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La estrategia de Juan Guaidó marca la diferencia

lunes 21 de enero de 2019, 14:20h
Por Orlando Zamora.- Los efectos devastadores de la experiencia chavista en Venezuela generan y motivan la poderosa reacción de buena parte del mundo para ponerle fin a esta tragedia, alentando, de paso, el rol decisivo de las fuerzas democráticas internas, mayoritarias.
Juan Guaidó rescató una opción de victoria. / Twitter: @jguaido
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Juan Guaidó rescató una opción de victoria. / Twitter: @jguaido

Para las fuerzas democráticas internas, las luchas iniciadas a partir de abril del 2002 no han sido nada fáciles ni lineales. Se ha enfrentado al régimen que ha concentrado los mayores niveles de poder conocido en el país, que organizó una fuerza de Estado sin antecedentes, incluyendo varios ejércitos, y que le ha dado uso particular a los infinitos recursos con que ha contado. Todos los elementos a su favor han sido convertidos en elementos para subyugar y confiscar el modelo democrático. Hay que entender de primero, a qué poder se ha enfrentado la oposición.

El apoyo internacional, un factor nuevo e inesperado, pudiera demostrar que: por primera vez la presión de una buena representación del planeta contribuya, junto al esfuerzo del sufrido pueblo venezolano a la derrota de este modelo totalitario, que atenta contra la civilidad alcanzada en este mundo digital moderno.

La pelea será más firme después del 23 de Enero, que marcará una nueva jornada estelar, que requerirá muchos días o meses. Ahora sí será actual aquello de “quién se cansa, pierde”. Lo decisivo es que el pueblo se mantenga unido y coherente en el desafío. Son circunstancias muy diferente a cualquiera de los retos de los años anteriores. Las cartas están echadas. Las condiciones objetivas no dan para una convivencia de mucho aliento entre el atraso, la corrupción y manipulación, dueñas por ahora del poder y el empuje de la civilidad venezolana cargada de justicia y conciliación nacional.

La acción multinacional la precipitó el cerco del gobierno de Nicolás Maduro a la lucha plural democrática interna, expresada en materia electoral, respeto a las libertades, los DD.HH., y por el uso ventajista del Estado como poder omnímodo. Acorralaron por un tiempo la disidencia opositora. A partir de este mes este cuadro está cambiando. Ante todo esto, Venezuela tiene la fuerza moral de exigir el apoyo del resto del mundo a su heroica lucha.

Así tenemos que las circunstancias post 5 de Enero y 10 de Enero han logrado que coincidan varios aspectos.

Primero: Que la sociedad civil toda plural (que sólo excluye y busca aislar al sector militarmente partidizado y la cúpula usurpadora del poder) de nuevo adquiera de esa infinita conciencia de su propio poder, aún con el concurso parcial de los partidos políticos, el temple que se manifiesta en la asistencia multitudinaria a los cabildos abiertos.

Segundo: Que la unidad se canalice mediante la reivindicación de la hasta ahora acorralada Asamblea Nacional, que hoy disfruta de un liderazgo joven, Juan Guaidó, proveniente de las luchas estudiantiles de 2007, encabezadas por jóvenes y estudiantes al margen de los partidos políticos. Las diferencias entre partidos, ceden paso hoy a la institucionalidad política y legal de la Asamblea Nacional. Institucionalidad imbatible, que resiste toda la artillería disparada desde el TSJ y la ANC.

Tercero: Que se agotó el tiempo y el modelo de Nicolás Maduro. Colapsó irremediablemente en lo político y en lo económico. El pueblo no aguanta más esta terrible e incierta situación. Es un hecho palpable la ilegitimidad legal, política y reputacional de un presidente desconocido por la mayoría de los electores venezolanos y 42 países.

Cuarto: Que por sobre todas las cosas, salvo los cultivadores de la violencia oficial, proveniente del sector represivo y talibán del régimen, nadie quiere ni propugna la violencia como forma de lucha en esta crucial hora. El carácter pacífico mueve más millones de voluntades frente al voluntarioso radicalismo impaciente. Esto hace más compleja esa lucha libertaria.

Y quinto: Que las luchas venideras no se parecerán en esencia a las anteriores, la madurez y experiencia de tantos fracasos, merecidos o no, así lo ameritan de cara a las nuevas realidades.

El efecto Guaidó

El cambio de circunstancias y tiempo político es fenomenal. La política construye la historia sin planificación y con sorpresa. Coincidió un momento estelar, distinto a todos los anteriores y parecido en consenso popular a los primeros eventos de 2002, infortunado por la imprecisión política posterior.

Con la enorme diferencia de que ahora en 2019 el cansancio nacional es infinito, el país está atrapado y sin salida viable, mientras se siga ensayando el socialismo irresponsable destructor de la economía, que exige un costo insostenible para las mayorías.

Quien sólo contempló el teatro de la juramentación de Nicolás...

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La Asamblea Nacional enarbola competencias y autoridad alternativas en situaciones excepcionales previstas en el texto constitucional, como la actual. Esto es indiscutible en lo legal, pero, en lo político que es lo sustancial hoy, el órgano legislativo, por su legitimidad popular, es la pieza vital frente la usurpación del cargo presidencial.

La pelea será más firme después del 23 de Enero, que marcará una nueva jornada estelar, que requerirá muchos días o meses. Ahora sí será actual aquello de “quién se cansa, pierde”. Lo decisivo es que el pueblo se mantenga unido y coherente en el desafío. Son circunstancias muy diferente a cualquiera de los retos de los años anteriores.

Las cartas están echadas. Las condiciones objetivas no dan para una convivencia de mucho aliento entre el atraso, la corrupción y manipulación, dueñas por ahora del poder y el empuje de la civilidad venezolana cargada de justicia y conciliación nacional.

El aislamiento presidencial se está posicionando entre las propias filas del chavismo, esta disidencia dentro del poder es mucho mayor que las experimentadas en el chavismo en toda su historia.