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Este es el libro que usa la ONU para documentar la masacre de Maduro a la resistencia venezolana

martes 23 de octubre de 2018, 19:00h
Por David Placer.- La obra 26 crímenes y una crónica ¿Quién mató a la resistencia en Venezuela? es utilizada por los organismos internacionales para investigar la peor ola represiva de los últimos 20 años. O sea, la de 2017 bajo el gobierno de Maduro.
Carleth Morales lloraba mientras escribía / Foto: @carlethpms ‏
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Carleth Morales lloraba mientras escribía / Foto: @carlethpms ‏

Los 158 asesinados en las calles de Venezuela en 2017 marcaron un hito en la historia reciente del chavismo. Antes de estas muertes, la lucha en la calle amenazaba de forma decidida al gobierno de Nicolás Maduro. Después, las calles se silenciaron y reinó el miedo.

La periodista venezolana Carleth Morales recoge, por primera vez, la crónica exhaustiva y los testimonios de los 122 días de batallas que conmocionaron Venezuela y que ofrece importantes revelaciones. El libro 26 crímenes y una crónica. Quién mató a la resistencia en Venezuela, que se vende en Amazon y en las principales librerías de Venezuela, también ha llegado a las librerías españolas este mes. Su autora explica el alcance de esta investigación, que no sólo detalla al milímetro cada día de las protestas, sino la memoria de quienes cayeron en el asfalto.

La obra ha llegado hasta las investigaciones de la ONU

-¿El subtítulo de tu libro “¿Quién mató a la resistencia en Venezuela?” es una pregunta obvia o puede haber asesinos desconocidos?

-La pregunta busca respuestas en varios escenarios. El primero plantea la necesidad de saber quién o quiénes mataron a las 158 personas que señalan las estadísticas extraoficiales como víctimas de las protestas de 2017, la mayoría jóvenes, muchachos asesinados por ejercer su derecho a la protesta. Y a partir de allí, el resto de escenarios hacia los que apunta la interrogante es, entre otros, a nosotros mismos. ¿Qué nos pasa? ¿No somos capaces de reaccionar? ¿Nuestra capacidad de enfrentarnos a este nefasto gobierno está muerta? Entonces, son desconocidos según para quién, porque hay quienes saben quiénes son pero no les conviene destaparlo. ¿Y sabes qué? El que accionó el arma, sabe que lo hizo, y eso debe pesarle en su conciencia cada noche. De eso estoy segura.

Hubo planificación, y de eso hallé todos los indicios, en la actuación de los cuerpos de seguridad del Estado y en el uso desproporcionado de la fuerza. Durante este periodo parece que las actuaciones hubiesen obedecido a un patrón sistemático.

-¿El país está paralizado por el miedo?

-Si hay algo que es tan cierto como que esos jóvenes están enterrados, es que nuestra inacción, producto también del miedo, los va a seguir matando, a ellos y a nosotros. Hay familiares que desconocen totalmente quién mató a sus hijos, hay familiares que saben el nombre pero jamás le han visto la cara, y hay quienes conocen el nombre y la cara, pero no saben quién fue el jefe que les dio la orden, o la mano que está detrás del juez que difiere las audiencias una y otra vez. Cada uno de los 158 crímenes tiene una cadena de asesinos detrás, el que accionó el arma, el que dio la orden y, a la postre, el que sigue dando la orden para que los expedientes se paralicen, así como el que ejecuta esas dilaciones procesales.

-Tras haber estudiado 26 asesinatos o muertes violentas en las protestas contra el régimen, ¿los muertos fueron fruto de la confrontación encendida en las calles o se puede concluir que hubo planificación?

-Es difícil afirmar que los tenían identificados y que sabían a quiénes iba a disparar y a quiénes no. Pero quienes estaban al frente de las protestas eran los jóvenes fuertes, los que comían porque sus padres luchaban cada día por sacarlos adelante en vez de estar esperando una bolsa del CLAP (bolsa de alimentos básicos que ofrece el gobierno a precios reducidos); los que estudiaban en una universidad; los que no le debían nada al gobierno; los que escuchaban a sus padres contar cómo era la Venezuela en la que ellos habían crecido; los que reflexionaban. Por eso tenían todos el mismo perfil, por eso, cuando un guardia disparaba contra uno, daba igual si disparaba contra el de al lado. Todos eran iguales.

-¿Pero hubo un patrón común, un proceder sistemático? ¿O fueron simples víctimas de la confrontación?

-Hubo planificación, y de eso hallé todos los indicios, en la actuación de los cuerpos de seguridad del Estado y en el uso desproporcionado de la fuerza. Durante este periodo parece que las actuaciones hubiesen obedecido a un patrón sistemático, porque en la mayoría de los casos, cuando comenzaba la represión en una ciudad, en el resto iniciaba y acababa a la vez, y la forma en la que asesinaban parecía obedecer a un patrón: de los 26 crímenes investigados, 25 de ellos murieron producto de un disparo en una zona vital (6 en el pecho, 6 en la cabeza, 5 en la zona abdominal, 3 en el cuello, 2 en la ingle y 2 de un traumatismo torácico).

