konzapata.com

Esta historia secreta del control de cambio hay que contarla para que no se olvide

viernes 10 de mayo de 2019, 15:00h
Por José Manuel Rotondaro.- El BCV reaparece un mercado cambiario, ahora con las mesas de los bancos. Pero todo tiene una historia. El control de cambio de Hugo Chávez y el chavismo. Esta nota la publicamos el 26 de enero de 2015 y bien vale rescatarla. Es una historia para no olvidar. La publicamos tal como apareció entonces.
Esta historia secreta del control de cambio hay que contarla para que no se olvide

Exclusivo: La historia jamás contada de cómo se montaron el control de cambio y Cadivi

Por José Manuel Rotondaro (Bruselas).- Dentro del gobierno hubo quienes vieron inicialmente el control como un mal necesario, motivado por la coyuntura. Aspiraban que en el corto plazo evolucionara a un instrumento de política económica para moderar la volatilidad. En esta onda se encontraban Felipe Pérez y Tobías Nóbrega. Pero esa opción fracasó.

Por José Manuel Rotondaro (Bruselas).- Por estos días, hace 12 años, mientras la atención de la sociedad, medios y gran parte del mundo político estaba enfocada a las etapas finales del paro convocado inicialmente por empleados de PDVSA, en varias oficinas del sector público y del mundo financiero se daban interminables reuniones preparándose ante la difícil situación económica, fiscal y cambiaria que enfrentaría el gobierno de Hugo Chávez una vez fracasado el paro.

En lo fiscal, en esos momentos existían fundadas dudas sobre la capacidad de PDVSA para mantener niveles de producción apropiados al ejecutarse el despido masivo de aquellos que acataron el llamado a paro. ¿Cómo financiar el gasto público con pocos o ningún ingreso proveniente de PDVSA? El para entonces Ministro de Finanzas, Tobías Nóbrega, confrontaba serios obstáculos para colocar deuda en el mercado interno, pues en los últimos meses apenas había logrado colocar bonos en bolívares por medio de canjes por depósitos a plazo con algunos bancos y, en algunos casos documentado, pagarés en dólares para solventar deudas con proveedores nacionales, rápidamente descontados por éstos con uno o dos bancos locales. La recaudación de impuestos internos no petroleros se preveía baja para 2003 por el efecto del mes de paro y otros altibajos en el sector comercial.

En lo financiero, varios banqueros estaban muy preocupados por la caída de la liquidez, motivado por la salida de depósitos para compra de divisas a un tipo de cambio cada vez mayor. La alarma estaba encendida además por las consecuencias de la previsible caída de la actividad económica sobre la calidad de la cartera de créditos.

En el Banco Central la confluencia de probables crisis fiscal, cambiaria y financiera, en medio de la pugnacidad política, también motivó la búsqueda de salidas que evitasen ese triple choque.

Fue así que luego de varios años esquivando el tema, el Gobierno y el Banco Central comenzaron a considerar el control de cambio. Le tocó al para entonces Ministro de Planificación, Felipe Pérez, diseñar un sistema que evitase los problemas que, se sabía, traen aparejados tales controles. En su propuesta, el sistema sería en gran medida automático, manejado bajo reglas claras y transparentes, con poca capacidad para la discreción de funcionarios.

Durante esos días diversos actores propiciaron el control de cambios con intenciones diferentes.

Ciertos banqueros, representados por Ignacio Salvatierra, le plantearon la idea al ministro Tobías Nóbrega, buscando cerrar la hemorragia de liquidez (y salvar de paso sus bancos). Como contrapartida, los banqueros le ofrecieron que el mercado de bonos en bolívares se volvería a abrir.

