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La verdad es que ni en la izquierda quieren tomarse una foto con Maduro

miércoles 28 de noviembre de 2018, 18:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Maduro quería ir a la Cumbre Iberoamericana de Guatemala. Insistió hasta último momento. Y por fin lo convencieron de que no podía. Que iba a ser incómodo. Que los mandatarios no lo querían allí. Para la foto, mucho menos.
La izquierda va dejando solo a Maduro / Foto: Sputnik
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La izquierda va dejando solo a Maduro / Foto: Sputnik

Daniel Ortega también se lo pensó. El presidente de Nicaragua amenazó con asistir y al final, desistió. Maduro tuvo que enviar al canciller Jorge Arreaza. Al principio se dijo que quien lo sustituiría era la vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Pero quien viajó fue Arreaza. Este, junto a otros funcionarios, estuvieron muy activos en la Cumbre. Mucho trabajo y pocos resultados. Maduro llegó a pensar en serio que en Guatemala podía reunirse con el rey de España, Felipe VI, y podía reunirse con el presidente Pedro Sánchez, partiendo del “buen momento", entre comillas, por las que pasan las relaciones entre La Moncloa y el Palacio de Miraflores.

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La verdad es que las fuentes atacan el problema de fondo. Maduro es un presidente tóxico. "Radiactivo", dijo una fuente en Cancillería. Como Ortega. Pocos, casi nadie, quiere la foto con Maduro. No la quiere el Papa, que le negó la audiencia que solicitó para este diciembre, tal como informó KonZapata esta mañana.

Uno de los síntomas se produjo en el acto organizado en febrero de 2018 por Podemos y el correísmo en Madrid para respaldar el reeleccionismo de Morales. En los discursos, nadie mencionó a Maduro. Ninguno habló de Maduro. Se refirieron a Rafael Correa, que ya era cuestionado por Lenin Moreno en Ecuador. Hablaron de Hugo Chávez y Venezuela. Sin embargo, Maduro resultó ser el ignorado. Ni Pablo Iglesias ni el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero tuvieron una sola mención para con él.

Con decir que, dijo una fuente de Cancillería, ni siquiera fue invitado al Foro Clacso, celebrado en Buenos Aires entre el 17 y el 18 de noviembre, y al que asistieron la expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff, el vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, la propia Cristina Kirchner, representantes de Podemos, España, y del correísmo de Ecuador, entre otros. El expresidente de Uruguay, Pepe Mujica, desistió de hacer acto de presencia. Mujica lo quiso así. Pero en lo que refiere a Maduro, la fuente de la Cancillería insiste: No fue invitado.

Hace poco, el constituyente Hermann Escarrá resaltaba que Maduro fue reconocido en la ONU por toda la comunidad internacional por el hecho de que asistió a la Asamblea Anual y pronunció el discurso de ocasión. Lo que no dijo Escarrá es que Maduro viajó a Nueva York con la ilusión de ser recibido por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. No se dio el encuentro, y le falló el cálculo a Maduro. Además, Escarrá tampoco señaló que mientras hablaba Maduro, la sala estaba prácticamente vacía. ¿Y con quién se tomó la foto Maduro? Con sus aliados de Cuba e Irán.

Ya desde el año pasado comenzaron los síntomas de lo que significa Maduro para la izquierda de España y América Latina. Pensemos en Ecuador. Pensemos en Uruguay. Pensemos que los únicos aliados incondicionales los encuentra en Bolivia y Nicaragua. Y Evo Morales es un caso distinto al de Ortega.

Uno de los síntomas se produjo en el acto organizado en febrero de 2018 por Podemos y el correísmo en Madrid para respaldar el reeleccionismo de Morales. En los discursos, nadie mencionó a Maduro. Ninguno habló de Maduro. Se refirieron a Rafael Correa, que ya era cuestionado por Lenin Moreno en Ecuador. Hablaron de Hugo Chávez y Venezuela. Sin embargo, Maduro resultó ser el ignorado. Ni Pablo Iglesias ni el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero tuvieron una sola mención para con él.

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Ahora Maduro tiene un reto por delante. La toma de posesión de Manuel Antonio López Obrador en México. Fue invitado. Pero, el ambiente no le es propicio. Ni en la comunidad de mandatarios que asistirán, ni tampoco en la calle, donde se activan los grupos con el fin de protestar su presencia. De hecho, hay una resistencia notoria en la sociedad civil mexicana. Y ya el TSJ de Venezuela en el exilio pidió a la Procuraduría General de la República de México que Maduro sea detenido.