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2018 también fue de pérdida para los boliburgueses y otras especies más

martes 18 de diciembre de 2018, 20:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Boliburgueses, bolichicos, emergentes, empresarios tradicionales, banqueros, inversionistas de especie diversa, gente común, inclusive. Todos. Todos ahora lo están lamentando. Al cabo de ganar mucho dinero con el rendimiento de los bonos de la República de Venezuela y PDVSA, señalan que acusan pérdidas. Y se dicen, unos a otros, que no hay hueso sueno en Venezuela.
Hugo Chávez se jactaba de pagar a tiempo la deuda / Flickr: Hugo Chávez
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Hugo Chávez se jactaba de pagar a tiempo la deuda / Flickr: Hugo Chávez

Se sientan y lo hablan. Se reúnen y lo discuten. Los que no salieron a tiempo de las posiciones de los bonos antes de que el gobierno de Nicolás Maduro optara por la vía del default.

En un tiempo escucharon a Hugo Chávez jactarse de la línea responsable que seguía su gobierno: Pagar. Pagar los bonos. Cumplir en la fecha. Y emitir más papeles. Y se hizo fiesta con las emisiones. Se hizo fiesta con las notas estructuradas. Se hizo fiesta con los papeles de PDVSA.

Y lo que en principio resultó ser una novedad se convirtió en norma por lo que la preocupación pasó a ser angustia. Y un día Maduro no pagó el primer bono. Y no pasó nada más allá de lo que ya le estaba pasando al Gobierno con las sanciones. Y después no pagó el otro. Y después era el default de verdad. Y se acostumbró a no pagar, por un lado. Porque las demandas que se temieron o se anunciaron nunca llegaron, como tampoco las demandas de las líneas aéreas cuando no se le pagó la deuda comercial. Y por el otro lado, es que no podía pagar.

Le convenía a Chávez para el proyecto rentista. Endeudaba al país al tiempo que los recursos de la deuda iban para un saco roto. Entonces, el precio del petróleo y las reservas “infinitas” –para 300 años- de petróleo, soportaban el plan y el discurso del rentismo, inclusive el plan de la geopolítica del dinero. “La deuda externa venezolana alcanza ya los 157.723 millones de dólares, el equivalente a 150,3% del Producto Interior Bruto del país. Si se incluye a los tenedores de deuda residentes en Venezuela, la cifra es sustancialmente mayor: 175.061 millones de dólares, es decir, 166,9% del PIB”, apunta una nota en ALnavío. “La deuda externa de Venezuela en forma de bonos y pagarés asciende a 53.100 millones de dólares (50,7% del PIB). De ellos, 24.600 millones de dólares son bonos soberanos (del Gobierno) y 28.381 millones de dólares los emitió la estatal Petróleos de Venezuela”, reseña ALnavío, según datos de Torino Capital.

En ese tiempo, también le convenía a entidades financieras nacionales e internacionales. Y en ello, la corrupción que estimulaba las emisiones. Era un negocio. Se descubrió que era un negocio para todos los actores del capital asentado y el capital que emergía. A los actores del capital de la corrupción, la boliburguesía.

Y esa fiesta siguió hasta los tiempos de Nicolás Maduro que entonces comenzó a ver cómo menguaban los recursos y aún así mantenía la línea de Chávez de pagar porque allí también estaba el negocio del entorno, con altas posiciones en bonos, con altos rendimientos pagados por un país que entraba en crisis, que se desmoronaba por la crisis, que, según el propio Maduro, había acumulado pagos en servicio por más de 70.000 millones de dólares hasta 2017. Hasta que ya no pudo más. Y el chorro se cortó.

Hubo ese tiempo, entre 2016 y 2017 de nervios y tensiones en oficinas de Caracas, de Miami, de Madrid, de Nueva York, de Bogotá, de Panamá, Londres. Donde se hubiera asentado algún venezolano poseedor de bonos, había tensión. En las fechas de vencimiento se concentraban en los monitores de las agencias especializadas. Esperando el anuncio. ¿Pagará o no pagará PDVSA? ¿Pagará o no pagará la República? A veces se pagó al límite. En otras se pagó en el plazo de extensión. Cuando el atraso llegaba al extremo, al vencimiento límite, se preguntaban:

-Qué has oído.

-Qué dicen tus contactos en el Ministerio de Finanzas.

-¿Lo último que hará Maduro es no pagar?

-No le conviene al Gobierno ser mal pagador.

-Chávez siempre pagó.

-Maduro no puede echarle esa vaina a ellos mismos.

-Son ellos mismos, los boliburgueses, los que tienen más bonos.

-Tal y cual presionan a Maduro para que pague.

Entonces se enviaban mensajes de Whatsaap. Con la captura del monitor de Bloomberg o la información de Reuters. Anunciaban que el Gobierno pagó. Y se frotaban las manos porque Maduro había pagado. Otra vez. ¿Pero hasta cuándo? Y el hasta cuándo llegó.

Y lo que en principio resultó ser una novedad se convirtió en norma por lo que la preocupación pasó a ser angustia. Y un día Maduro no pagó el primer bono. Y no pasó nada más allá de lo que ya le estaba pasando al Gobierno con las sanciones. Y después no pagó el otro. Y después era el default de verdad. Y se acostumbró a no pagar, por un lado. Porque las demandas que se temieron o se anunciaron nunca llegaron en masa, como tampoco las demandas de las líneas aéreas cuando no se le pagó la deuda comercial. Y por el otro lado, es que no podía pagar.

Entonces, aquellos se encontraban en el dilema de que ya no era posible salir de la posición. No a esos precios. Y allí están. Atrapados. Sin capital y sin intereses.

Pero habían ganado mucho dinero. Eso también dijeron dentro del gobierno de Maduro. Hicieron mucho dinero. Y para algunos aquello era un tren de vida. Un modo de vida. Un sostén de vida. Que termina afectando la vida de muchos otros que dependían de sus propias utilidades. Ahí siguen. No lloran. Pues nadie se arruinó, es cierto. Sin embargo, la renta de los bonos era lo que justificaba y garantizaba el tren de vida y algunos otros riesgos sin recurrir al otro capital. Y eso opera para boliburgueses, bolichicos, emergentes, tradicionales: bonistas en general. Ahora esperan un cambio de viento que devuelva la renta de los bonos. Menos alta, pero que vuelva.

Han salido tantas cifras. Y tantos grupos. Y tantos...

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