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El punto de Caracas emblema del dinero y que el chavismo transformó en basura

viernes 16 de noviembre de 2018, 15:00h
Por Orlando Zamora.- La pre historia financiera de Venezuela y el actual drama social chavista se cruzan en los recuerdos. La Caracas de 1810 contiene sólo 167 manzanas y una población de 31.710 personas, se extiende desde la actual avenida Baralt al Parque Carabobo de la Candelaria. De sur a norte: Plaza Capuchinos hasta la iglesia de la Trinidad o el Panteón Nacional, profanado hoy como un centro ideológico de carácter militarista-nacionalista- chavista.
La esquina de La Bolsa era un lugar de progreso / Foto: Pinterest
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La esquina de La Bolsa era un lugar de progreso / Foto: Pinterest

Ya en el año 1805 los comerciantes Bruno Abasolo y Fernando Key Muñoz, autorizados por la corona española, abrieron en la esquina de La Bolsa la “Casa de Bolsa y Recreación de los Comerciantes y Labradores”. Como un intento pre capitalista prematuro, fracasó al igual que la “Sociedad de Amigos del Comercio”, instalada en la vecina esquina Sociedad.

El 21 de enero de 1947 se funda formalmente La Bolsa de Valores de Caracas que llevaba 73 años operando en la calle, entre las esquinas de Bolsa y San Francisco.

A un costado de ese edificio brilló hasta el 2015 la línea de rústicos “Maisanta”. Pero los 12 jeeps que llegaban hasta la Cota 905 del Paraíso, desaparecieron poco a poco, junto a los carros donados por PDVSA. Se los robaron los propios choferes, orgullosos revolucionarios.

Para honrar la memoria de estas luchas fracasadas y entorpecidas para forjar riquezas y capitales, en los año 90 se construye a medias un interesante edificio, bautizado con el nombre de La Bolsa, que es tomado por Fogade en 1994 como cobro parcial por los auxilios financieros entregados a diversos bancos en la grave crisis bancaria 1994-1995.

La revolución, de manera tardía, actúa y le arrebata al lumpen proletario el inconcluso edificio, utilizado como depósito por los buhoneros del lugar. El gobierno del Distrito Capital, toma y termina el edificio lo cubre con los mejores pensamientos del “Comandante Eterno”. El edificio es también una de las principales entradas de acceso a la estación Capitolio del Metro.

A un costado de ese edificio brilló hasta el 2015 la línea de rústicos “Maisanta”. Pero los 12 jeeps que llegaban hasta la Cota 905 del Paraíso, desaparecieron poco a poco, junto a los carros donados por PDVSA. Se los robaron los propios choferes, orgullosos revolucionarios.

Se pensó que los combates contra el capitalismo (de los ricos-malos), quedaba allí. Pero no, hubo una más brillante idea. Que fue asignar la edificación a SUNAGRO una de las tantas superintendencias de algo, Superintendencia Nacional de Gestión Agroalimentaria. La lucha contra el “capitalismo y los terratenientes” se fortaleció entonces muchísimo más.

Pero así como quedaron las fincas expropiadas en ruinas, lo que hay en torno al edificio de La Bolsa, en aquella esquina del capital y el progreso, es penumbra y terror nocturno, olores a orines y de otras especies. Comercios cerrados. Todo un aspecto crudo y cruel. La hiperinflación-recesiva del modelo imperante hace estragos.