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El aumento del encaje asfixia a la banca

miércoles 05 de diciembre de 2018, 14:58h
Por Andrés F. Guevara B./Director Rendivalores.- Sin haber asimilado el golpe más reciente originado por las medidas económicas de la administración Maduro –léase el nuevo incremento salarial decembrino– las campanas del estatismo resuenan de nuevo, y terminan por afectar a uno de los sectores más perjudicados en este duro 2018: la banca.
La banca pierde capacidad de intermediación / Foto: KoZapata
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La banca pierde capacidad de intermediación / Foto: KoZapata

El Banco Central de Venezuela (BCV) dictó la Resolución 18-11-02, publicada en la Gaceta Oficial 41.536 de fecha 30 de noviembre de 2018, mediante la cual se modifican las normas que constituyen el encaje bancario. Esta resolución establece en su artículo 15 que la banca deberá mantener un encaje mínimo legal equivalente al 50%del monto total correspondiente a su saldo marginal.

Ahora bien, ¿qué gana el Gobierno con esta medida? Tan solo en octubre de este año, el BCV optó por establecer este encaje marginal en 40%, modificando a su vez el 31% establecido en el mes de marzo. El porcentaje es elevado. Sobre todo si se compara con el de otros países. Perú, por ejemplo, maneja una tasa de encaje de 7,2% para el mes de octubre de 2018, según data oficial del Banco Central de Reserva de ese país.

En términos llanos, los bancos, por mandato expreso del BCV, deben mantener mayor cantidad de dinero guardado. En reservas. Sin posibilidad alguna de disponer de él. Se trata de millones de bolívares que permanecen en las frías bóvedas de los bancos, en vez de estar circulando en las cálidas calles de Venezuela.

Ahora bien, ¿qué gana el Gobierno con esta medida? Tan solo en octubre de este año, el BCV optó por establecer este encaje marginal en 40%, modificando a su vez el 31% establecido en el mes de marzo. El porcentaje es elevado. Sobre todo si se compara con el de otros países. Perú, por ejemplo, maneja una tasa de encaje de 7,2% para el mes de octubre de 2018, según data oficial del Banco Central de Reserva de ese país.

Un encaje tan elevado, señala el Gobierno, ayudaría a combatir la hiperinflación y la demanda de dólares en el mercado paralelo, disminuyendo –o al menos estabilizando- el tipo de cambio no oficial. Después de todo, si la hiperinflación es un fenómeno monetario, menos dinero en manos de los bancos implicaría una suerte de barrera a su función de efecto multiplicador del dinero.

Sin embargo, un encaje tan agresivo termina por afectar el rol fundamental de la banca: la intermediación financiera. Al estar constreñidos por mandato expreso del BCV, los bancos se ven más limitados a la hora de hacer préstamos. Se hace mucho más cuesta arriba otorgar créditos. Eso implica que las empresas pierden una importante –que no vital– fuente de financiamiento, y los individuos también. Basta ver el límite risible de las tarjetas de crédito.

La existencia de menos fondos es otro golpe para la economía. La actividad productiva, ya bastante marchita, terminará por empequeñecerse aún más. Simplemente es imposible mantenerse en pie si no tienes quien financie tu operatividad. Adicionalmente, es un contrasentido apostar a un fuerte encaje al tiempo que el propio BCV sigue incrementando la base monetaria de forma desmesurada. ¿A dónde irán todos esos bolívares que se emiten si no hay bienes y servicios en el país, sea porque no se pueden producir, o porque no se pueden importar?

En resumidas cuentas, lejos de verse como un aspecto positivo, la política de contracción económica, de empequeñecimiento de nuestro aparato productivo, es precisamente contraria a las necesidades del país. Menos controles, más apertura. Es lo que requerimos en estas horas tan desesperadas.