viene investigando el fiscal General, Tarek William Saab.

Pero Cabello no se queda allí y aborda un ataque múltiple con la intención, tal vez, de que Ramírez no lo provoque más. Que lo deje tranquilo, pues. La respuesta va en varias direcciones. Está la coletilla de que Ramírez se fue y él, Cabello, se quedó en Venezuela. Este es un aspecto político. Como decir: Ya no cuentas en la lucha. Estás lejos. Tomaste el camino equivocado. Y para rematar, Cabello reveló que fue Hugo Chávez quien responsabilizó a Ramírez del fracaso de que PDVSA no alcanzara la meta de producción petrolera. Es Ramírez. No a otro el responsable. El era el presidente de PDVSA. De modo que Cabello intenta tumbar el discurso de Ramírez de la PDVSA exitosa que bajo su gestión le cumplió a Chávez y al país. Claro, Ramírez dirá que Cabello dice esto porque le interesa defender a la actual PDVSA donde los grupos se repartieron el poder, incluyendo el grupo de Cabello.

Diosdado Cabello ahora esperará por la respuesta de Ramírez / Foto: Wikimedia

El tercer punto vuelve a Jaua. Porque Jaua en el documento habla del cáncer de la corrupción. Un cáncer que se salió de control. Una corrupción de mafias que, además, reconoce, “son las ejecutoras directas de la guerra económica”. Aquí a la vez de enjuiciar el problema de la corrupción, tumba el discurso de que la guerra económica es autora del enemigo externo. El juicio de Jaua apunta a todo el entramado. Porque si Cabello lo dice de Ramírez ya Ramírez venía cuestionando en los artículos que publica los domingos, el porqué ese empecinamiento de investigar solo la corrupción en PDVSA cuando había que averiguar lo que pasó en Cadivi, por ejemplo, y el Seniat, y en Cadivi estaba Manuel Barroso, amigo y aliado de Cabello y en el Seniat, el hermano de Cabello. O sea, mucho aguantó Cabello para responderle a Ramírez, y mucho aguantó Jaua para escribir del cáncer de la corrupción.

El cuarto punto también compete a todos. A Jaua. A Cabello. A Maduro. A Ramírez. Porque después de la entronización de los cargos en el PSUV, este otro asunto adquirió mayor notoriedad. Es el planteamiento de Jaua de que todos los cargos debían elegirse por elección directa, secreta y universal. Y fue lo que evitaron Maduro y Cabello. Y es lo que criticó Ramírez a Cabello y a Maduro. Y es lo que ha quedado en el ambiente. Elecciones bajo un “riguroso reglamento”, pedía Jaua. Y en respuesta, recibió un esquema contrario.

Transcurre el tiempo y el poder de Maduro y Cabello se hace firme dentro del PSUV, el Gobierno, el Estado, las instituciones y el país. A Jaua lo sacaron del Gobierno. Por proponer. Por cuestionar. Jaua que tanto ayudó a Maduro para que Chávez lo escogiera sucesor. Jaua que es de las cabezas mejor estructuradas en el chavismo.

También el Gobierno se consolida ante el país. Lo confirman las encuestas. Y ante el país porque del lado opositor no hay unidad en la dirigencia, y al no haberla, tampoco hay unidad de línea ni de propósito ni de plan ni estrategia.

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Y, sin embargo, los males que diagnostica Jaua en el documento –burocratismo autoritario, corrupción, fallas en el modelo económico, falta de democracia interna- se agudizan con los días.

Lo cierto es que hay pelas grupales. Y hay un debate interno. Hay una confrontación interna. Hasta ahora administrada para que las ligaduras de la unidad chavista no se desaten. Y eso que no entramos en detalles con la propuesta del ministro Wilmar Castro Soteldo de propiciar una burguesía revolucionaria dentro del proceso. Y menos mal que no se le ocurrió señalar "boliburguesía revolucionaria".