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La historia secreta de una frase mortal de Diosdado Cabello

viernes 08 de febrero de 2019, 15:02h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Esta es la historia de una frase tenebrosa. Una de Diosdado Cabello que no es suya. Ya lo diremos. No sin antes recordar que están de moda las frases peligrosas. Como la de Maduro de que para evitar una guerra hay que prepararse para hacerla “impagable desde el punto de vista de costos militares, humanos”. Una frase que dice mucho del personaje que antes de aceptar la realidad, la correlación de fuerzas de la que escribe Francisco Arias Cárdenas, y negociar una retirada digna, prefiere la tierra arrasada, prefiere los costos humanos, impagables. Considera Maduro que solo los costos estarán del lado de los invasores, en este caso los Estados Unidos, pues para la defensa dice que cuenta con “el poderoso ejército bolivariano”. ¿En qué piensa Maduro?
Caricatura: Mariana Zapata
Caricatura: Mariana Zapata

Piensa en lo que piensa Diosdado Cabello. En las mismas claves de Cabello. Leo en el diario El Mundo de Madrid, con firma de Daniel Lozano, que Cabello le envió el siguiente mensaje a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y presidente encargado:

-Mire señor, Guaidó, usted no ha escuchado el silbido de una bala cerca, no sabe qué se siente cuando una bala pega a tres centímetros.

Esa frase tiene la siguiente historia. Conecta directamente con Tal Cual y con Teodoro Petkoff. El país está a punto de un desenlace. Tal vez como ahora, 2019. Y Bernal le solicita una entrevista a Petkoff. Se acerca a la redacción del diario que entonces quedaba en Boleíta Norte, que fue donde nació. Bernal y Petkoff hablan del estado de tensión. Habla más Bernal que Petkoff. Yo estoy allí, en calidad de Jefe de Redacción. Yo escucho. Solo escucho y por ello ahora recuerdo. Bernal habla de guerra civil. Bernal habla de los compañeros que están dispuestos a todo. Ya existen los Círculos Bolivarianos. Ya siembran el terror. La violencia siempre ha acompañado al chavismo.

No. Seguro que Guaidó no lo sabe. Guaidó no es militar. Guaidó no es policía. Guaidó no es malandro. No es mafioso. No es pistolero. No es un bárbaro. Guaidó es como Rómulo Gallegos, quien tampoco podía conocer el silbido de una bala a tres centímetros de la oreja aunque hubiera escrito sobre el tema. Porque Gallegos era un civilista, Gallegos era lo que no es Cabello, lo que no es Maduro. Gallegos era un hombre de paz. A Gallegos lo tumbaron los militares y entre ellos Marcos Pérez Jiménez, a quien Hugo Chávez admiraba y ponía como ejemplo.

Pero esa frase de Cabello no es original. Nada es original en el libreto de Cabello. Que lo diga Henry Ramos Allup que ya se lo dijo en la cara al cabo de unos cuantos gritos –tomó la palabra para pronunciar lo que menos parecía un discurso-que lanzó Cabello desde la tribuna de la Asamblea Nacional cuando todavía la bancada del PSUV y del gobierno de Maduro asistía a la Asamblea Nacional. La frase de la bala viene de febrero o marzo de 2002, de aquellos tiempos de tensión, de aquellos días previos al 11 de abril que terminó con la salida de Hugo Chávez del poder, echado por el pueblo de Caracas volcado a la calle. Esa frase la pronunció Freddy Bernal, el policía, el ex alcalde de Caracas, también diputado. Lo más seguro es que Cabello se la escuchó a Bernal, quien era su amigo, su hermano, su aliado, y juntos estaban dispuestos a irse al monte, a la guerrilla, en caso de que fueran desalojados del poder.

–El 11 de abril le dije a Bernal que me iba para el monte y él me dijo que quería formar parte de mi pelotón, me dijo Cabello por allá en 2005.

Esa frase tiene la siguiente historia. Conecta directamente con Tal Cual y con Teodoro Petkoff. El país está a punto de un desenlace. Tal vez como ahora, 2019. Y Bernal le solicita una entrevista a Petkoff. Se acerca a la redacción del diario que entonces quedaba en Boleíta Norte, que fue donde nació. Bernal y Petkoff hablan del estado de tensión. Habla más Bernal que Petkoff. Yo estoy allí, en calidad de Jefe de Redacción. Yo escucho. Solo escucho y por ello ahora recuerdo. Bernal habla de guerra civil. Bernal habla de los compañeros que están dispuestos a todo. Ya existen los Círculos Bolivarianos. Ya siembran el terror. La violencia siempre ha acompañado al chavismo. El gobierno de Chávez lleva consigo la violencia, la del verbo y la real, más allá de la amenaza. Bernal sigue hablando. Tiene esa imagen de hombre de cuidado. Viene de las fuerzas especiales de la Policía Metropolitana. Es un hombre odiado. De hecho, será de los más buscados entre la madrugada del 12 y el 13 de abril, hasta que Chávez regrese al poder. Pero Chávez, por su parte, también lo seguirá odiando porque Bernal le reclamó que era un cobarde por entregar el poder y Bernal a su vez le guardaría rencor a Chávez porque en la horas de la crisis, sabiéndose que lo iban a perseguir, le pidió a Chávez llevarse en el avión para La Habana a su familia, a lo que Chávez se negó. Al final, nadie se fue para La Habana. La historia dio otra vuelta de tuerca. En la redacción de Tal Cual, Bernal habla. Y habla como si estuviera montado en un operativo policial. Entonces dijo la frase.

