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El gobierno de Maduro entra en la fase de crisis de gobernabilidad

jueves 24 de enero de 2019, 17:00h
Por Orlando Zamora.- El 23 de Enero vuelve a representar una fecha libertaria para Venezuela a 61 años del fin de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. En las principales ciudades del país y en muchas ciudades extranjeras, millones de venezolanos vieron renacer la fe por el definitivo retorno democrático al país.
La gente protesta a Maduro. / Twitter: Nicolás Maduro
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La gente protesta a Maduro. / Twitter: Nicolás Maduro

Solamente en Caracas, durante más de tres horas y media desfilaron por ambos sentidos de la avenida Francisco de Miranda, miles de ciudadanos respaldando al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, quien se juramentó como primer mandatario nacional provisional ante la usurpación de ese cargo por parte de Nicolás Maduro.

18 naciones reconocieron a Guaidó. Mientras que el TSJ de Dos Pilitas (Caracas), insta al Ministerio Público a iniciar acciones judiciales a todo el cuerpo Legislativo por su decisión de sustituir a Nicolás Maduro de la Presidencia de la República.

Éste rompe las relaciones diplomáticas con EE.UU., para enfocar y centralizar la crisis multifactorial, como exclusivamente derivada por la injerencia del imperialismo yankee, ocultando que es el pueblo venezolano el que le rechaza en forma frontal.

Como en todo país que se observe una trasmisión forzosa del mando de la dirección de la sociedad, esta se produce cuando las fuerzas gobernantes se hayan en su peor momento y circunstancias muy adversas, insuperables. Como cuando Pérez Jiménez acorralado políticamente abordó el avión ( La Vaca Sagrada) para abandonar definitivamente el país.

El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, mediante un mensaje publicado en las redes sociales expresa su pleno apoyo a Maduro. Idéntico apoyo expresó el jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada, Remigio Ceballos. Esta dirigencia nunca fue neutral. Es una parte muy comprometida con el modelo fracasado.

A pesar de que Juan Guaidó reclame tener la legitimidad constitucional, de gozar del apoyo mayoritario de la población, muy descontento con el gobierno de Nicolás Maduro, de penetrar con algún éxito a ciertas barriadas populares que protestan como nunca antes lo habían hecho contra Maduro, no puede en lo inmediato ejercer en forma práctica todo el poder encomendado por la Asamblea Nacional, a pesar de recuperar ésta un sorprendente poder político y una inédita capacidad movilizadora de masas como lo probó este 23 de enero.

Lo que le restaría a Guaidó es nada más y nada menos que ejercer la Comandancia en Jefe de la Fuerza Armada, único obstáculo, tal vez, para su acceso final al Palacio Presidencial de Miraflores, sin omitir por supuesto la resistencia del madurismo-chavismo a cederle pasivamente el poder.

Evidentemente nada de esto se cumplirá a través de algún mecanismo de diálogo, concesiones del chavismo ni presión de por lo menos la dirigencia superior de la Fuerza Armada.

Como en todo país que se observe una trasmisión forzosa del mando de la dirección de la sociedad, esta se produce cuando las fuerzas gobernantes se hayan en su peor momento y circunstancias muy adversas, insuperables. Como cuando Pérez Jiménez acorralado políticamente abordó el avión ( La Vaca Sagrada) para abandonar definitivamente el país.

Ese crucial momento puede llegar, vista la insalvable crisis que sacude a la nación venezolana en todo sentido. Se ha resquebrajado ya el dominio monolítico del PSUV sobre la calle y la institución castrense. Media docena de episodios rebeldes en los niveles bajos del componente militar así lo indican.

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El desborde a nivel de colapso de la economía nacional en todas sus vertientes, encaminan al país no sólo a niveles hiperinflacionarios de millones por ciento, a la sustitución del pulverizado bolívar por dólares hasta en niveles bajos de la población, sino también a más desempleo y miseria.

Luce así, para cualquier observador, que una profunda crisis de ingobernabilidad está muy próxima, y la misma coincidirá con múltiples conflictos. Estamos en el inicio de la mayor conflictividad experimentada por el chavismo en sus veinte años de desgobierno y fracasos.