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Una alta fuente del chavismo ruega porque ocurra algo bueno antes del 10 de enero

martes 20 de noviembre de 2018, 18:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Ellos no parecen demostrarlo. No se les quiebra la voz. No arrugan la cara. No expresan miedo. Pero el escenario que se avecina puede ser el más complejo del periodo del gobierno de Nicolás Maduro. Y en la recta final. A horas, no días, de que llegue el 10 de enero de 2019.
El general Gustavo Gonzáles López  desató otro evento de proporciones. / Twitter: @PresidencialVen
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El general Gustavo Gonzáles López desató otro evento de proporciones. / Twitter: @PresidencialVen

La fuente cercana a Tareck El Aissami lo dice sin quebraduras emocionales ni verbales. No hay voluntad. No hay voluntad de hacer las cosas bien. No hay voluntad para diseñar un programa coherente que salve la economía. No hay voluntad para entrarle al problema del tipo de cambio. Para hacerlo libre. “Esta es una tragedia”. Lo dice este que es alguien cercano, realmente muy cercano al llamado Vicepresidente del Area Económica. Y esto es relevante, tomando en cuenta lo que se ha dicho en los últimos meses de El Aissami: dispuesto a conversar con empresarios, dispuesto a escuchar, que entiende planteamientos, que le brinda la razón a la contraparte, que consulta, que le gusta reunirse. Si el clamor proviene de este círculo de poder considerado más abierto, entonces habrá que señalar que la situación interna de cara a la situación económica es de verdadera “tragedia”, para seguir usando la expresión de la fuente. Y lo que es peor. Es otra forma de reconocer que El Aissami no manda. No tiene el poder que se requiere para imponer una línea económica un tanto más sensata. O como dijo la fuente: Medidas completas, no incompletas. Porque incompletas no logran el cometido.

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Ellos no parecen demostrarlo. No se les quiebra la voz. No arrugan la cara. No expresan miedo. Pero el escenario que se avecina puede ser el más complejo del periodo del gobierno de Nicolás Maduro. Y en la recta final. El banquero que habló con KonZapata hace poco y dijo que en Venezuela se trabaja al filo de la navaja, tal vez lo dijo en doble sentido y lo entendimos de manera errada en uno solo. Tal vez quiso decir que el filo de la navaja corta a los empresarios pero también es un filo que amenaza al Gobierno. El banquero no pronostica, por ejemplo, ningún estallido social, de esos que ciertas voces auguran desde tiempo atrás. Pero el banquero, uno de los que tienen mejor criterio político en la banca, señala que de ocurrir, cambiará las cosas, cambiará el escenario, porque no será un evento cualquiera. Y no lo será, en virtud de lo delicada que es la situación. De allí que la fuente cercana a Tareck El Aissami hable de “tragedia”. Y dice más. O clama por algo urgente. Un diálogo urgente. Una conversación urgente. Un pacto urgente. Y es que, interpretemos, todo puede suceder. Y el 10 de enero está muy cerca.

Es una encrucijada que al mismo tiempo es de horas. Para el 10 de enero no faltan días. Faltan horas. Y de aquí a la fecha no hay forma de cambiar, para bien, para mejor, el rumbo económico. Con decir que hace mes y medio una fuente de Unasur confió a KonZapata que el Gobierno intentaba rescatar la propuesta económica aquella que en 2016 le entregaron los expresidentes Ernesto Samper y Leonel Fernández, y que el Gobierno descartó porque los ministros se dividieron entre quienes la apoyaban y quienes la rechazaban para, al final, ser echada a un lado por recomendación del asesor español, Alfredo Serrano Mancilla.

Porque estamos ante ese evento. No cualquiera. Inédito. Un presidente que termina el periodo presidencial y quiere comenzar otro. Pero otro sin que se hayan producido unas elecciones confiables, creíbles, libres, legítimas, legales. Elecciones no reconocidas en lo interno del país, y tampoco por la comunidad internacional. Este evento, inédito, es una encrucijada, que mantiene a la expectativa a la población, está comenzando a mover a la población, y está generando nuevos eventos a nivel internacional. Más países se suman al desconocimiento de Maduro. Y más países retirarán embajadores en enero de Caracas.

Es una encrucijada que al mismo tiempo es de horas. Para el 10 de enero no faltan días. Faltan horas. Y de aquí a la fecha no hay forma de cambiar, para bien, para mejor, el rumbo económico. Con decir que hace mes y medio una fuente de Unasur confió a KonZapata que el Gobierno intentaba rescatar la propuesta económica aquella que en 2016 le entregaron los expresidentes Ernesto Samper y Leonel Fernández, y que el Gobierno descartó porque los ministros se dividieron entre quienes la apoyaban y quienes la rechazaban para, al final, ser echada a un lado por recomendación del asesor español, Alfredo Serrano Mancilla. Maduro le tomó la palabra a Serrano y ya se ven las consecuencias. Pero lo que vale destacar es que, creyéndole a la fuente de Unasur, es que se nota que el Gobierno improvisa más de la cuenta. Improvisó con el Petro. Improvisó con el paquetazo rojo. Improvisó con la política salarial, cuyo “poder de compra” ya se esfumó. Improvisó en PDVSA. Y se padecen las consecuencias petroleras. Se padecerán todavía más en los próximos meses.

Así el Gobierno tiene por delante muchos retos. La economía es apenas la punta del iceberg y es una buena punta. Tiene el reto de cómo vende el proyecto de constitución de Maduro. Cómo la Asamblea Nacional Constituyente resuelve el asunto de si hay o no referendo para ese proyecto. Cómo se resuelven las diferencias internas. Cómo aclarar si Maduro se cuenta también en unas elecciones verdaderas. Y cómo resuelve la asistencia para las venideras elecciones de principios de diciembre.

Y cómo resuelve la otra lucha interna que se alborotó con el caso Sebin y el caso de Gustavo González López y el caso de la caravana presidencial y el caso de la muerte del concejal Fernando Albán. Gonzáles López ya no es director del Sebin. Pero este general es un elemento de características especiales, por los nexos y los hilos atados a él mismo y a otros de talla dentro de ese chavismo de anillos, grupos y círculos de poder. Muchos no lo quieren como enemigo. No se trata de Eliécer Otaiza, ni de Carlos Aguilera ni del mismo Miguel Rodríguez Torres, todos ex jefes del Sebin. El mismo Maduro lo dijo una vez en cadena nacional: El general González López sabe mucho. Es un general que sabe mucho. Y González López, serio, con la cara de piedra, se le paraba firme, le hacía un gesto de lealtad militar, hasta que todo cambió. Lo ocurrido en el Sebin, lo escribimos ayer, es un síntoma claro de la descomposición del poder. Así eran los últimos tiempos de la Unión Soviética. Así son estos días de encrucijada teniendo al 10 de enero tan cerca. A tiro de piedra.