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Y ahora qué es lo que tiene que hacer el gobierno de Juan Guaidó

viernes 05 de abril de 2019, 22:00h
Por Ezio Serrano Páez.- Las relaciones de poder son asimétricas. Uno(s) manda(n) y otro(s) obedecen. Y esto es así desde que el mundo estaba en pañales. No viene a cuento discernir sobre lo justo o injusto de tal asimetría pues ya ha pasado demasiado tiempo desde que la sociología dejó claramente establecido que las relaciones políticas son, por definición,relaciones de poder, por ello son de naturaleza asimétrica, pese a los intentos de horizontalidad que procuran asociar el poder con la voluntad del demos o del “todos”.
Momento complicado para Juan Guaidó / Foto: @jguaido
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Momento complicado para Juan Guaidó / Foto: @jguaido

Otro tema es el de la legitimidad de quien manda o produce mandatos que son obedecidos. Para simplificar nuestra exposición diremos que, en la sociedades modernas, la legitimidad del mandato suele asociarse a su legalidad, por lo cual, quien obedece un mandato puede fundar su acción aprobatoria en la legalidad de quien manda y el arreglo a derecho del mandato emitido.

1.- Legitimidad y arbitrariedad

Pero en el mundo real y cotidiano, quien sale a la calle a cumplir el mandato emitido por su pareja, no revisa previamente el código civil para verificar si debe o no, obedecer. Podemos cumplir la orden por pura convicción propia, por acostumbramiento, porque todo el mundo hace lo mismo, porque hacer eso está de moda, o simplemente porque “no tenemos más remedio que obedecer”. Por esto último, la historia está plagada de casos en los cuales, una pandilla de hombres armados, violentando cualquier normativa legal vigente, se apodera de un territorio, establece su propia normativa, y al permanecer en el tiempo, logran convertir su arbitrariedad en la legalidad dominante. Para algunos teóricos de la política, la permanencia en el poder es un signo de legitimidad. El que calla otorga.

2.- Guiadó y Maduro: Las dos caras del poder

La situación de emergencia obliga a iniciar la reconstrucción institucional desde dos factores claves: FuerzaArmada y policía, esencialmente la policía técnica. El poderosos aliciente del pago en moneda dura, mediante un tabulador de sueldos bien pensado, se convertirá en la artillería más poderosa para derrumbar resistencias y atraer a los gladiadores del quince y último. Bajo el fuego cruzado de la ley de amnistía y el pago digno y oportuno, las tropas bolivarianas correrán en desbandada hacia las taquillas para suscribirse en la nueva nómina.

Que Maduro sea un usurpador no es algo que amerita discusión. El problema real es que produce órdenes que muchos obedecen a pesar de ser ilegales. Al prolongar su condición usurpadora esta granjeando la legalidad de su arbitrariedad.La impotencia de sus víctimas conduce al acostumbramiento, y desde este se pasa a la obediencia o tal vez a un simulacro de ésta. Por ello el tiempo está contra la oposición democrática. Maduro es el inquilino de un apartamento cuyo contrato marcó el 10 de enero del 2019 como fecha para la desocupación. El indeseable y su familia, en lugar de asumir el desalojo, se ha dedicado a destruir el espacio que habitó: destruyó el servicio eléctrico, el acceso al agua potable, obstruyó los drenajes, los servicios de comunicaciones y hasta pretende robarse las pocetas que estoicamente lo soportaron. Entre tanto Juan Guaidó tiene un nuevo contrato de arrendamiento, impecablemente formulado de acuerdo a las leyes vigentes. Y hasta ha logrado producir algunas órdenes que algunos han reconocido. El presidente del condominio lo reconoce como el nuevo inquilino legítimo, igual ocurrió con el conserje. Y más recientemente uno de los vigilantes del estacionamiento, le permitió estacionarse en el puesto de visitas. ¿Vale la pena insistir con este contrato? Guaidó tiene el poder legítimo y legal pero no logra ejercerlo.

