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Por qué ya es fundamental la presidencia de Juan Guaidó

lunes 01 de abril de 2019, 21:00h
Por Orlando Zamora.- El Presidente Encargado de Venezuela, Juan Guaidó, está siendo sometido a la mayor presión política y acción represiva que es capaz de armar el régimen en los límites de su profunda debilidad política y económica.
El país sigue en una lucha que es indetenible / Foto: @jguaido
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El país sigue en una lucha que es indetenible / Foto: @jguaido

Y esto es porque el régimen usurpador le teme. Sabe que es la base de algo firme, inmediato. Guaidó representa el poder alcanzable, hecho realidad, simboliza también la democracia perdida. Guaidó, junto a muchos, significa y profundiza cada día el cambio certero, inevitable.

Para esos eventos no está preparado el régimen, salvo que en la oscuridad literal del país insistan en lo que ya es una dictadura militarizada, apoyada por parte de una minoría encriptada en el interior de la Fuerza Armada y de unos pocos civiles que han secuestrado el Estado.

Lo grave para el ex gobierno es que no puede y, a diario lo comprueba, abortar o hacer desaparecer esta nueva realidad de poder, dado el poderoso contexto internacional que lo blinda. Eso es inédito, propio de esta era globalizada. Los gobiernos extranjeros sí pueden desalojar poderes de Estados indeseables sin uso de fuerzas aerotransportadas. El caso Venezuela sentará un precedente.

Lo Venezuela con Guaidó, es un experimento constitucional, novedoso, increíble, legal, que no se dio en ninguno de esos países ni en ningún otro conocido. Recordemos que el general Charles de Gaulle fue Jefe del Gobierno Provisional de Francia (1944) fuera de eses país. Guaidó se mueve en Venezuela y no pueden con él mientras sea ese fenómeno político que destacamos y que se fortalece por sus pasos inteligentes, que no se agote en marchas ni enfrentamientos innecesarios con la minoría gobernante.

Por ello tratan de detener con saña al equipo funcional y logístico de Guaidó. Anuncian la inhabilitación política del Presidente. Hostigan el entorno personal. Movilizan técnicos militares rusos para activar misiles y desmoralizar al pueblo movilizado. El Seniat cierra el Hotel Paseo de Las Mercedes de Caracas donde se alojaba el equipo de Guaidó. Apelan a colectivos paramilitares armados para que lo agredan. Recurren a muchas más acciones, todas dirigidas a frenar no al embrión del cambio sino a su avalancha final.

Hay sectores opositores que lamentablemente no perciben que por medios democráticos y pacíficos se desemboque, hasta sin buscarlo nadie, en el desenlace bélico fatídico que algunos pregonan como paso A1. Eso dependerá también del alto poder de facto que desgobierna al país y será su responsabilidad última.

En todo caso, eso lo decidirá la Venezuela mayoritaria y justo en su momento. Por esto sin duda, Guaidó afirma que todas las opciones civilizadas están abiertas, hasta aquellas indeseadas por todos, que requieren de la alineación de las llamadas condiciones objetivas y subjetivas, es decir, la correlación de fuerzas y hechos propicios, voluntarios o no.

Por esto nos atrevemos a corregir en lo político a la periodista Patricia Poleo. El que entra en barrena, además de su anomía o ingobernabilidad, es el sistema del poder usurpador.

No tocaremos aquí el tema del intento de descalificación a Guaidó, proveniente de factores opositores, quienes al igual que la Fuerza Armada democrática, el chavismo disidente honesto, son imprescindibles para culminar con éxito la tan larga y compleja lucha venezolana por la libertad.

Esto es entender también las fortalezas del adversario político. La necesidad de acumular la mayoría de fuerzas sociales posibles. Esa es la política que representa hoy la persona del joven presidente venezolano. A ese arsenal humano unido no lo detendrá nadie, ni rusos ni cubanos.