-Teodoro, lo que pasa es que ninguno de esos que quieren sacar a Chávez no ha escuchado el silbido de una bala cuando le pasa a tres centímetros de la oreja, cuando la bala pasa rozando la oreja.

Freddy Bernal no se entendía con Hugo Chávez / Twitter: @FreddyBernal

Eso dijo Bernal, y diciéndolo, Teodoro, que fue guerrillero, que conocía del tema, que era político, periodista, escritor, y hasta poeta y novelista, un civilista y un humanista como Gallegos, como Guaidó, lo atajó con estas palabras:

-Freddy, yo te recomiendo que no repitas más nunca esas palabras. Ya tú no eres un policía. Tú eres un político y los políticos no hablan en esos términos.

Bernal calló. Hizo una pausa. Se disculpó. Y de allí en adelante bajó el tono y le dio un giro a la conversación. Pero Bernal no aprendió la lección. No puede cambiar su naturaleza. Por ello Maduro lo envía para el estado Táchira. Lo hace protector del Táchira. Y en poco tiempo el Táchira lo conoce y conoce lo que va dejando atrás, por donde pasa. Y no puede ser de otra manera porque en el chavismo se confunden esos roles del político y el policía, del político y el militar, del político y el asesino, del político que no usa un lenguaje político sino un lenguaje militar y policial, pues Chávez creía y los demás lo creen, como Cabello, como Maduro, como Bernal, que la escena política es un cuartel militar, de discurso militar, de consigas militares, de nomenclatura militar para los códigos partidistas y electorales, que son esencialmente actividades civiles. Y lo peor no es que los militares hayan mutado hacia la política partidista sino que los civiles asumieron los códigos del militar, de la guerra, de la batalla, del pelotón.

De allí viene la frase que Cabello ha rescatado, y que enlaza con esta otra que también pronunció en el mismo acto y que tiene que ver con el diablo, porque a la dirigencia chavista le encanta invocar el diablo: “Una cosa es llamar al diablo y otra cosa verlo venir”. Que esta frase también la pudo haber dicho Bernal. Al fin y al cabo, Cabello y Bernal han soltado amenazas juntos. Para prueba esta otra pequeña historia de 2008: En la campaña regional de 2008, cuando Cabello busca la reelección como gobernador del estado Miranda, los laboratorios de propaganda del gobierno de Chávez sacan a la luz el ya manido tema del magnicidio. En esta oportunidad, Diosdado Cabello suelta las amarras de las emociones y en verbo de botiquín de esquina dice:

–Si a Chávez le ocurre aunque sea un rasguño, ten la seguridad, Alberto Federico Ravell, que te voy a buscar donde quiera que estés. Tú, Ravell, estás metido en la conspiración. Lo mismo Miguel Henrique Otero, dueño de El Nacional, y también los dueños de El Universal. Son los que están dirigiendo la conspiración para asesinar al presidente Chávez.

Esto ocurría frente a la sede de la Fiscalía General de la República. Y en una tarima arengaba al grupo que lo había acompañado a introducir la solicitud de averiguación contra el papel de Alberto Federico Ravell y Globovisión en el magnicidio. Pasan los años, y en la Asamblea Nacional como en la Asamblea Nacional Constituyente, es el mismo Cabello de verbo en guerra permanente. Verbo duro. Ceño fruncido. Rostro de piedra. Lenguaje directo de amenaza y presión.

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En ese acto, en la Fiscalía, ¿quién lo acompañaba? El alcalde de Caracas, Freddy Bernal. Lo secundaba con un discurso más radical, de acuerdo a su propio ser: “Si en un supuesto negado matan al Presidente”, a ellos “los vamos a quemar vivos para que respeten”. Palabras de Bernal, el ex policía, el ex alcalde, que por un tiempo no se despegaba de la sombra de Cabello, después rompieron y ahora otra vez las circunstancias los ha vuelto a unir. Tanto que una frase los identifica. Una frase mortal.