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¿Por qué es tan difícil la unidad opositora en Venezuela?

lunes 15 de octubre de 2018, 16:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Lo primero que se logró en Chile fue la unidad. Y es lo primero que hay que alcanzar en Venezuela. La unidad es un reclamo no solo nacional sino también internacional. En Chile también la represión había castigado de manera severa a la oposición. Pero cuando llegó el momento de la verdad se venció al miedo, y se venció la desconfianza que afectaba a la dirigencia opositora. Así se logró la unidad de propósito que no era otro que derrotar a la dictadura.
 Pinochet no pudo con una oposición unida /  Foto: Wikipedia
Pinochet no pudo con una oposición unida / Foto: Wikipedia

Se vuelve hablar de diálogo en Venezuela. Desde España. Y desde Estados Unidos, que la carta está sobre la mesa del senador Bob Corker. Un enviado de Pedro Sánchez, Juan Pablo de Laiglesia, la semana pasada estuvo en Caracas. Fue también lo que hizo el senador republicano. En Europa la propuesta avanza. Al Vaticano le atrae la idea. Nunca ha sido descartada por el Papa Francisco. Mejor diálogo que violencia. Mejor diálogo que intervención militar. El diálogo estuvo en la agenda del presidente del gobierno de España en la reciente gira que lo llevó a Chile, Bolivia, Colombia y Costa Rica. Ahora Sánchez irá a Cuba. Y la agenda incluye el diálogo en Venezuela.

Hay sectores a los que no convence la propuesta de España de cambiar sanciones por diálogo. ¿Para qué dialogar? Significaría brindarle más tiempo al gobierno de Nicolás Maduro. ¿Pero es que acaso el gobierno de Maduro está por caer? “¿Diálogo, otra vez? ¿En serio? Esa maniobra de Maduro es reprochable e inaceptable. Repetir esquema de Dominicana es una afrenta a los muertos, torturados, presos y perseguidos dentro y fuera de Venezuela. Intervención humanitaria ya”, escribió Antonio Ledezma en su cuenta de Twitter. “Quienes desde aquí avalen esta burda maniobra para darle tiempo y oxígeno a Maduro y a su régimen criminal, no son oposición. Quienes desde afuera lo impulsen, no son nuestros aliados”, escribió por su parte María Corina Machado. En España y en Colombia también se levantaron voces contra la propuesta de La Moncloa. La posición de estos sectores consiste en que lo único que hay que negociar es la salida de Maduro. Es el mismo libreto de los últimos años. El que ya fracasó.

Sirve esta coyuntura para ser comparada con el Chile del plebiscito. El que perdió Augusto Pinochet. Hace 30 años. Y abrió el camino para el cambio. Y en Chile como en Venezuela, las posiciones estaban divididas.

Pero por allí asoma el proyecto de constitución de la Asamblea Nacional Constituyente de Nicolás Maduro. Es una coyuntura para derrotar a Maduro. Por supuesto, aquellos sectores, los opuestos al diálogo, también dirán: primero hay que salir del gobierno. En cambio, el secretario General de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, plantea lo contrario. Anda de gira. Y prepara el partido porque la opción es enfrentar a Maduro y derrotarlo, como se derrotó a Hugo Chávez en el referendo constitucional de 2007. No hay que quedarse de brazos cruzados, ha dicho Ramos Allup. Hay que aprovechar esta oportunidad, señala el expresidente de la Asamblea Nacional. El diálogo no sería para plantear un imposible, la salida de Maduro, sino con el fin de alcanzar condiciones electorales, al menos.

Sirve esta coyuntura para ser comparada con el Chile del plebiscito. El que perdió Augusto Pinochet. Hace 30 años. Y abrió el camino para el cambio. Y en Chile como en Venezuela, las posiciones estaban divididas. En participar o no participar. Y la oposición venía desgastándose en posturas que planteaban por un lado la lucha armada y la ruptura, frente al reformismo, frente a la necesidad de arriesgarse y votar, y con el voto convertir la mayoría social en mayoría política, que fue lo que se logró en Venezuela en 2015 con la victoria parlamentaria, la que dio la mayoría aplastante a la Mesa de la Unidad Democrática. Porque la oposición aún es mayoría. Y hay que demostrarlo, pese las trabas, pese al ventajismo. Y hay que estar convencidos de esta mayoría. ¿Por dónde comenzar?

Lo primero que se logró en Chile fue la unidad. Y es lo primero que hay que alcanzar en Venezuela. La unidad es un reclamo no solo nacional sino también internacional. En Chile también la represión había castigado de manera severa a la oposición. Pero cuando llegó el momento de la verdad se venció al miedo, y se venció la desconfianza que afectaba a la dirigencia opositora. Así se logró la unidad de propósito que no era otro que derrotar a la dictadura.

Al principio, participar era sinónimo de traición. “Inscripción es traición”, voceaban algunos sectores, según recordaba en estos días el expresidente Ricardo Lagos. Eran los partidarios de todo tipo de lucha. Pero había que jugar con las reglas del régimen. Con lo que se ha llamado la “legalidad autoritaria”. Entonces se inscribieron los partidos, y se llamó a los votantes a que se inscribieran en el registro electoral, y se les convenció de que era posible ganar, y la campaña fue una campaña mirando hacia el futuro, apostando por un tiempo nuevo y luminoso para dejar atrás la oscuridad de la dictadura. Fue una campaña por la recuperación de la alegría. “La alegría ya viene”, era el slogan de la Concertación.

Y ganó el No. Y ganó con ventaja. Y la victoria se proclamó antes de que Pinochet reconociera. Y los votos estaban en las actas que manejaba la oposición. ¿Y por qué? Porque se había unido y se había organizado. “Logramos la organización de todos los sectores políticos que al final entendieron que la unidad de los demócratas tenía que ser el reflejo de la expresión más profunda del pueblo chileno y su voluntad de vencer”, escribió Ricardo Lagos en El País de Madrid este viernes 5 de octubre. ¿Por qué no seguir el ejemplo de Chile? ¿Por qué no seguir el ejemplo de la Concertación? ¿Por qué es tan difícil la unidad opositora en Venezuela?