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Qué fue lo peor en economía este 2018

jueves 29 de noviembre de 2018, 18:00h
Por Orlando Zamora.- NI ocultando las cifras del desempeño económico ni intentando falsear la realidad, el gobierno de Nicolás Maduro pudo ocultar o disimular los catastróficos eventos de un año que cierra sobre el 1.000.000% de inflación y un tipo de cambio cercano a los 500 soberanos por dólar. Este 2018 ha sido, ante todo, el año del despegue y aceleración del fenómeno hiperinflacionario.
Maduro es el padre de la hiperinflación / Twitter: @NicolasMaduro
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Maduro es el padre de la hiperinflación / Twitter: @NicolasMaduro

Pero la tragedia del año fue más grave aún. La caída o pérdida de actividad económica se aproximó casi a una quinta parte, cerrando el PIB en -18%, acompañado de un descenso del 35% de la producción de PDVSA. Cierres claves en los sectores intermediarios e importadores. Aumento considerable de la incertidumbre en general.

Fue el año que decretó la suerte final de la que era la quinta empresa petrolera del mundo. En efecto, 2018 marcó la decadencia técnico-financiera de PDVSA, se observó el cierre de las operaciones de las tres principales refinerías. Clientes como Rusia se quejan de incumplimiento de contratos.

La hiperinflación no cedió terreno alguno con el programa económico lanzado por el Gobierno. Al contrario, el fracaso del plan obvió el ajuste fiscal por cuanto se afincó en el ornato improductivo de ciudades, generador de empleo artificial, financiado con dinero inorgánico. Así la hiperinflación fue incentivada con mayor fuerza.

Se registró una merma considerable en la elaboración de derivados como gasolina, gas, aceites. La producción de crudo desciende diariamente. Se estima que la producción del Lago de Maracaibo es una décima parte de su potencial por la falta de mantenimiento de equipos. En el resto del país funciona menos del 50% de los taladros.

Las condiciones laborales son deplorables. Se suspendieron las pólizas HCM por falta de pagos. El aplastamiento de la escala salarial ha generado un gran descontento interno. El militarismo en el interior de la empresa ha significado un significativo retroceso técnico.

La hiperinflación no cedió terreno alguno con el programa económico lanzado por el Gobierno. Al contrario, el fracaso del plan obvió el ajuste fiscal por cuanto se afincó en el ornato improductivo de ciudades, generador de empleo artificial, financiado con dinero inorgánico. Así la hiperinflación fue incentivada con mayor fuerza.

Este 2018 fue el año de la digitalización más profunda de dinero, creado por el BCV sin respaldo alguno, creciendo luego del paquete económico a un ritmo mensual de más del 20%. Las dos grandes fuentes de financiamiento gubernamental fueron el IVA, subido en agosto al 16% y las emisiones diarias de dinero sin respaldo en la captación de divisas.

El año concluye con una política económica fallida, por la inconsistencia de las medidas adoptadas y la plena destrucción del poder de compra del salario. Agravado por la unificación salarial alrededor de un muy efímero salario mínimo, alimentado por una breve ilusión monetaria devorada por el repunte acelerado de los precios de bienes y servicios.

La brutal dinámica en espiral de los precios, virtud de varios factores, contamina incluso el valor del dólar circulante en nuestra economía por cualquiera de sus vías. Hasta el real brasileño se valora a 100 bolívares soberanos a nivel de frontera y el peso colombiano se ubica en 8 bolívares por peso.