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Entérese (aquí) de todas las vueltas que el Gobierno le ha dado al Petro

martes 13 de noviembre de 2018, 18:00h
Por José Manuel Rotondaro.- En economía, rara vez un instrumento o medida tiene más de un propósito. No hay el equivalente de la famosa navaja multiuso del ejército suizo. Pero el gobierno de Nicolás Maduro ha tomado al Petro como la solución para los problemas que confronta, una especie de varita mágica que lo sacará del atolladero en el cual se ha metido.
Maduro no sabe qué hacer con el Petro. / Twitter: @PresidencialVen
Maduro no sabe qué hacer con el Petro. / Twitter: @PresidencialVen

El Petro como bono de deuda pública

Cuando Maduro lo anunció hace un año, la interpretación predominante entre los analistas independientes fue que el Petro era una forma inusual de emisión de deuda pública respaldada con los ingresos petroleros futuros. Así lo vio el gobierno de Donald Trump que lo incluyó entre los activos venezolanos sujetos a sanciones.

También coincide con el tratamiento que la mayoría de los reguladores financieros han dado a los criptoactivos: un título valor.

La idea en sí no era descabellada. Pero para que hubiese ganado aceptación tendría que haber estado acompañada de reglas claras para la conversión de petros en divisas provenientes de la venta del petróleo que lo respaldaría. Además, tendría que haberse creado una entidad autónoma del Ejecutivo que velara por la continua existencia del respaldo de reservas petrolíferas para los petros en circulación. Nada de eso se hizo, como es sabido

El Petro como divisa de uso internacional

Más allá de servir como retórica infértil, la OPEP no es el foro adecuado para plantear ese tema. Y sobre todo, si el Gobierno aspira a recibir el pago de las exportaciones petroleras en el criptoactivo, primero debe estar en capacidad de ofrecer a los compradores acceso para la adquisición de petros. Y aquí radica lo engañoso del anuncio.

En los meses posteriores, especialmente en febrero y marzo de este año, el discurso oficial se orientó al uso del criptoactivo como instrumento de pago en transacciones que normalmente se liquidan en divisas. Pareció que el Gobierno se orientaba a establecer una dualidad monetaria, similar a la que existe en Cuba, con una moneda de uso local y sujeta a fuertes restricciones cambiarias -el Bolívar- y otra moneda de libre convertibilidad en otras divisas pero de uso restringido a nivel local.

Nuevamente como idea no es descartable, pese a las distorsiones que conlleva la dualidad monetaria como lo pueden atestiguar los cubanos que llevan 5 años tratando de desmantelarla.

Pero más allá de anuncios nunca concretados de que los productos de exportación venezolanos serían cobrados en petros y supuestos acuerdos para la aceptación del criptoactivo como forma de pago por exportadores en otros países, desde abril el Gobierno guardó silencio sobre el tema.

El Petro como unidad de cuenta interna

Una constante en situaciones de hiperinflación es la desesperada búsqueda por las personas y empresas de una referencia con cierta estabilidad para poder planificar y comprometerse en transacciones de mediano y largo plazo.

En agosto, en paralelo con la conversión monetaria, el gobierno de Maduro anunció un nuevo uso para el Petro: sería la unidad de cuenta que proveería esa referencia de estabilidad o, para usar la frase original, sería el ancla del programa económico de estabilización que estaba anunciando.

Al igual que en los dos casos anteriores, la idea pudo ser positiva si se hubiese implementado adecuadamente. Brasil lo hizo con el Plan Real y otros países de la región crearon unidades de cuenta para ciertas operaciones, fundamentalmente financieras y las vinculadas con propiedad inmobiliaria. Estos instrumentos sin duda contribuyeron a mitigar las distorsiones que genera la hiperinflación, permitiendo a constructores, bancos y demandantes de viviendas a pactar operaciones con horizontes temporales largos.

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Pero la forma como el Gobierno concibió el Petro como ancla tuvo problemas de arranque, que incluso fueron reconocidos en forma velada. Un ancla anti-inflacionaria debe proveer certidumbre en su capacidad de compra en el país a lo largo del tiempo. Al atar el valor del Petro (supuestamente) al precio del barril de petróleo venezolano, el criptoactivo pasó a estar sometido a la elevada volatilidad del crudo en los mercados internacionales. El ajuste posterior a esta referencia rígida, escondido en la tercera versión del documento técnico del Petro, no corrigió esta distorsión inherente. Al referir su valor a una cesta de commodities no eliminó la volatilidad, sólo limitó la transparencia en el cálculo del supuesto valor de referencia.

La conducta posterior del Gobierno, incluyendo al BCV como encargado de establecer la cotización diaria del Petro, profundizó la distorsión pues el valor en dólares que reporta el BCV ha permanecido invariable en 60 dólares, mientras que la cesta petrolera venezolana ha oscilado más de 20% desde el 21 de agosto. Igualmente el precio del Petro no se ha movido en bolívares, estancado en Bs. 3.600.

Mientras tanto, los precios internos, tanto los oficiales como los reales en la calle, han aumentado con lo que hoy, con un Petro, se compra menos de una cuarta parte de lo que se podía el 21 de agosto. Eso demuestra su fracaso como unidad de cuenta que sirva de anclaje anti-inflacionario.

La falta de una actualización de la cotización en bolívares del Petro de acuerdo con la evolución de los precios no fue el único problema. A casi tres meses de su (tercer) lanzamiento, no hay el marco legal que permita suscribir contratos en petros, ni las cuentas bancarias (depósitos y créditos) están expresados en petros. Ambos son requerimientos absolutos para cualquier unidad de cuenta que aspire a servir de ancla.

El Petro como unidad de cuenta externa

La última aventura del Gobierno con el Petro es el planteamiento que llevará a la OPEP Manuel Quevedo, presidente de PDVSA y ministro de Petróleo, utilizar el criptoactivo como “unidad de cuenta para comercializar el crudo venezolano, a partir del primer trimestre del año 2019”.

Venezuela no es el único exportador de petróleo que quiere desvincular el precio de su crudo del dólar estadounidense. Irán ha estado recibiendo euros como pago por sus exportaciones desde hace años y pasó a usar la moneda europea como referencia desde hace abril. Pero ese cambio está ligado además a un esquema que viene siendo desarrollado en la Unión Europea para crear un sistema de pagos internacionales sin ninguna vinculación con los Estados Unidos, para brindar así a las empresas que continúen negociando con Irán protección contra las sanciones que recientemente volvió a imponer la administración Trump a Teherán.

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Más allá de servir como retórica infértil, la OPEP no es el foro adecuado para plantear ese tema. Y sobre todo, si el Gobierno aspira a recibir el pago de las exportaciones petroleras en el criptoactivo, primero debe estar en capacidad de ofrecer a los compradores acceso para la adquisición de petros. Y aquí radica lo engañoso del anuncio. El comprador de petróleo tendrá que usar divisas, presumiblemente dólares, para adquirir los petros con los que pagará la factura a PDVSA. Esto sólo beneficiará a los intermediarios en esas operaciones de cambio y, probablemente, afectará negativamente el precio efectivo del crudo venezolano.

En conclusión, ante la incapacidad para aceptar que su enfoque económico está errado, el gobierno de Maduro se cuelga del Petro como su única esperanza de salir del abismo.