konzapata.com

Por qué el poder de Maduro ya alcanzó el límite

lunes 21 de enero de 2019, 19:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Nicolás Maduro ya no puede ser más poderoso de lo que es. Llegó al límite. Nicolás Maduro, hay que reconocerlo, tiene instinto, tiene olfato de poder, y se ha mantenido en el poder, y ha purgado a aliados, y ha sometido a las fuerza opositoras varias veces consecutivas. Maduro es consciente, sin embargo, de que ese poder no es estable, y cuando cree que estabiliza la nave, los vientos cambian, y otra vez y de nuevo, tiene que ejercitarse en otras maniobras. Este es el caso actual.
Maduro ya no puede convencer ni a los suyos. / Twitter. @NicolasMaduro
Ampliar
Maduro ya no puede convencer ni a los suyos. / Twitter. @NicolasMaduro

No puede ser más poderoso porque las fuerzas internas y externas confluyen todas contra él. Fuerzas cercanas, inclusive, quisieran que la pesadilla terminara. Es este el mayor desafío al que se enfrente Maduro. En el plano internacional está prácticamente solo, deseando que Donald Trump lo reciba para conversar en igualdad de condiciones, aspiración fuera de toda lógica.

No puede Maduro ser más poderoso porque el país vuelve a plantarle cara. El país que estaba dormido está despertando. El país que estaba resignado de pronto se levanta. El país que veía en el éxodo la única vía de escape, de pronto asume la lucha, y la ruta política que se le ha planteado: que cese la usurpación de la presidencia, que comience un gobierno de transición y que haya elecciones libres para que se elija un presidente que conjure todas las crisis.

La línea de la recuperación económica se quedó en línea, ya que el programa económico que lanzó hace más de medio año no le funciona, no le ha funcionado, y aún así insiste en mantenerlo, ofreciendo que el primer semestre de 2019 será el “semestre definitivo de la recuperación y la prosperidad económica, la felicidad económica de todo un país”. ¿Quién le cree? Un banquero dijo: Puede Maduro lanzar el mejor programa del mundo y ya no le creen. No le creerán. No lo creen ni los suyos que claman por un giro en la conducción económica. No le creyeron ni los que asistieron a El Poliedro, que no aplaudían, y lo oían con frialdad perorar que “por todos los cálculos que hecho, por todo lo que estoy haciendo y pensado”, es que ahora sí este semestre va a ser el semestre de la felicidad de un pueblo. En la tercera línea, la lucha contra la corrupción, sí que lo aplaudieron, y hasta de pie. Pero no porque le crean que vaya a luchar contra el flagelo sino porque admitió lo que es una verdad sentida por toda Venezuela: que la corrupción campea en el Gobierno, que la corrupción se ha vestido de rojo, que hay mucho “pillo” en el Gobierno y que la corrupción le le quita al pueblo lo que le pertenece.

Ya Maduro no puede ser más poderoso porque ni siquiera aquellos que dependen de los favores del Gobierno creen en lo que propone. A mediados de diciembre desde El Poliedro lanzó tres líneas de acción: La línea de la paz, expresada en una contraofensiva contra el golpismo y el terrorismo. La línea de la recuperación económica. Y la lucha contra la corrupción. Un mes después, nada hay en la estrategia de Maduro que se ha quedado sin plan.

La línea de la paz de Maduro tampoco tiene lógica, puesto que es suya la primera responsabilidad en la desestabilización del país, declarado usurpador de la Presidencia por parte del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, e ilegítimo por la comunidad internacional, y mucho antes acusado de haber roto el hilo constitucional, por parte de la fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz. La línea de la recuperación económica se quedó en línea, ya que el programa económico que lanzó hace más de medio año no le funciona, no le ha funcionado, y aún así insiste en mantenerlo, ofreciendo que el primer semestre de 2019 será el “semestre definitivo de la recuperación y la prosperidad económica, la felicidad económica de todo un país”. ¿Quién le cree? Un banquero dijo: Puede Maduro lanzar el mejor programa del mundo y ya no le creen. No le creerán. No lo creen ni los suyos que claman por un giro en la conducción económica. No le creyeron ni los que asistieron a El Poliedro, que no aplaudían, y lo oían con frialdad perorar que “por todos los cálculos que hecho, por todo lo que estoy haciendo y pensado”, es que ahora sí este semestre va a ser el semestre de la felicidad de un pueblo. En la tercera línea, la lucha contra la corrupción, sí que lo aplaudieron, y hasta de pie. Pero no porque le crean que vaya a luchar contra el flagelo sino porque admitió lo que es una verdad sentida por toda Venezuela: que la corrupción campea en el Gobierno, que la corrupción se ha vestido de rojo, que hay mucho “pillo” en el Gobierno y que la corrupción le le quita al pueblo lo que le pertenece.

Maduro ya no puede ser más poderoso. De hecho, parece que no confía puertas adentro en quienes tienen que defenderlo. Cuando lanza la línea de lucha contra el golpismo, el terrorismo y el imperialismo, pide que sea una lucha junto al pueblo, y luego de juramentarse ante el TSJ el 10 de Enero, en otro acto, hace que los militares le juren lealtad. Y no obstante, de manera extraña, a una semana del 23 de Enero, fecha en que la oposición convoca a concentrarse, arriban al país 2.500 médicos y especialistas cubanos. ¿Cuántos en verdad son médicos? ¿Por qué precisamente ahora esta nueva avanzada de cubanos en el país?

Tal vez esta avanzada tiene que ver con la represión. Corre que en la Guardia Nacional hay resistencia a reprimir como en el pasado. Algo parecido se está produciendo en los organismos policiales. Lo cual confirma que ni aún por esta vía, Maduro puede ser más poderoso de lo que ya es. Hay quienes consideran que Maduro puede aumentar su poder apelando a más autoritarismo y más dictadura. Y, sin embargo, las señales que provienen de adentro son diferentes. El frustrado intento de hace dos domingos de detener a Juan Guaidó, es una señal en tal sentido. Si Maduro pretende reprimir con la crueldad de otras veces, si pretende concretar la consigna de que al enemigo hay que volverlo polvo cósmico, se va a encontrar con otra prueba evidente de que su poder ha llegado a un límite. Y de allí en adelante, pueden precipitarse otros hechos. A Hugo Chávez le ocurrió el 11 de abril de 2002. Ese día la Fuerza Armada se negó a activar el Plan Avila de la represión.

El hecho político se llama el 10 de enero. La juramentación...

Leer más