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Ellos prometieron el hombre nuevo, el fiscal nuevo, el ministro nuevo, ¿y qué trajeron?

jueves 11 de octubre de 2018, 21:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Ellos prometieron la justicia. Y prometieron la transparencia. Y prometieron la imparcialidad. Y prometieron un modelo basado en el humanismo. En el perdón. En la paz. En el amor. En la reconciliación.
Hugo Chávez hizo todo lo contrario de lo que prometió / Foto: Ciudadmerida.info
Hugo Chávez hizo todo lo contrario de lo que prometió / Foto: Ciudadmerida.info

Aquel que llegó al poder, y los llevó a todos al poder, prometió, en consecuencia, casi que la justicia divina para todos. Un país sin violencia. En el que se respetarían los derechos humanos. Donde ya no cabrían la tortura, ni la represión, ni la persecución. Porque, dijo él y repitieron ellos, se acercaba el tiempo nuevo de la democracia verdadera; no aquella del pasado, secuestrada, apuntaron, por los partidos, por los caudillos, por los líderes que habían traicionado al pueblo. Eso dijo y ellos lo repitieron. Lo vocearon en mítines. Lo vociferaron en cadenas nacionales. Lo gritaron por megáfonos. Lo escribieron en panfletos que repartieron por los campos y las ciudades.

Y dijeron que ese tiempo nuevo traería al hombre nuevo. Al policía nuevo. Al ministro nuevo. Al fiscal nuevo. Al mandatario nuevo. Que no ofenderían. Que no insultarían. Que no matarían. Pues escrito está, recordaron, que no matarás, no robarás, no mentirás, no odiarás, no levantarás la mano contra tu prójimo, no lo empujarás, no lo atropellarás, no lo expulsarás, no lo ahogarás, no lo lanzarás al vacío.

Y él se declaró seguidor de un profeta de la paz, y ellos de otros santos varones, pero ellos y él trajeron a los violentos del otro lado de la frontera, a los que practicaban el arte de la vacuna, del secuestro, la extorsión y la muerte.

Y él se declaró seguidor de un profeta de la paz, y ellos de otros santos varones, pero ellos y él trajeron a los violentos del otro lado de la frontera, a los que practicaban el arte de la vacuna, del secuestro, la extorsión y la muerte.

Y él machacaba el discurso de la vida, del planeta de la vida, de la tierra de la vida y para la vida, del aire y el agua para la vida, y él y ellos hundieron las manos en la tierra, escarbaron la tierra, removieron la tierra, destruyeron la tierra buscando el oro y las piedras y los minerales de la vergüenza.

Y juraron que la dicha sería suprema, y alcanzaría para todos en una patria nueva, una patria bonita, sin pobres, sin niños de la calle, sin hambre, sin pestes, sin ancianos desamparados y sin mujeres tristes. Hablaron de una patria plena de riquezas en el país más rico del mundo, una patria soberana sin factores externos en el timón de mando.Hablaron de una patria donde cabrían todos / Foto: Sputnik

Y hablaron de una república de ciudadanos conviviendo sin odios, sin rencores, sin divisiones. Una república orgullosa. Formada. Educada. Sin presos políticos. Sin hombres ni mujeres en el exilio. Una república libre, diferente a aquellas que expulsan en éxodo a los que en ellas viven.

Y dijeron que el tiempo sería eterno. Más allá del tiempo. Más allá del sol. Más allá de los planetas. Con un líder eterno. Libre de las corrupciones. Como ellos, impolutos. Abiertos al juicio público. Al escrutinio popular. Viviendo entre la gente. Dejándose ver y tocar. Queridos y amados. Hacedores del bien. Constructores de una nación potencia. Ejemplo para el mundo. Modelo para el mundo. Por el canto a la paz. A la vida. Al amor. Donde no habría espacio para la guerra, ni las armas, ni las bombas lacrimógenas, ni las protestas, ni las calumnias, ni el humo envenenado. Prometieron el reino. Prometieron un mar de felicidad. Prometieron un valle verde de mieles y leches habitado por hombres libres, sin cárceles, sin barrotes, sin dolores, sin motivos para el suicidio. Ningún suicidio.