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¿Quiere el Banco Central quebrar a la banca privada?

miércoles 30 de enero de 2019, 18:00h
Por José Manuel Rotondaro.- En el mundo de las finanzas ha habido una larga discusión sobre si la supervisión bancaria debe ser una función del Banco Central o no. El principal argumento de quienes creen que no es que un banco central debe tomar sus decisiones de política monetaria de manera independiente de la situación financiera de la banca. Aún no hay un consenso al respecto ni en la práctica internacional ni en la teoría económica.
¿En el BCV hay un plan siniestro? / Foto: http://ciudadccs.info
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¿En el BCV hay un plan siniestro? / Foto: http://ciudadccs.info

Pero el Banco Central de Venezuela está llevando al extremo la premisa de que el objetivo monetario debe alcanzarse sea cual sea el costo para la estabilidad financiera. Las medidas adoptadas esta semana, sin la habitual fanfarria presidencial de los últimos años ha despertado las alarmas de banqueros y analistas por igual. Pocas veces un banco central ha tomado decisiones, como las conocidas el lunes en materia de encaje y mercado cambiario, que claramente colocan a la banca en el camino de la insolvencia.

La medida de encaje endurece las que progresivamente ha venido estableciendo el BCV desde agosto pasado. Pero esta vez como que no sacaron las cuentas. En síntesis, la banca deberá mantener depositados en el BCV sin remuneración el 57% del saldo de sus depósitos al 25 de enero. Adicionalmente, el 100% del incremento en los depósitos desde esa fecha también deberán ser encajados.

¿Cuál será el efecto estimado de los encajes?

El impacto económico de ambos encajes dependerá, por una parte, de la situación de cada banco (mezcla de depósitos y de activos remunerados) y, más relevante, de la evolución de los agregados monetarios - ligado al gasto público - en las próximas semanas.

Pero el Banco Central de Venezuela está llevando al extremo la premisa de que el objetivo monetario debe alcanzarse sea cual sea el costo para la estabilidad financiera. Las medidas adoptadas esta semana, sin la habitual fanfarria presidencial de los últimos años ha despertado las alarmas de banqueros y analistas por igual. Pocas veces un banco central ha tomado decisiones, como las conocidas el lunes en materia de encaje y mercado cambiario, que claramente colocan a la banca en el camino de la insolvencia.

Pero el BCV debió haber medido los efectos de la medida tomando en cuenta que la banca está sometida a rigideces en sus balances y precios por regulaciones del propio BCV. En primer lugar están las tasas de interés que son fijadas por el ente emisor, un techo para las activas y un piso para las pasivas. Además una parte de la cartera de créditos tiene que ser dirigida a sectores específicos, casi todos con tasas de interés aún más bajas.

Por el lado pasivo, hay que reconocer que los depósitos remunerados (cuentas de ahorro y depósitos a plazo fijo) prácticamente han desaparecido, pero la banca no puede impedir que sus clientes coloquen dinero en ese tipo de cuentas.

El otro gran rubro de los activos remunerados en la banca privada, las inversiones, se concentran fundamentalmente en bonos públicos en divisas. Si bien estos tienen cierta protección contable al ajustar su valor con las variaciones del tipo de cambio oficial, sus rendimientos nominales son bajos. En un contexto de estabilidad del tipo de cambio, como a la que aspira el BCV, esos bonos aportarán pocos ingresos.

Pero nada mejor que un ejercicio hipotético sobre el efecto de la medida en un balance bancario simplificado para entender lo absurdo de la medida. Comencemos con los ingresos. La banca obtiene ingresos fundamentalmente de dos rubros: créditos e inversiones. Las comisiones, controladas por el BCV, quizás alcancen a cubrir los costos de las operaciones pero no son hoy una fuente de ingresos neta.

Para este ejercicio supongamos que las inversiones tienen un rendimiento promedio de 8% anual. Sin considerar el efecto cambiario, esto puede ser generoso dado que las tasas de interés de la deuda pública en bolívares así como de los instrumentos de absorción monetaria del BCV usualmente están por debajo de esa tasa.

En el caso de los créditos, el 17% son de carácter obligatorio con tasas inferiores a las máximas que fija el BCV, fundamentalmente créditos agrícolas con una tasa de 13% anual. En el otro extremo, las tarjetas de crédito, que representan el 8% del total, tienen una tasa máxima de 29%. Para este ejercicio supondremos que la banca cobra el máximo permitido, 24% anual sobre el resto. Eso da como resultado una tasa promedio para los créditos de 22%anual.

Por el lado del pasivo, el CV estipula que las cuentas de ahorro reciban como mínimo 16% mientras los depósitos a plazo fijo son remunerados al 14%. Para ilustrar lo absurdo de la medida, es necesario asumir un banco cuyos depósitos es una mezcla de estos dos tipos de depósitos remunerados, con una tasa promedio de 15% anual. Esto no es lo real hoy pero la banca no tendría forma para evitar que ocurra.

Con estos parámetros, la banca obtendría ingresos financieros inferiores a los gastos por depósitos sobre sus saldos al 25 de enero. ¿Cómo podrá cubrir salarios y otros gastos operativos?

Establecer una medida con estas consecuencias potenciales es absurdo. Aquí lo relevante es si hay un banco con depósitos remunerados significativos o no. El BCV sencillamente está atentando contra la estabilidad financiera.

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El encaje marginal es la bomba atómica

Considerando que los balances bancarios se han venido duplicando mensualmente por el gasto fiscal financiado por el BCV, pronto será el encaje marginal (100% del incremento) el que dejará a la banca sin capacidad de operar con equilibrio de resultados. Al no poder otorgar créditos mientras sus depósitos crecen, pronto los ingresos que obtengan por los saldos que le queden de créditos e inversiones remuneradas resultarán ínfimos frente a la nómina y gastos operativos, cualquiera que sea el nivel de depósitos remunerados.

Esto es una locura y sólo puede ser explicado por la incapacidad de la directiva del banco central por entender que la inflación - y como consecuencia la depreciación del bolívar - tiene su origen en el dinero que alegremente le da al gobierno.

Hay un precedente histórico en la región para un encaje del 100%: México 1984-1988. Pero la banca estaba nacionalizada y la medida era sencillamente una forma de canalizar los depósitos para financiar al Fisco. ¿El resultado? Los niveles de inflación más elevados que ha vivido la nación azteca.