No confrontaremos porque nuestra intención es la de pretender explicar con sencillez el inédito intento venezolano de confrontar con la fuerza de la Constitución a una dictadura disfrazada de socialismo con un Gobierno constitucional y legítimo, como es el de Guaidó.

Intentamos con esta nota explicar los posibles alcances del fenómeno político llamado Juan Guaidó. Que es más que eso: Es un plan de acción para que la oposición más fragmentada del mundo, porque es tan variopinta como la realidad social de la Venezuela de hoy día, diezmada y colapsada, se mantenga unida a su alrededor.

Un Gobierno que no dispone ni de un pequeño corta uña, frente al poderío militar del régimen. Pero ese Gobierno de Guaidó puede contar también con toda esa fuerza militar, excluyendo a los castristas, en menos de 24 horas tal y cual ya ocurrió en Serbia, Rumanía, la URSS, Alemania Oriental, Argentina, Brasil y Uruguay.

Lo Venezuela con Guaidó, es un experimento constitucional, novedoso, increíble, legal, que no se dio en ninguno de esos países ni en ningún otro conocido. Recordemos que el general Charles de Gaulle fue Jefe del Gobierno Provisional de Francia (1944) fuera de eses país. Guaidó se mueve en Venezuela y no pueden con él mientras sea ese fenómeno político que destacamos y que se fortalece por sus pasos inteligentes, que no se agote en marchas ni enfrentamientos innecesarios con la minoría gobernante.

55 naciones están de lado de Guaidó. 55 Estados dispuestos a concertar obligaciones y manejos financieros bajo la jurisdicción del joven Presidente. Fitch Ratings mejora la calificación de riesgo de Citgo de negativa a estable.

Guaidó es la respuesta a las preguntas de muchos, incluyendo al laboratorio mediático rojo.

Es el líder que tanto se demandó, aunque novel, no arrastra pasado político adverso, no genera resistencia al apoyo del pueblo politizado o no, y aunque milita en un partido es amplio, carismático, inspira confianza y pide ayuda.

Representa en la práctica el mayor consenso logrado por las fuerzas democráticas en 17 años. Es incombatible a la luz del día y quien lo intente a las sombras no tendrá éxito. Tampoco el régimen si se atreve a detenerle logrará modificar en nada el cuadro político en desarrollo. Seguirá siendo la cabeza moral del orden constitucional.

Tiene muchísimo más sustento legal y político que Nicolás Maduro, sus actuaciones a partir del 5 de Enero y el 10 de Enero son perfectamente compatibles con la Constitución.

Maduro controla de facto el poder porque junto a Hugo Chávez desarrollaron un entramado para no abandonarlo. Pero su prestigio y legitimidad no han sumado ni un segundo desde su simulado ascenso al poder el 10 de enero pasado, cuando juró en el Tribunal Supremo de Justicia. Maduro perdió la capacidad legal de enviar 55 embajadores a países que lo desconocen como mandatario legítimo.

Guaidó, nominado por la revista TIME como una de las personas más influyente del 2019, dispone ya del más completo plan de gobierno concebido por las fuerzas democráticas venezolanas, por ejemplo, en el tema eléctrico tiene programado las horas por personas a recuperar en lapsos de tiempo ya establecidos. En el rescate de las instituciones, asoma la urgente asistencia financiera del BID y el FMI. Y se avanza en la entrega de ayuda humanitaria. Ya lo anunció la Cruz Roja Internacional.

Si la táctica del régimen es atrincherarse, movilizar sus efectivos, pretender el desgaste de Guaidó, usar el apoyo militar de los rusos, la respuesta es organizarse para una pelea de muchas semanas, con mucha tenacidad, aun en los barros de la peor crisis vivida por Venezuela.

Tomar espacios, inmovilizar al oponente, protagonizando desde el más pequeño de los conflictos sociales venideros. El resto del mundo seguirá cortando las líneas de abastecimiento de la corrompida cúpula que ha pulverizado todo a su paso.