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El 10 de enero no es una fecha sino una línea política que puede ser decisiva

viernes 23 de noviembre de 2018, 14:59h
Por Orlando Zamora.- Un destacado analista político radial de los sábados pone en duda un nuevo intento de deslegitimar al presidente Nicolás Maduro, ahora con una fecha predeterminada, y relata el fracaso de por lo menos tres intentos previos en esa misma dirección deslegitimadora.
El calendario de Maduro tiene fecha marcada el 10 de enero
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El calendario de Maduro tiene fecha marcada el 10 de enero

Los millones de millones de dólares y bolívares de la revolución dejaron como los insecticidas un efecto político residual por varios años. Además, había la fe de que la revolución podría regresar al corazón de millones de seres esperanzados. Ese cuadro nada tiene que ver con la Venezuela del 2019.

Otros opinan simplemente que una fecha en el calendario no puede a priori marcar un cambio de rumbo formal de un régimen que arriba a 20 años ejerciendo el poder.

En contraposición a estas ideas una buena parte de las fuerzas que activan por el retorno democrático están convencidas de que en la fecha analizada, el 10 de enero, se inicia una etapa nunca vivida antes por el chavismo gobernante.

Sin embargo, no aportan los suficientes argumentos para despertar las ilusiones y la comprensión profunda de un posible vuelco de fondo del actual escenario político. Nos permitimos insistir en el tema por lo crucial que podrían resultar las cosas inmediatas.

Qué significa el próximo 10 de enero de 2019

Lo primero que hay que entender es que el 10 de enero no es una fecha donde finaliza algo, aunque jurídicamente concluye el lapso presidencial de Nicolás Maduro. Un periodo poco democrático. Y fue y es poco democrático porque lo impuso el poder dominante en aquella elección contra Henrique Capriles sin una revisión de votos creíble. Chávez delegó tanto poder que impuso no un candidato sino a un presidente, que sólo requería la formalidad de una elección.

Los millones de millones de dólares y bolívares de la revolución dejaron como los insecticidas un efecto político residual por varios años. Además, había la fe de que la revolución podría regresar al corazón de millones de seres esperanzados. Ese cuadro nada tiene que ver con la Venezuela del 2019.

Porque estas circunstancias quedaron bien atrás, Maduro no ilusiona ni a los chavistas. El 20 de mayo no le consolidó un piso político sólido. Ni siquiera con el concurso de la Asamblea Nacional Constituyente.

Si Nicolás Maduro hubiera realizado en la víspera de la conclusión de su mandato las elecciones presidenciales, el pueblo chavista no hubiera votado por él, con tanta hambre, sacrificios salariales, humanos, pérdida de la vida normal. Las adelantó ilegalmente siete meses porque era el primero en conocer lo que venía.

Un ciudadano elegido presidente bajo esa maniobra no sólo carece de ilegitimidad a partir del 10 de enero, sino en cada uno de los días futuros que permanezca en el poder.

No tendrá a partir de esa fecha el respaldo popular, que por cierto no ha tenido nunca. Sigamos relatando las diferencias de la era post 10 de enero 2019 y el pasado chavista.

Ninguno de los 32 países que no reconocieron la elección del 20 de mayo del 2018, vacila o pone en veremos su decisión irrevocable de no reconocerlo como presidente legítimo. El cerco anticorrupción se fortalece cada día según avancen las investigaciones judiciales en tribunales e instancias de América y Europa.

Ninguno de los 32 países que no reconocieron la elección del 20 de mayo del 2018, vacila o pone en veremos su decisión irrevocable de no reconocerlo como presidente legítimo. El cerco anticorrupción se fortalece cada día según avancen las investigaciones judiciales en tribunales e instancias de América y Europa.

Hay plena conciencia por lo menos en 50 países de que en Venezuela desde las elecciones para elegir la actual Asamblea Nacional en el 2015, todos los eventos electorales posteriores no fueron libres ni transparentes y que en la mayoría de ellos las fuerzas democráticas no participaron, y que la abstención alcanzó el 70%.

Viene la peor etapa de lo que resta del chavismo dividido en los frentes civiles, militares y hasta policiales. En lo económico el modelo comunal es insostenible reconocido hasta por constituyentes del oficialismo. Esta parte del desierto la atravesará Nicolás Maduro sin aliados fuera del madurismo. Fuera del país, Rusia, Turquía, Cuba y China poco cuentan.

Es el aislamiento de un país, caracterizado por la ausencia de embajadores de países claves. Y pueden producirse otras salidas de representantes diplomáticos.

Los nexos financieros del Estado venezolano con el resto del mundo son casi inexistentes. E último corresponsal portugués, Banco Novo, fue adquirido por capital estadounidense y solicitó desde febrero revocar su funcionamiento en Venezuela. Las instalaciones en Caracas fueron adquiridas por Banca Amiga.

El futuro de Nicolás Maduro está en buena medida en manos de la Comunidad Europea, sobre todo de Alemania y Francia. Si estos países hacen suya la causa venezolana los días de Maduro serán complicados. EE.UU. también hará sentir su poderío económico como lo hace ahora con China, Arabia Saudita e irán.

Si este posible cuadro se presenta a partir del 2019, fortaleciendo las correlaciones de fuerzas políticas internas, por qué no asumirlo entonces como una línea política para toda la oposición venezolana. Más de cuatro partidos lo están viendo así.

No se pueden dejar de lado los detonantes o factores de cambios de fondo, en los cuales nadie piensa sino cuando ocurren. Como el error de aquel ministro de la desaparecida Alemania Democrática (comunista) que por error dijo que “a partir de ahora están abiertas todas las fronteras”, y se cayó por siempre la RDA (República Democrática Alemana).