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¿Ni al BCV ni a Maduro les preocupa otra crisis bancaria?

jueves 09 de mayo de 2019, 18:23h
Por José Manuel Rotondaro.- La actuación monetaria del Banco Central de Venezuela, con o sin intención, continúa desestabilizando al sistema financiero, con un mecanismo de encaje desquiciado que obliga a la banca a mantener en sus cuentas en el BCV casi la totalidad de lo que recibe por depósitos.
El BCV sigue con su política monetaria perversa / Foto: @BCV_ORG_VE
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El BCV sigue con su política monetaria perversa / Foto: @BCV_ORG_VE

A medida que transcurren las semanas a los bancos privados se les hace más difícil cumplir con los crecientes requerimientos de encaje. La menguante liquidez excedente representa en estos momentos menos del 1% de los depósitos en la banca, y está casi en su totalidad en la banca oficial. Esto lo han aprovechado los administradores de los bancos públicos para exigir elevadas tasas de interés de hasta 85% anual por los pocos préstamos interbancarios, el llamado overnight, que se transan.

Paralelamente, el BCV ha actuado en forma errática en sus operaciones de mercado abierto, en ocasiones agravando la iliquidez predominante en el mercado, como ocurrió la semana pasada cuando sustrajo parte sustancial de la poca liquidez que había en el mercado. También, como adelantó KonZapata, ha negado asistencia financiera a la banca con garantía de papeles del Estado.

Hacerse de otro grupo de bancos privados, como en 2009-2010, puede ser una perspectiva atractiva para quienes están viendo escenarios post-Maduro. En una economía deslastrada del peso que representa el gobierno y con expectativas de recuperación, bancos comprados a precios de gallina flaca hoy pueden resultar un negocio muy rentable mañana.

Como consecuencia, cada vez más bancos no logran cumplir con sus obligaciones de encaje. El BCV, como instigador principal de esta situación, agrega sal a la herida incrementando sustancialmente la penalización que aplica por el incumplimiento.

Hasta fines de 2018, los bancos que no cubrían el encaje debían pagar intereses a una tasa en el entorno de 30% anual. En enero, el BCV incrementó la penalidad a 44% anual, en línea con el endurecimiento de los encajes.

Pero a fines de abril aumentó esa tasa de interés en un rango entre 60% y 126%, dependiendo el número de días que el banco tenga déficit. Ninguna otra tasa de interés en la economía, excepto la tasa overnight, alcanza esos niveles.

¿Qué justifica esa penalización que más bien parece confiscación? Aun cuando no ha habido ningún anuncio, debe entenderse que los asesores ecuatorianos del BCV han vendido la idea de exprimir la liquidez bancaria como la herramienta para acabar con la hiperinflación.

La reducción del índice de inflación en febrero y marzo, de tres a dos dígitos mensuales pareciera validar la estrategia seguida.

Pero como ocurre usualmente en economía, si un problema que requiere acciones en varios frentes se trata de resolver con medidas en uno solo, la severidad de esas medidas necesariamente serán desproporcionadas.

El BCV coloca a los bancos no al borde del abismo sino...

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Mientras el BCV pone en peligro la estabilidad bancaria, y como consecuencia corta todo financiamiento al sector productivo privado, las factores que han alimentado la inflación siguen actuando:

En primer lugar, el déficit del gobierno financiado exclusivamente con emisión inorgánica del BCV que incrementa la demanda agregada.

En segundo lugar, una menor oferta de bienes y servicios, producto de continuas acciones gubernamentales que desestimulan o bloquean la producción de bienes por el sector privado.

Y para rematar, el BCV mantiene las tasas de interés totalmente desconectadas de la realidad económica que han hecho que ahorrar sea un absurdo y que los pocos créditos existentes disfruten de un subsidio absurdo.

A los líderes de empresas y a los líderes de la banca...

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La posibilidad que con esta terapia de choque monetario ‘se les muera el paciente’, es decir les estalle una crisis bancaria en la calle, parece no preocupar al gobierno ni al BCV, Incluso puede ser parte del atractivo de la política monetaria para muchos en el gobierno de Nicolás Maduro.

Hacerse de otro grupo de bancos privados, como en 2009-2010, puede ser una perspectiva atractiva para quienes están viendo escenarios post-Maduro. En una economía deslastrada del peso que representa el gobierno y con expectativas de recuperación, bancos comprados a precios de gallina flaca hoy pueden resultar un negocio muy rentable mañana.