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Hacia dónde irá el nuevo mercado del dólar

martes 07 de mayo de 2019, 16:00h
Por Orlando Zamora.- Las mesas de cambio desaparecieron como centros de intermediación libre de divisas a raíz del control de cambio impuesto “provisionalmente” durante 15 años, de 2003 a 2018. Regresan después de experimentar y fracasar el régimen con 12 esquemas cambiarios previos,incluyendo al petro.
Maduro lanza otro experimento cambiario / Foto: @NicolásMaduro
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Maduro lanza otro experimento cambiario / Foto: @NicolásMaduro

Este retorno se explica fundamentalmente por la salida del BCV del juego cambiario, tanto por su sequía de suministro de divisas como por las sanciones de EE.UU., que le prohíben hacer transferencias en dólares.

Los técnicos del pasado indicaban que las transacciones cambiarias sin la intervención “sucia” del BCV (su capacidad de modificar la conducta libre y autónoma del mercado comprando o vendiendo divisas) era la escala máxima y adecuada para un auténtico y sano equilibrio en el manejo de los flujos en moneda extranjera.

El régimen de Nicolás Maduro, al no poder ser parte del mercado cambiario le está cediendo a los bancos, más a los privados que a los públicos (igualmente sancionados vía eliminación de los corresponsales bancarios en el exterior) todo el universo de transacciones posibles con privados, con diplomáticos, exportadores y muchas más.

Este ideal teórico se impone ahora como una morisqueta del destino económico venezolano. La libertad cambiaria no será total. Porque en Venezuela no impera la libertad económica, los bancos se asfixian por la represión de los encajes bancarios. No existe un ápice de confianza en ninguno de los sectores que hacen vida económica en el país.

Lo único medianamente libre será tal vez la fijación diaria de la tasa cambiaria, aquí intervendrá como históricamente lo ha hecho el BCV. Tomará de los cierres bancarios de precios al que más se repita -y hay dudas aún si se respetará totalmente esto.

El régimen de Nicolás Maduro, al no poder ser parte del mercado cambiario le está cediendo a los bancos, más a los privados que a los públicos (igualmente sancionados vía eliminación de los corresponsales bancarios en el exterior) todo el universo de transacciones posibles con privados, con diplomáticos, exportadores y muchas más.

El objetivo final, desesperado, ante la escasez de dólares es promover que todas las divisas adquiridas por la banca deben ser ofertadas al mercado cambiario venezolano.

El Ministerio de Finanzas, secundado por el BCV, confía que las restricciones de encajes, que limitan el acceso al crédito bancario para comprar dólares, así como las prohibiciones a los bancos de no retener o acumular posiciones en dólares (una restricción a la libertad cambiaria) y su persuasión “moral”, van a frenar el esperado brinco de la rata cambiaria.

Y sueñan con parar y contener la hiperinflación que es alimentada cada mes con la edición de dinero inorgánico equivalente a un billón cada 30 días (13 números llenos de bolívares).

Es tan grosera la expansión monetaria que entre enero y abril de este 2019, aún con un brutal nivel de políticas de encaje, se ha multiplica 499% y arriba en bolívares a 5,2 billones, suficiente dinero, junto al oro (se estima que Maduro ha movilizado más 18.000 millones de dólares en oro en seis años y medio) para financiar la última etapa de la revolución.

El otro mercado, que moviliza mayores volúmenes de dinero extranjero llamado paralelo a estas alturas, es demasiado sofisticado y efectivo para que este “nuevo esquema cambiario”, el número 13, lo haga desaparecer.

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Hasta que no cese la usurpación de un hombre no legitimado por el fervor popular, la sobrevivencia caótica de un modelo derrotado, la incapacidad de los que mal dirigen la economía y la plena libertad económica, no habrá libertad cambiaria plena.