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¿Cuáles medidas puede anunciar Maduro antes del 10 de enero?

miércoles 21 de noviembre de 2018, 15:00h
Por José Manuel Rotondaro.- Al cumplirse tres meses de implementado, el llamado Plan de Recuperación Económica está siendo criticado por todos los sectores. El mismo Nicolás Maduro asomó que pronto daría “sorpresas” en la materia. Cabe recordar que en su momento se corrió el rumor de que el chavismo no atado a Maduro le había puesto un plazo de un trimestre para demostrar que tenía la capacidad para sacar al país del desastre económico.
Maduro puede anunciar sorpresas económicas sin claudicar en lo político / Foto: mppre.gob.ve
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Maduro puede anunciar sorpresas económicas sin claudicar en lo político / Foto: mppre.gob.ve

Además de los errores conceptuales que contuvo el plan desde su inicio, su ejecución ha agravado algunos problemas, lejos de aliviarlos. Todo programa de ajuste económico conlleva adoptar medidas que afectarán a parte o a toda la sociedad. Por ello, las mejores prácticas en la materia, obtenidas de errores en varios países, aconsejan distribuir esos efectos entre múltiples acciones, de manera limitar la severidad de cada medida individual.

El 21 de agosto, Maduro enfrentaba dos grandes temas: hiperinflación y contracción económica. Los anuncios iniciales y otras medidas subsecuentes apuntaban a los cuatro desequilibrios que están generando los problemas principales: déficit fiscal, financiamiento monetario del déficit, déficit de caja de PDVSA, déficit en la balanza de pagos.

Franqueza contra inconsistencia

Y la medida más severa de todas, adoptada calladamente, es la congelación salarial en el sector público. Aquí el gobierno hasta ahora ha mostrado una firmeza inusual, tratando sin miramientos a los trabajadores que protestan por la desmejora de sus ingresos reales.

La inusual franqueza con la que Maduro admitió esos problemas creó cierta expectativa favorable inicialmente. Pero la ejecución del plan ha sido inconsistente. Acciones requeridas con urgencia como el ajuste del precio de la gasolina, la liberación real del mercado cambiario y el cese al financiamiento por parte del BCV al fisco nunca se concretaron.

Eso hizo recaer en otras pocas medidas el peso del ajuste: aumento de impuestos, congelamiento salarial en el sector público y restricción monetaria, con el agravante que, al no estar acompañadas por las anteriores, estas medidas parecieran estar teniendo consecuencias negativas para los objetivos antes descritos.

Las medidas no ejecutadas

En el caso de los impuestos, la modificación en el mecanismo de recaudación junto con el impacto del súbito incremento del salario mínimo, frenó cualquier atisbo de recuperación de la actividad productiva. El sector privado ha estado dedicando su flujo de caja, así como préstamos bancarios, a cubrir la nómina y pagar los impuestos en forma anticipada. Varios sencillamente han cerrado sus puertas. Justo lo contrario a lo que hace falta.

A lo anterior se agrega la decepción con las confusas señales en política cambiaria. A la postre el control de cambios persiste, pero con una tasa de cambio muy superior, tanto la oficial como la otra. Pese a los equívocos anuncios, aún no es atractivo para el poseedor de divisas ofrecerlas en el esquema que maneja el BCV. Con un precio que aún es decidido administrativamente y mantenido artificialmente estable, los volúmenes transados son abismalmente bajos. Mientras, en el mercado paralelo, el tipo de cambio sigue distanciándose del oficial. Con ingresos petroleros menguados, la esperanza del gobierno era ver un incremento sustancial de flujos de entrada de capitales privados. Pero eso no ocurrirá mientras no renuncie el gobierno a querer manejar ese mercado.

