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Juan Guaidó obliga a Maduro a salir de la trinchera del Palacio de Miraflores

lunes 28 de enero de 2019, 14:44h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- El discurso militar de Nicolás Maduro ya es viejo. Suena a disco rayado. Maduro llama a la lealtad, a la cohesión, a la disciplina interna. Maduro no quiere sorpresas. Teme sorpresas. Si no las temiera, no actuara en reacción. Pues lo de este domingo en el fuerte Paramacay fue en reacción a la propuesta de Juan Guaidó de que la gente se acercara a los militares y les entregara, les hiciera saber los detalles de la Ley de Amnistía.
Twitter: @jguaido
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Twitter: @jguaido

El discurso militar de Maduro se agota. Insiste en el discurso sabiendo que en la Fuerza Armada asoman las grietas y que es cuestión de tiempo que por algún lugar, por algún comando, por algún fuerte, unidad o batallón, se rompa el dique de la “unión”.

El discurso militar creativo lo expone Guaidó. Con la Ley de Aministía. Con la reconciliación Con el llamado a restaurar la institucionalidad democrática y con el llamado a que los soldados, los efectivos de la Guardia Nacional, no le disparen a la gente.

El discurso militar de Maduro se agota. Insiste en el discurso sabiendo que en la Fuerza Armada asoman las grietas y que es cuestión de tiempo que por algún lugar, por algún comando, por algún fuerte, unidad o batallón, se rompa el dique de la “unión”. El discurso militar creativo lo expone Guaidó. Con la Ley de Aministía. Con la reconciliación Con el llamado a restaurar la institucionalidad democrática y con el llamado a que los soldados, los efectivos de la Guardia Nacional, no le disparen a la gente. Así Guaidó ha obligado a Maduro a salir de la trinchera del Palacio de Miraflores.

Así Guaidó ha obligado a Maduro a salir de la trinchera del Palacio de Miraflores. Maduro comienza a recorrer los cuarteles militares. Arengando con la arenga de siempre. Y advirtiendo que leales siempre, traidores nunca. Maduro sabe que tiene que fajarse a fondo con los militares, pues masas, pueblo, ya no le queda. Ya no puede mostrarse en la calle. Ya no puede recorrer las calles.

De modo que Maduro reacciona. En el pasado, la cúpula militar lo elevó hasta la condición de estadista, señalando que era el líder de la paz. Pero hoy Maduro no garantiza la paz. No se la garantiza a los militares. Tampoco a los venezolanos. Por el contrario, se sabe que es Maduro quien comanda la posición de que el Grupo de los 7 debe resistir a todo evento en el poder, cualquiera sea la consecuencia. Y esta no sería otra que la violencia. Hasta esa línea quiere llegar Maduro.

-En alianza con la cúpula militar favorecida por el entramado de intereses y negocios.

-En alianza con los grupos violentos que formó el chavismo en los últimos 15 años.

-En alianza con los comandos especiales cubanos que operan en el país.

-En alianza con las fuerzas del ELN.

-En alianza con grupos disidentes de las FARC.

Informes de inteligencia de Colombia y España aseguran que el ELN está concentrado el mayor número de fuerzas en la frontera colombo-venezolana.

La cúpula instalada en el Palacio de Miraflores ha dejado filtrar que si son desalojados del poder, el movimiento podría derivar hacia acciones más allá de lo que puede entenderse como guerra de guerrillas. Es decir, incursionar en los siniestros dominios del terrorismo. Y no solo en Venezuela, también hacia el resto de América Latina. Este chavismo tendría recursos para ello. Conexiones y botín. Echados del poder, se plantearían una operación que buscaría impedir que Venezuela se estabilizara con un nuevo gobierno, y de paso desestabilizar a toda la región, ya de por sí impactada por la crisis y el éxodo venezolano. Elías Jaua ha escrito en un reciente artículo en Aporrea: “Llegada la hora, el pueblo y sus cuadros no se deben inmolar innecesariamente. La Patria requerirá de sus mejores hijos e hijas para una larga resistencia y su posterior renacimiento. Para ellos, los revolucionarios y revolucionarias tenemos que planificar, cada quien en su territorio, y no improvisar”.

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Por ello el factor Fuerza Armada es clave. Y así lo concibe Guaidó. El apoyo contundente, firme y claro de la Fuerza Armada trastocaría los planes de los que dentro del chavismo optan por la violencia. El general Vladimir Padrino López ha advertido de guerra civil, lo cual son palabras mayores. Sin embargo, el pueblo exige cambio, y lo exige en demostración mayoritaria. Esto indica que la Fuerza Armada también está obligada a escoger por el cambio, y no plegarse a los propósitos de quienes plantean un desenlace violento. Guaidó no está proponiendo un golpe de Estado. Guaidó no está proponiendo que la gente salga a enfrentarse con los militares sino que salgan a su encuentro, de manera pacífica e “inédita”. La gente está movilizada y se organiza. Y es la organización lo que garantizará que la movilización de este sábado supere a la del 23 de Enero. Esa concentración que se registrará en todo el país y el mundo confirmará un mensaje para Padrino López y el Alto Mando Militar: que no puede haber guerra civil cuando la mayoría se expresa en una sola dirección.