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Maduro todavía no se repone del golpe que sufrió con el informe Bachelet

martes 26 de marzo de 2019, 15:02h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- El informe que presentó la semana pasada la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, ha sido un duro golpe para el régimen de Nicolás Maduro. De ello no cabe duda. La respuesta del régimen ha sido en consecuencia de lo que es en esencia: más represión, más persecución.
El informe Bachelet se hace sentir / Foto: ONU
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El informe Bachelet se hace sentir / Foto: ONU

El periodista Vladimir Villegas bien lo apuntaba con este título: El informe Bachelet "engoriló" al gobierno. Porque de allí devino la arremetida contra Roberto Marrero, el jefe de Despacho del Presidente Juan Guaidó, y la condena contra la jueza María Lourdes Afiuni por el delito de corrupción espiritual. Pero también la arremetida contra trabajadores de Corpoelec, testigos y sabedores de lo que realmente ocurrió en el apagón eléctrico, el primero y este segundo de ayer lunes. La persecución de activistas del partido Voluntad Popular. Y la confirmación de un cuadro de presión permanente.

Pero si algo queda claro es que el régimen, haga lo que haga, no podrá librarse de lo que pinta el informe Bachelet. Que los derechos humanos se violan en todos los órdenes. Villegas aporta este resumen que nos parece adecuado: “La criminalización de la protesta, la violación de los derechos de los manifestantes, mediante el uso excesivo de la fuerza, asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias, tratos crueles y degradantes en centros de reclusión y agresiones por parte de civiles armados que gozan de protección y actúan bajo la protección de autoridades civiles y militares”. Nada que no supieran los venezolanos. Pero ahora lo sabe el mundo. Como constata el mundo también que la crisis económica y social es real. Que comenzó mucho antes de las sanciones, y que el régimen no le presta la atención debida.

Es como si el régimen, sintiéndose condenado por la opinión pública mundial, se dijera que el costo político ya está pagado y en visto de ello se decide a avanzar, soltando los cálculos, y señalando, desde ya, que los días de Guaidó están contados. El régimen siente que la propuesta Guaidó ha encallado y explota al máximo los respaldos de Rusia y China, y también de Cuba. Nicolás Maduro y el grupo que lo apoya plantan así un nuevo desafío a la oposición y a los Estados Unidos.

Pero si algo queda claro es que el régimen, haga lo que haga, no podrá librarse de lo que pinta el informe Bachelet. Que los derechos humanos se violan en todos los órdenes. Villegas aporta este resumen que nos parece adecuado: “La criminalización de la protesta, la violación de los derechos de los manifestantes, mediante el uso excesivo de la fuerza, asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias, tratos crueles y degradantes en centros de reclusión y agresiones por parte de civiles armados que gozan de protección y actúan bajo la protección de autoridades civiles y militares”. Nada que no supieran los venezolanos. Pero ahora lo sabe el mundo. Como constata el mundo también que la crisis económica y social es real. Que comenzó mucho antes de las sanciones, y que el régimen no le presta la atención debida. Al régimen le molestó tanto el informe que al final la opinión que se impuso y que quedó sobre él, fue lo que dijo, Diosdado Cabello sobre Michelle Bachelet. Mejor dicho, los insultos que le dieron la vuelta al mundo.

Ahora, desde el chavismo, el expresidente de PDVSA, Rafael Ramírez, ha elaborado su propio informe. En el más reciente artículo, Ramírez apela a lo presentado por Bachelet para señalar que se trata de “una realidad que no se puede ocultar, y mucho menos tolerar: en el país hay una violación permanente de los Derechos Humanos por parte del Estado Venezolano”. Es una política de Estado, señala. Una política que incluye:

-La acción del gobierno.

-La actuación del propio presidente.

-Los ministros.

-Los medios de comunicación.

-Los cuerpos de seguridad.

-Los policías.

-Las fuerzas militares.

-Fuerzas paramilitares.

-“El Poder Judicial, con la emisión de todo tipo de sentencias y actuaciones que acompañan estas acciones”.

-“El Ministerio Público, es decir la Fiscalía, la cual por intermedio del mismo Fiscal General, se ha convertido en el mayor violador de los Derechos Humanos, al transformarse no sólo en brazo ejecutor de todos los atropellos y violaciones a los Derechos Fundamentales de los ciudadanos, sino en el mayor encubridor de crímenes políticos de toda índole, persecuciones y atropellos, no sólo contra los prisioneros o actores políticos, sino contra los trabajadores de PDVSA, Corpoelec, y militares”.

Ramírez apunta que “la violación de los Derechos Humanos, se ha convertido en una política de Estado, diseñada y desarrollada para reprimir a la oposición política, incluyendo la chavista y para mantener su control del país, e incluso, para satisfacer intereses personales o grupales”.

Se hace eco Ramírez de que el informe Bachelet “menciona, por primera vez, el fenómeno de la “Judicialización de la política” o “Lawfare” en el país. Es decir, utilizar al Ministerio Público y al Poder Judicial, para emitir acusaciones, órdenes, sentencias de carácter penal en contra de oponentes políticos”.

Ramírez va al caso concreto de los empleados de PDVSA y al caso suyo concreto. Revela por qué se reunión con Bachelet en Ginebra este 25 de enero. Tal encuentro lo hizo salir de su casa refugio. Señala Ramírez: “me reuní con la Alta Comisionada de los Derechos Humanos en su Despacho en Ginebra, una reunión muy respetuosa, profesional, correcta, en el marco estrictamente institucional, en atención a mis derechos y a sus responsabilidades. En esa oportunidad, además de consignar el escrito concerniente a mi caso y explicar la situación de la violación de Derechos Humanos en el país, le expuse la situación de indefensión en el que se encuentran los trabajadores de PDVSA y los oficiales de la Fuerza Armada Bolivariana presos-secuestrados por el gobierno”.

Era de esperar la reacción en contra al informe de la...

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Y agrega que “Esta indefensión deriva, no sólo de la actuación excesiva y violatoria de sus derechos por parte del gobierno, sino por el hecho de que los mismos son casos que están “invisibilizados” ante la opinión pública. Al gobierno no les interesa su suerte, por el contrario, les conviene que estén donde están para que no hablen, pero pareciera tampoco importarle a ningún factor político de la oposición, por ser prisioneros o perseguidos chavistas”. Aquí vale la pena detenerse y tomar en cuenta lo que plantea Ramírez. Que la lucha por la causa de los presos políticos debe ser por todos, sea quien sea. Al fin y al cabo a los presos chavistas tampoco se les respeta el debido proceso.

Apunta que el régimen ha actuado con “saña contra el chavismo”. Con crueldad. En KonZapata lo hemos apuntado. Es el Pinochet Bolivariano, esa figura acuñada por el ex ministro Jorge Giordani, y que temió que iba a aparecer en forma de gorila militar. Pero no. El Pinochet chavista ya estaba ahí. Con Maduro.