-Ha dicho que sufrió y lloró mucho con las entrevistas. ¿Ha sido imparcial en la narración de lo sucedido o esa es una premisa sin sentido en un libro como éste?

-Comencé y acabé el trabajo sin más influencia que mi propia investigación. Durante su desarrollo no quise leer, ni consultar, ni entrevistar más que las fuentes precisas y necesarias para lograr el objetivo, para no contaminar el trabajo y que fuese lo más objetivo y limpio posible. El elemento humano, sin embargo, es algo de lo que no te puedes abstraer. Trabajar con unos padres a los que les han asesinado a su hijo por pensar diferente, te hace ser impecable en las formas y en el tratamiento de la información. Al momento de entrevistar es inevitable llorar, y cuando vuelves a escuchar y comienzas a escribir, tampoco lo puedes evitar. De lo contrario no tendrías sangre en las venas. Pero después de llorar te recompones y escribes.

-¿Fueron demasiado ingenuos los jóvenes de 18 años que salieron a derrocar una dictadura?

-Cuando tienes 18 años poco te importa la asimetría de fuerzas, tú luchas por convicción. Si a quienes enfrentas tienen balas o bombas lacrimógenas, tú tienes una china, pancartas y la razón. No mides el peligro. Cuando tienes 18 años estás listo para enfrentarte al mundo y a los guardias, y tienes los arrestos que a los 38 ya no tienes. No eres ingenuo, eres valiente.

-¿Fueron utilizados?

-La gran mayoría de los asesinados provenía de una familia estructurada, que no atendía otro llamado que el de su conciencia. Sin embargo, entrevisté también a un grupo de jóvenes en situación de abandono. Me contaron que algunas veces recibieron zapatos y comida de dirigentes y de personas de la sociedad civil, pero me aclararon que si luchaban era justamente porque no querían vivir de la mendicidad, sino en un país de oportunidades. Eso me obligó a preguntarles si volverían a acatar el llamado de alguien para salir a manifestar y me dijeron, literalmente: “Volveremos a luchar en la calle por Venezuela, pero nunca más acatando el llamado de nadie”.

-Si tuvieses un hijo de 20 años que te dice que va a protestar por su país. ¿Le animarías a luchar aún a riesgo de perder su vida o lo convencerías de que la protesta no es la vía frente a un régimen violento?

-Tengo una hija de esa edad, y te puedo asegurar que es muy difícil impedir que salga a la calle a manifestar, si es su voluntad, cuando lleva toda una vida educándose en un hogar en el que ha visto a sus padres luchar a diario para conseguir lo que tienen: la casa, la comida, la educación, en un país que cada día se los hace más cuesta arriba. Cuando un joven está convencido de que su acción va a cambiar eso, no hay fuerza que se lo impida.

-¿Descubrió alguna sorpresa en la investigación?

-Hubo cosas que me sorprendieron, a mí y a mi equipo. Por ejemplo, descubrí que el día que a Wuilly Arteaga le rompieron el violín fue asesinado Adrián Duque en Maracaibo, y su último post en Instagram se lo había dedicado al violinista. Hasta su propia hermana se quedó sorprendida cuando se lo dije. Días antes de su muerte, Carlos Moreno le dedicó a su madre una canción muy reveladora, era como si le hablara desde el más allá, en ese momento y ahora que ya no está. Cuando tengo oportunidad la hago sonar en su memoria.

-¿Cómo si presintiese su muerte?

-Casi todos los jóvenes se despidieron, en sus redes sociales y en sus grupos de whatsapp con sus padres. Frases como “Quédense tranquilos. Ustedes saben que yo siempre llego vivo” o “Ya saben, si no regreso es que morí por mi país” te dejan pensando en si ellos sabían lo que les iba a pasar.

-¿Puede resucitar algún día la resistencia?

-La resistencia no está muerta, puede parecer una contradicción dado el subtítulo del libro, pero no lo es. En 2017, la mayoría de los venezolanos creía en la dirigencia de oposición, y lo hizo durante cuatro meses seguidos, pero instaurada la Asamblea Nacional Constituyente y en virtud de que intentando evitarla y restituir el hilo democrático asesinaron a más de un centenar de jóvenes, está claro que la salida deliberada a la calle no está planteada en este momento, al menos no como una acción que obedezca a un llamado de un dirigente o tolda política. La resistencia está activa de otra manera, de una u otra forma, todos estamos en resistencia.

-El libro fue presentado en el Parlamento Europeo y en la ONU. ¿Qué legado dejará?

-Es y será un documento fidedigno que ahora y en el futuro podremos consultar para saber exactamente lo que sucedió durante las protestas de 2017 en Venezuela, para que no venga nadie el día de mañana a querer cambiarnos la historia, o contárnosla a su manera. Es una investigación periodística que tienen en sus manos los organismos internacionales que velan por los DDHH para corroborar y contrastar datos; y los venezolanos fuera y dentro del país para contarles a sus hijos ese nefasto capítulo de la historia del país.