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Desmontamos todas las mentiras del discurso económico de Maduro

martes 15 de enero de 2019, 15:01h
Por Orlando Zamora.- Los 3 últimos años han sido los peores que registra la memoria de los venezolanos. Al inicio de cada uno de ellos, Nicolás Maduro prometió un mundo mejor y el final de la crisis, la que justo él agravó, aplicando un modelo atrasado. Este lunes ofreció la misma receta. O sea, viene lo “más peor”.
Maduro no podrá con la crisis económica. / Twitter: @PresidencialVen
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Maduro no podrá con la crisis económica. / Twitter: @PresidencialVen

Lo evidente salta a la vista. Maduro siempre se ocupa de cuatro o cinco temas básicos. Son discursos repetitivos. Siempre tiene a mano los aumentos del salario mínimo, que disparan los precios, lo que unido a su habilidad electrónica de generar billardos de bolívares, desplumados por los precios en tan sólo breves horas, lo convierten en el padre único de la hiperinflación.

Y lo volvió hacer. En 5 meses, desde agosto, ilusionó a muchos eliminando cinco ceros de los billardos de ayer, pero al 13 de enero de 2019 la cantidad de dinero que se mueve en la Nación se coloca en la puerta de los 13 ceros de bolívares soberanos, un billardo.

También desapareció los dólares de PDVSA. Por ello tuvo mucho menos para importar. Tampoco ayudó al campo ni a la industria. Al final cerró 2018 con casi 1.700.000% de inflación. Ahora golpea sin cesar al bolívar, nada soberano. Ahora decreta un petro en 36.000 bolívares y un salario general de 18.000 bolívares. Pan hoy, escasez y carestía mañana.

Plantea en la plática discursiva que este es el año del transporte. No sólo ofrece 4.000 vehículos de transporte,promete hacer regresar a las grandes empresas automotrices mundiales, les ofrece las divisas que no tiene. Olvida que Hugo Chávez aún con todos los recursos del mundo, no pudo fabricar más carros iraníes, camiones de Bielorrusia ni carros chinos Orinoco.

Estas decisiones presidenciales producirán en tan sólo 2 meses y medio toda la inflación que generó el Gobierno el año anterior. El dólar oficial Dicom arribará ya a 1.000 bolívares soberanos y el paralelo pisará la franja de los 3.000 a 4.000 bolívares soberanos en 10 días.

Buscará así el ilegitimo mandatario que la inflación oscile entre 10 millones por ciento y 23 millones por ciento en este revolucionario año de 2019.

Con estos movimientos, el salario mínimo siempre será inferior a 6 dólares del mercado paralelo y 18 del oficial Dicom. Nada mejorará. La carrera de los precios, tema que se resiste a enfrentar el presidente no reconocido, superará los salarios, dólares, petros y bolívares pulverizados.

Vuelve Maduro con el tema de los precios acordados. Esto nunca ha funcionado porque va en contracorriente de la hiperinflación del modelo socialista. Hace nada acordó precios de pollos, carnes y cereales. La carne se acerca a 5.000 bolívares soberanos, los pollos van próximos, el pan varía en cada compra. En Margarita el agua en cisterna se paga en dólares.

Todo esto enreda además el problema del efectivo. Del 11% en billetes disponibles en octubre, ahora en enero cae a 6,7% de billetes sobre el total del dinero circulante. A los bancos se les arrincona con un 60% de encaje y un 100% sobre posiciones excedentes. Los bancos no podrán prestar, congelarán las tarjetas de crédito, empeorarán los servicios al público, no activarán cajeros automáticos, cerrarán agencias, etc.

El presidente ilegitimo en funciones de poder, fantasea ofreciendo el bienestar casi inmediato. Pero muy cerca del público que le escuchaba, que por cierto, o tenía una franela de un ministerio, agencia pública o empresas del Estado, entre las esquinas de la Torre, La Marrón y otras, decenas de negocios estaban cerrados, no habían podido abrir luego de ser obligados a vender en diciembre con un descuento del 50%.

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Lucen en sus fachadas una calcomanía que alude a una circular que reza: “Este establecimiento accedió a colaborar con las políticas de precios acordados por el Ministerio de Comercio”. Cinismo.

En sus repetitivos discursos, Nicolás Maduro siempre toca el tema de los impuestos. Ahora los designa como “impuestos a grandes patrimonios”, pues sueña con pechar a los grandes empresarios que se han ido, tanto nacionales como extranjeros. Si redujo la economía a la mitad, ¿de dónde percibirá ingresos fiscales extraordinarios? Fantasea frente a un Estado totalmente quebrado y amenazado de verdad por los tenedores de bonos no honrados a su debido tiempo.

Plantea en la plática discursiva que este es el año del transporte. No sólo ofrece 4.000 vehículos de transporte,promete hacer regresar a las grandes empresas automotrices mundiales, les ofrece las divisas que no tiene. Olvida que Hugo Chávez aún con todos los recursos del mundo, no pudo fabricar más carros iraníes, camiones de Bielorrusia ni carros chinos Orinoco.

Con cual política cambiaria estimulará la fabricación de carros sin un mercado interno e internacional con tantas disputas arancelarias. Delira el presidente desconocido internacionalmente.

Ahora que el Ejecutivo Nacional es tan pobre y trabaja en esencia con dinero sin respaldo o digitalizado por la autoridad monetaria, va a la “adaptación de aumentos de las tablas salariales”, las que previamente destruyó.

Ofrece adicionalmente sin fondos disponibles ni dispuesto en presupuesto alguno extender el “Plan Venezuela Bella” a 50 ciudades importantes de la República, gasto totalmente improductivo con bajo valor agredo.

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Se encuentran tan mal las finanzas en moneda extranjera que PDVSA y las empresas básicas del Estado deberán traspasar al Ministerio de Finanzas el 15% de los dólares recibidos por sus exportaciones y recibir a cambio petros para que compren solo bienes estatales. Círculo vicioso.

Esto es lo que ofrece y promete un presidente sin ideas ni visión de Estado.