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Ya la victoria de Juan Guaidó no tiene marcha atrás

martes 05 de marzo de 2019, 15:00h
Por Orlando Zamora.- ¿Por qué no detuvieron a Guaidó?
Y el régimen no detuvo a Guaidó / Twitter: @AsambleaVE
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Y el régimen no detuvo a Guaidó / Twitter: @AsambleaVE

El ex gobierno de Nicolás Maduro cede y permite su ingreso al país. Sufre así el chavismo una importante derrota política. Opta por la alternativa de menor costo. Los adelantamos ayer en KonZapata. Corrobora que después de la unidad opositora y la gente en la calle, el mejor aliado del gobierno de Juan Guaidó son los 55 países que lo apoyan. Todo el tiempo, en las redes sociales, millones seguían en tiempo real cada paso de la caravana presidencial, que ya es caravana presidencial.

No abandonan la usurpación. El ministro Jorge Rodríguez lo sostiene al convocar a un amplio “diálogo”, adelantando una premisa: “No habrá nuevas elecciones”. En las próximas semanas, aumentará la presión nacional y mundial por nuevas elecciones libres sin la presencia del gobierno de Maduro. Esto es ya el punto de convergencia en América y parte de Europa, a excepción de algunos amigos y seguidores del chavismo, cuyo desgaste en este 2019 alcanza una máxima decadencia histórica. Constituye hoy el esqueleto de lo que fue un fornido poder popular.

Fue indescriptible la reacción popular de bienvenida y apoyo brindado en el aeropuerto, calles, playas de Vargas. Luego en la autopista hacia Caracas, entrando a la ciudad, los vecinos cercanos querían apostarse, y se apostaban, en la ruta para saludarlo.

En la Plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes fue apoteósico el recibimiento, y en 22 estados el entusiasmo de la movilización del pueblo impregnada de esperanza fue similar.

La periodista Blanca Vera Azaf narra ese momento así: “No existe manera de describir el fervor que despierta el Presidente Interino. Yo nunca había visto algo así en mi país”.

Toda la Nación escuchó sus palabras e ideas adecuadas para afrontar la terrible crisis nacional y el desvío de sus instituciones. Afloraron como una respuesta necesaria y precisa al desconsuelo actual. El optimismo y la voluntad de luchar regresó junto a Juan Guaidó.

Habló de la esperanza, del futuro cercano, de la vuelta a la decencia, de la unidad necesaria, de garantizar la ayuda humanitaria, lograr la honestidad en el manejo del Estado. Mencionó la voluntad de muchos empresarios, cuyas fábricas fueron incautadas, de volver a invertir en Venezuela.

Solicitó retomar las calles, prometió reunirse con los sindicatos públicos para incorporarlos a las luchas por sus derechos y salarios perdidos. Sin duda su fe en el triunfo sobrepasa su visión política esperanzadora sobre el destino inmediato de Venezuela.

El proceso liberador no tiene marcha atrás

El pueblo unido en la calle y la extraordinaria solidaridad activa de los países verdaderamente preocupados por la situación del país acercan cada vez más el sueño de alcanzar el poder sin violencia, mediante las armas legítimas de la Constitución.

Es una gran tarea, un reto duro, que seguirá siendo difícil. El Gobierno de facto, escoge por ahora no detener a Guaidó, apuesta a el desgaste del Gobierno Provisional, pretendiendo ganar más días, que agudizan la agonía de la Nación. El drama chavista va por dentro.

No abandonan la usurpación. El ministro Jorge Rodríguez lo sostiene al convocar a un amplio “diálogo”, adelantando una premisa: “No habrá nuevas elecciones”. En las próximas semanas, aumentará la presión nacional y mundial por nuevas elecciones libres sin la presencia del gobierno de Maduro. Esto es ya el punto de convergencia en América y parte de Europa, a excepción de algunos amigos y seguidores del chavismo, cuyo desgaste en este 2019 alcanza una máxima decadencia histórica. Constituye hoy el esqueleto de lo que fue un fornido poder popular.

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Mientras el régimen implosiona, la Fuerza Armada no es la misma, ha perdido cohesión. Parte de su cúpula dirigente partidizada por el PSUV ve socavada cada vez más su imagen institucional.

Revelan su orientación ideológica cuando se auto nombran “generales revolucionarios”. Lucen en sus emblemas militares los rostros de Hugo Chávez, de Maduro y el Bolívar trigueño, diseñado a la voluntad del primero. Esa imagen los aísla cada vez más de la Patria de todos. Distancian su conducta del rol que establece la Constitución.

El régimen de Maduro se debilita por causa de:

La repetida represión de colectivos.

Los intentos de militarizar los conflictos políticos.

La permanente violación de los derechos humanos.

El encarcelamiento de civiles y militares.

El arrinconamiento a periodistas.

La persistente escasez de bienes y servicios.

La escasez de productos Clap.

La escasez de productos y repuestos a precios accesibles.

El traslado de oficinas y cuentas de PDVSA a Rusia.

Sin plan alguno para enfrentar la crisis terminal, Maduro sólo podrá optar por su definitiva salida del poder. Si se resiste y endurece las acciones, también encontrará frente así alternativas altamente disuasivas.

Cobra otra vez vigencia el extraordinario sentido la frase de Juan Guaidó: “Ya no hay más por ahora, es ahora”.