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Después de toda la destrucción Maduro quiere seguir siendo Presidente

martes 08 de enero de 2019, 15:00h
Por Orlando Zamora.- Nicolás Maduro se hizo elegir presidente el 20 de mayo de 2018 con poco más de la cuarta parte de los electores. Pero afirmó en entrevista con Ignacio Ramonet que obtuvo el 68% de los votos válidos, lo que representó una millonada de votos sobre el principal candidato opositor.
Maduro otra vez Presidente, ¿para qué? / Foto: nicolasmaduro.org
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Maduro otra vez Presidente, ¿para qué? / Foto: nicolasmaduro.org

Siete meses y 20 días después de ese evento electoral, frente a un país testigo de un cambio sustancialmente terrible en sus vidas, sostiene Nicolás Maduro que asumirá el poder el 10 de enero aunque se oponga el país que sea.

Si las elecciones se habrían celebrado este último diciembre, como siempre fue en el pasado, cuando concluye el mandato presidencial, justo en medio de esta precariedad de vida, caracterizada por carencias y limitaciones de todo tipo, en medio de una Navidad apagada, llena de disputas por perniles como aberración humana y dolor por la separación de millones de venezolanos alejados de sus familias ¿hubiese sido electo Maduro?

¿Cuál es en esta precaria hora el piso político de Maduro? ¿De qué fuerzas ciudadanas dispone? ¿Mediante cuál correlación de fuerzas a favor ascenderá a la primera magistratura este 10 de enero?

Maduro ha completado 6 años dirigiendo el país y los males que heredó de Hugo Chávez se agravaron mucho más, incluso introdujo factores distorsionantes en la vida cotidiana por la falta de alimentos, medicinas, transporte, gas, gasolina, agua, luz y un etc. de problemas.

Impulsó Maduro controles como nunca antes. Así, los productores agrícolas de Barinas, Portuguesa, Cojedes, Guárico y muchos otros deben entregarle a los gobernadores o autoridades el 30% de lo cosechado. La Corporación Venezolana de Café, por ejemplo, compra barato y tarda en pagar la mayor parte del producto y finge que lo produce el Estado.

Rehuyó tomar medidas urgentes en el plano macroeconómico. Por el contrario, impidió la fijación de un tipo de cambio sensato, inventó un cripto activo extraño al sentir popular y, lo más grave, destruyó el valor de la moneda que lleva el nombre del Libertador. El dólar desapareció y se cotiza a 1.000 bolívares soberanos. Reponiendo los cinco ceros de la reconversión, serían 100 millones de los desaparecidos bolívares fuertes por dólar.

En una panadería en Santa Elena de Uairén, todos los precios se fijan en reales brasileños, el bolívar soberano descansa en paz en la Gran Sabana.

Bajo la gestión de Maduro se terminó de destruir a la PDVSA generadora de divisas. Por ello reemplazó esa fuente fiscal por la más dañina e hiperinflacionaria emisión de dinero sin soporte productivo como no tiene memoria la América toda.

Maduro ha insistido también en un modelo, o mejor dicho en un esquema que se dice productivo, mediante el cual el gasto público ineficiente, por su incapacidad de promover bienes y servicios, no funciona. Porque todo esfuerzo por producir algo se mueve alrededor del gobierno central que opaca a los empresarios y personas que quieren generar productos.

Impulsó Maduro controles como nunca antes. Así, los productores agrícolas de Barinas, Portuguesa, Cojedes, Guárico y muchos otros deben entregarle a los gobernadores o autoridades el 30% de lo cosechado. La Corporación Venezolana de Café, por ejemplo, compra barato y tarda en pagar la mayor parte del producto y finge que lo produce el Estado.

Al regular los precios de bienes vitales como una batería de carros, se logró que desapareciera y se generara la corrupción dentro y fuera de la empresa productora.

Cuando Maduro ascendió al poder la actividad económica era el doble de la actual. La producción petrolera se redujo por lo menos en 1,3 millones diarios de barriles. Los dólares percibidos por ella, son los más bajos en los últimos 38 años.

Siguen las iniciativas que cercan a Nicolás Maduro a nivel...

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Los salarios eran ya débiles cuando Maduro inició su gestión, pero ahora la situación es mucho peor porque se unificaron bajo el manto del salario mínimo. En la práctica, al introducir aumentos salariales bimensuales, se produjo mucho daño, se eliminó el mecanismo de escalas que premiaba a los trabajadores con experiencia y mayor productividad.

Al generar constantes ajustes salariales el bolívar compra cada vez menos objetos y servicios. Nadie en un barrio o urbanización puede vivir con alguna solvencia.

La economía en general se descarriló. La formación de los precios no es producto del equilibrio productivo natural. Se desató la especulación porque los bienes escasean cada día. En los barrios y otros sitios la gente vive no del salario mínimo sino de vender lo que sea nuevo o usado. Depende de bonos, subsidios, de objetos extraviados, del canje de cualquier cosa y eso no se pude llamar vida normal.

La popularidad de Maduro no se observa por ninguna parte. No lo aclaman multitudes. Por el contrario, se ha alejado del pueblo, y éste insatisfecho, ha perdido la fe en las promesas de Maduro y el chavismo. Y aun así quiere seguir siendo Presidente.