3.- La implacable lógica del poder

Un general agorero decía que “tener el poder para no ejercerlo constituye un acto de traición”. ¡Vaya tontería histórica! Es más bien auto flagelación, eyaculación precoz en noche de luna de miel. Es la impotencia de la razón frente a la fuerza arbitraria. Nos guste o no, sólo el poder genera más poder, sólo una fuerza superior contiene a otra fuerza desbocada. Y en la Venezuela que hoy padecemos, se vive la lucha por el poder a secas. Maduro y su pandilla ya muestran todas su cartas: que nadie se llame a equívocos, nunca fueron tan francos: si queremos el poder que usurpan, tendremos que arrebatárselo.

4.- ¿Y tu…qué propones? ¡Qué el presidente gobierne!

Esta urticante pregunta utilizada generalmente para descalificar la crítica, nos sirve para ir a la nuez del asunto. Y es que la lógica avasallante del poder para decirlo de algún modo, es auto causal, perro que se muerde la cola. La legitimidad de Guaidó se acrecentará en tanto ejerza el poder, si no ejerce el poder, perderá legitimidad. ¿Para qué se le nombró presidente y juramos obediencia a la ley? De esto se desprende la respuesta a lo que debería hacer Guaidó en su complicada circunstancia: ¡Debe gobernar! Y como toda forma de gobierno se traduce en administración del poder, el Presidente (e) debe producir actos administrativos que reflejen obediencia a su mandato. Atrapados por el mantra del cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, se nos olvidó un pequeño detalle: se debe ejercer el mando si se le desea conservar. Complejo de Superman, los interiores sobre los pantalones.

5.- La Administración Guaidó

Que Maduro sea un usurpador no es algo que amerita discusión. El problema real es que produce órdenes que muchos obedecen a pesar de ser ilegales. Al prolongar su condición usurpadora esta granjeando la legalidad de su arbitrariedad. La impotencia de sus víctimas conduce al acostumbramiento, y desde este se pasa a la obediencia o tal vez a un simulacro de ésta. Por ello el tiempo está contra la oposición democrática. Maduro es el inquilino de un apartamento cuyo contrato marcó el 10 de enero del 2019 como fecha para la desocupación. El indeseable y su familia, en lugar de asumir el desalojo, se ha dedicado a destruir el espacio que habitó: destruyó el servicio eléctrico, el acceso al agua potable, obstruyó los drenajes, los servicios de comunicaciones y hasta pretende robarse las pocetas que estoicamente lo soportaron.

Es cierto. La tarea resultó más complicada que lo avizorado el pasado 23 de enero, pero no puede haber vuelta atrás. Se debe operar sobre un Estado Nación casi disuelto, sin institucionalidad política, con una población diezmada por el hambre y una cultura fragmentaria. Con la infraestructura en ruinas, con un territorio en franco proceso de dislocación, sin fuerzas del estado capaces de garantizar la soberanía nacional. Con un aparato armado convertido en ejército de roba gallinas, cebados en el raterismo y el uso mafioso del poder. Pero las crisis suelen producir las grandes ocasiones para avanzar y construir. Sólo reconociendo la gravedad del momento podremos entender el carácter perentorio de la acción a emprender por una “Administración Guaido”, más allá de lo estimado el pasado 23 de enero:

a.- Conformación del equipo técnico ministerial para el acceso y manejo de fondos existentes en el exterior, solicitar donativos, prestamos y toda clase de apoyo que permita hacer operativo el manejo de recursos en divisas y así disponer de un presupuesto en moneda dura para un lapso de tiempo a definir. Se debe iniciar la dolarización progresiva por el lado de la demanda pues ya está bastante adelantada por el lado de la oferta. El equipo técnico marcará la pauta al respecto. El presidente(E) tiene la gran oportunidad de ensayar una administración transparente.