La otra medida que no ha visto la luz es el ajuste del precio de la gasolina. Curiosamente nadie aboga públicamente por mantener el precio en el absurdo nivel actual. Pero más allá de las supuestas trabas tecnológicas para poner en funcionamiento el prometido esquema de subsidio, la decisión aparentemente no se toma por motivos políticos. Siempre hay un evento electoral o de otro tipo que llama a la prudencia a Maduro y su equipo. Mientras, PDVSA se ha visto obligada a desviar una mayor proporción de los dólares que recibe por las exportaciones de crudo para importar la gasolina que no puede producir en el país. Esta medida debería conducir a una reducción de esas importaciones e incluso incrementar el crudo para exportación. Pero sobre todo permitirá reestablecer el equilibrio financiero en bolívares de PDVSA, reduciendo o eliminando la necesidad de recibir préstamos del banco central.

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El recargo en las medidas ejecutadas

Como lo anterior no ha ocurrido, el BCV por su lado adoptó una posición monetaria muy restrictiva frente a la banca, incrementando sustancialmente los encajes. Pero la forma como están siendo aplicados estos encajes estimula a que la banca incremente sus créditos y la compra de deuda pública. Aquí el problema no es en el presente sino en el futuro, pero eso es materia para otra nota. Lo relevante aquí es señalar que el BCV está aparentemente tratando de congelar los bolívares que está creando para financiar a PDVSA y al resto del gobierno, pero en una forma más severa de lo que es aconsejable, dada la ausencia del incremento del precio de la gasolina.

Y la medida más severa de todas, adoptada calladamente, es la congelación salarial en el sector público. Aquí el gobierno hasta ahora ha mostrado una firmeza inusual, tratando sin miramientos a los trabajadores que protestan por la desmejora de sus ingresos reales. Despidos y represión han sido la constante respuesta a dichas protestas. Y los empleados públicos tienen genuina razón para protestar: sus salarios han estado congelados desde que fueron fijados en agosto y, usando la estimación de inflación de una reconocida firma de analistas, en estos momentos tienen una capacidad de compra menor a 5% del monto original. Anécdotas indican que para ese sector el suministro de cajas CLAP ha disminuido en frecuencia y cantidad.

Para rematar, el supuesto anclaje del salario mínimo al precio del petróleo vía Petro, base para las escalas salariales, ha sido ignorado por el Gobierno. Por un lado influye el mantenimiento de una tasa de cambio oficial artificialmente estable (y baja). Pero por la otra, en el seno del Ejecutivo se percataron de lo peligroso de atar las remuneraciones a una variable tan volátil.

¿Qué cambios pueden venir?

Maduro anunció sorpresas, por lo que cualquier vaticinio corre el riesgo de equivocarse. Pero creo extremadamente difícil que haya un giro fundamental en la política económica. Por lo tanto descarto medidas que contribuyan a reanimar la producción de bienes y servicios, es decir eliminación real y efectiva de los controles de cambio y de precios, así como otras restricciones a la actividad privada.

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También cabe descartar que Maduro claudique en el frente político, admitiendo que las sanciones han cerrado su capacidad de maniobra financiera, y abriendo conversaciones francas para restablecer la democracia a cambio de la eliminación (condicionada) de las sanciones.

La medida con mayor probabilidad de concretarse es un aumento salarial, presumiblemente expresado sólo en el salario mínimo y desligado del Petro. Probablemente será sustancial pero no en la escala del visto en agosto.

Otra acción probable, propiciada por algunos voceros fuera del Gobierno, es una mayor disposición a entregar la operación de campos petroleros tradicionales a empresas extranjeras, incluso con dominio mayoritario para éstas. Ese puede ser el precio que están pidiendo rusos y chinos para ayudar al incremento de la producción.

También es factible que aumenten el precio de la gasolina, posiblemente luego de las elecciones municipales, pero hasta un nivel menor al ‘internacional’, como quiera que éste pueda ser definido.

En el campo cambiario, lo más probable es que persistan los intentos de ajustar el control actual para presentarlo como un ‘mercado’ pero sin permitir que el tipo de cambio refleje la inflación.

En resumen, un capítulo más en la novela negra que es la política económica del madurismo.