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Si hay cambio de gobierno, ¿qué hacer con la dolarización?

lunes 25 de febrero de 2019, 14:00h
Por José Manuel Rotondaro.- Los fanáticos de la dolarización como salida fácil y mágica para la hiperinflación en Venezuela, han usado el ejemplo de Zimbabue como una demostración de su capacidad para instantáneamente estabilizar los precios. Efectivamente Zimbabue tuvo la mayor hiperinflación en tiempos recientes hasta que el fenómeno se desató en Venezuela.
La dolarización no es una herramienta mágica. / Foto: torange.biz
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La dolarización no es una herramienta mágica. / Foto: torange.biz

Lo que rara vez mencionan los promotores de la dolarización, desde Jeffrey Sachs hasta Francisco Rodríguez, es que la dolarización en sí es insuficiente para encaminar la economía por una senda de estabilidad sostenida.

Siempre arguyen que el fracaso de la caja de conversión en Argentina obedeció a que no fue una dolarización total y radical, contrastando la experiencia austral con la ecuatoriana, que aún se mantiene bajo una economía dolarizada.

La formal ‘des-dolarización’ ayer en Zimbabue, por darle un nombre, ha sido gradual. Arrancó hace unos 5 años con la emisión por parte del banco central por un lado de unos instrumentos cuasi monetarios denominados “bonos moneda’ con un valor equivalente al dólar de los Estados Unidos.

Esta movida también tuvo un antecedente en Ecuador, cuando el gobierno de Correa hizo aprobar en el Congreso una ley que ordenó al banco central a desarrollar una moneda electrónica. Esta decisión fue inmediatamente percibida por la oposición y el sector empresarial como el inicio de un abandono de la dolarización. A la postre, el banco central creó un mecanismo similar a una billetera electrónica, orientada fundamentalmente a capturar los dólares enviados como remesas a Ecuador. Pero fue tanta la desconfianza con el producto que la página web del sistema omitía toda mención al banco central o al gobierno. Al asumir la presidencia del país Lenin Moreno, una de sus primeras medidas fue ordenar el cese de ese mecanismo.

En sí, esta acuñación no fue vista como un abandono de la dolarización. Otros países han optado por acuñar monedas fraccionarias por el enorme costo de importar y distribuir piezas metálicas con bajo valor nominal. Panamá ha venido acuñando ‘balboas”, la moneda oficial, pero que no existe en billetes, y Ecuador hizo lo mismo con los ‘centavos de dólar ecuatorianos”.

Pero en Zimbabue los problemas estructurales que generaron la hiperinflación, principalmente el déficit fiscal, no fueron solucionados por la dolarización. Por ello en 2016 el banco central comenzó a emitir unos “bonos” denominados en dólares, a la vez que insistía que no era emisión de una moneda propia sino meramente la representación física de las reservas en dólares estadounidenses, y que su propósito era facilitar las transacciones de bajo monto.

En paralelo, el banco central comenzó a entregar a los bancos versiones electrónicas de esos bonos, en lugar de entregarles fondos canjeables por dólares reales. Con esta otra medida, el banco central obtuvo la holgura para volver a financiar el déficit fiscal del gobierno de Mugabe.

Esta movida también tuvo un antecedente en Ecuador, cuando el gobierno de Correa hizo aprobar en el Congreso una ley que ordenó al banco central a desarrollar una moneda electrónica. Esta decisión fue inmediatamente percibida por la oposición y el sector empresarial como el inicio de un abandono de la dolarización. A la postre, el banco central creó un mecanismo similar a una billetera electrónica, orientada fundamentalmente a capturar los dólares enviados como remesas a Ecuador. Pero fue tanta la desconfianza con el producto que la página web del sistema omitía toda mención al banco central o al gobierno. Al asumir la presidencia del país Lenin Moreno, una de sus primeras medidas fue ordenar el cese de ese mecanismo.

Volviendo al caso de Zimbabue, al poco tiempo de aparecer los “bonos” comenzó a observarse en el mercado que su cotización se alejó de la paridad formal con el dólar de Estados Unidos. Ni el gobierno ni el banco central admitieron que esa disparidad de cotizaciones fuera oficial, lo cual causó más de un inconveniente a la banca que enfrentaba demanda de sus clientes de dólares de EE.UU. pero sólo podía ofrecerles los bonos a la par.

Esta situación perduró durante la crisis política que culminó con la salida de Robert Mugabe de la presidencia y su sustitución por su segundo, Emmerson Mnangagwa. El cambio político, sin embargo, no se tradujo en un viraje en la conducción económica y la devaluación de facto de los bonos se agudizó. El 19 de febrero el gobierno y el banco central finalmente admitieron su incapacidad para mantener la paridad teórica y reconocieron que los bonos en realidad son una moneda doméstica.

Como reza el proverbio, guerra avisada no mata soldado...

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¿Cuál es la lección?

Una hiperinflación puede ser detenida drásticamente si se adoptan medidas que restituyan la confianza de los ciudadanos en el dinero que tienen en sus bolsillos. Sustituir la moneda despreciada por personas y empresas por una que mantenga su valor en el tiempo es una de las herramientas posibles. Pero de nada sirve esa sustitución si no viene acompañada de medidas que apunten a restituir los equilibrios que han desaparecido de la economía:

Reducción significativa del déficit fiscal.

Prohibición absoluta de su financiamiento por parte del banco central.

Permitir que todos los precios se fijen en el mercado. Remover los obstáculos para que las empresas produzcan los bienes requeridos.

Dejar que las tasas de interés se ubiquen en niveles que estimulen a la población a no gastar todo lo que perciben y que hagan poco atractivo a los comerciantes y empresarios a mantener inventarios de productos en lugar de venderlos de inmediato.

En 2018 la población venezolana le dio la espalda a una propuesta política que en gran medida descansaba en la dolarización como el eje de la política económica.

Revertir 20 años de mala gestión económica no va a ser fácil ni indolora. Pero lo peor es tratar de hacernos creer que hay una varita mágica que hará desaparecer todo lo que está mal en la economía venezolana.

La representación diplomática de Venezuela en el Reino Unido...

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