b.- La situación de emergencia obliga a iniciar la reconstrucción institucional desde dos factores claves: Fuerza Armada y policía, esencialmente la policía técnica. El poderosos aliciente del pago en moneda dura, mediante un tabulador de sueldos bien pensado, se convertirá en la artillería más poderosa para derrumbar resistencias y atraer a los gladiadores del quince y último. Bajo el fuego cruzado de la ley de amnistía y el pago digno y oportuno, las tropas bolivarianas correrán en desbandada hacia las taquillas para suscribirse en la nueva nómina. Ya dependerá del nuevo gobierno el desarrollo de una estrategia que permita dar impulso a la formación del Ejército Libertador de Venezuela, con nueva mística y moral republicana. Se pretende lograr la disolución definitiva del ejército de roba gallinas e iniciar una nueva nómina fundada en el mérito.

c.- Todos los caminos conducen a la ayuda internacional. Que por cierto no es una invasión. Los elementos de tropa en el exilio, estimulados por el nuevo trato, deben constituir el núcleo inicial del Ejército Libertador. Tal apoyo internacional queda restringido a los siguientes aspectos:

c.1.- Asegurar el traslado y protección del núcleo del Nuevo Ejército Libertador hasta un espacio del territorio nacional en el cual tendrá su asiento el nuevo gobierno de reconstrucción nacional.

c.2.- Brindar apoyo esencialmente defensivo y disuasivo que permita neutralizar ataques terrestres y aéreos contra el territorio liberado.

c.3.- Apoyo tecnológico que permita neutralizar el aparataje propagandístico de la dictadura y a la vez favorecer el alcance y penetración de la información aportada por el gobierno democrático.

c.4.- Volcar toda la ayuda humanitaria posible para ser administrada desde la zona liberada.

c.5.- Apoyo tecnológico para neutralizar y capturar a las cabezas de la usurpación.

c.6. Dar seguridad a la realización de elecciones libres y plenamente auditables.

c.7. Dar garantías para una adecuada negociación de la rendición de quienes ahora usurpan el poder.

No existe ninguna garantía de salir ilesos de esta...

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6.- Los venezolanos, protagonistas de nuestra propia liberación.

Es desde ese territorio liberado que el llamado de Guaidó adquiere verdadero significado para el cese a la usurpación. Sobre este espacio se volcará la ayuda humanitaria y desde el se iniciará la reconstrucción. Insistir en los ruegos para que los asesinos no masacren al pueblo indefenso, disminuyen al líder y desestimulan a quienes aún tienen reservas de decencia: sólo el poder genera poder. Un militar no se anota en la causa de los perdedores. Por ello una demostración de fuerza es imprescindible. Que no teman los vecinos, Venezuela no es Siria y la existencia de un territorio protegido y seguro desde el cual va a operar un gobierno democrático en lugar de provocar la estampida, atraerá a miles, lo que a su vez permitirá el crecimiento de la zona liberada como aceite derramado sobre papel. Pronto, los asesinos y criminales se verán rodeados. En pocos meses estaremos en tiempo de elecciones y en plena cacería. Es muy poco probable que, aquellos asesinos de ancianos indefensos, los rateros uniformados, los que asustan a sus víctimas matando las mascotas, puedan ofrecer resistencia a un nuevo ejército con la moral enaltecida. Por lo demás, no será la primera vez que en la historia patria, que un reducido grupo de soldados pone en su lugar a una pandilla de ladrones autoproclamados representantes de la ley.

Y tampoco será la primera vez en nuestra historia que la patria apela a sus últimas reservas para levantar su ejército de libertadores. La gran fortaleza alcanzada por el chavismo al convertir a la Fuerzas Armadas en una institución de mercaderes, se convierte ahora en la gran desventaja de una revolución sin gente decente que la defienda. Son Tigres de Papel, como diría el viejo Mao, y bastará un pequeño pero decidido ejército, con y el apoyo breve de la comunidad internacional para derrotar a los pandilleros que se lucen asesinando ciudadanos inermes.