Para algunos en el Banco Central, como el director D.F Maza Zavala y el entonces Primer Vicepresidente, Gastón Parra Luzardo, el control de cambios era una herramienta necesaria para modificar la estructura económica, bajo un enfoque de sustitución de importaciones reminiscente de las políticas de la CEPAL de los años sesenta. Para Maza Zavala era la tercera oportunidad en su vida de participar en el diseño de un control de cambios “de verdad”, tal como él comentaba. En las dos oportunidades anteriores, 1960 y 1994, sus planteamientos no tuvieron eco en quienes tomaron las decisiones. Esta vez no sería diferente.

Por el contrario, el Presidente Diego Luis Castellanos y el resto del Directorio, así como los técnicos, trabajaron activamente para que el BCV no participase activamente en los aspectos administrativos del control de cambios, en gran medida por las experiencias anteriores, particularmente RECADI.

Dentro del gobierno, hubo quienes vieron inicialmente el control como un mal necesario, motivado por la coyuntura. Aspiraban que en el corto plazo, el control evolucionara a un instrumento de política económica para moderar la volatilidad, al estilo de los existentes en Brasil o Corea del Sur. En esta onda se encontraban Pérez y Nóbrega.

Otros, sin embargo, vieron la coyuntura como el momento ideal para imponer un esquema de control que permitiese avanzar el predominio del Estado en lo económico. Para ese entonces el “proceso” aún no se había revelado socialista, Por ello su participación en la estructuración del esquema fue muy discreta, guardando las cartas para más adelante.

Hoy, a 12 años de esa decisión, cuando se percibe el claro agotamiento administrativo del control de cambios y a las puertas de una nueva coyuntura de problemas fiscales y de balanza de pagos, conviene ver qué lograron los propulsores en 2003 del control.

1-Para el sector que la banca que en 2002 mostraba severos problemas de solvencia, el control de cambios fue un salvavidas, aunque eventualmente la mayoría de éstos cayera en la “mini-crisis” de 2009-2010. Adicionalmente, el control de cambios, al menos hasta 2011, brindó a los operadores financieros (bancos y otros) múltiples oportunidades para arbitrar entre las diferentes tasas de cambio en el mercado. Muchos bancos, serios y de los otros, lograron proteger sus patrimonio, aunque no en los balances de las operaciones locales. Además el control de cambios modificó de la noche a la mañana la ecuación a los deudores de la banca. El costo financiero real de sus deudas cayó y los incentivos para mantenerse al día y ser elegibles para divisas preferenciales desinfló las expectativas de elevadas carteras en mora.

2-Para el sector en su conjunto, el negocio bancario se hizo mucho más sencillo: tras el control de cambios, vinieron los de tasas y de comisiones. Ello redujo la competencia, a lo que se agregó la toma de importantes bancos por el gobierno. Los resultados obtenidos por la banca en estos doce años, comparados con los de otros sectores empresariales privados, muestran que a la postre resultaron beneficiados.

3-Para el Ministerio de Finanzas, el control de cambios le permitió endeudarse sin problemas, a tasas cada vez más bajas en bolívares y, aprovechando el apetito de los que tenían bolívares por hacerse de dólares, emitir deuda en divisas en el mercado local a costos muy bajos y en montos importantes. En el proceso, más de un funcionario aprovechó además para asegurarse un patrimonio en dólares.

4-En el Banco Central, el esquema que resultó aprobado le evitó tener que enfrentar la triple crisis en puertas, y además mantenerse alejado de la operación del control de cambios. La distancia que impuso Castellanos con el control se expresó en que la representante del BCV ante CADIVI respondía directamente a la Presidencia de la República, no al directorio del Banco Central.

La noción de Felipe Pérez, para muchos utópica, de un sistema altamente automatizado, con pocas oportunidades para la corrupción o la actuación arbitraria de funcionarios, desapareció a los pocos meses. Una vez tomada la decisión, comenzaron a penetrar a CADIVI quienes vieron en esta entidad la herramienta para minimizar al sector privado de la economía. La historia de CADIVI desde entonces ha sido la tensión entre quienes aspiran a un control de cambios eficiente, en el sentido de permitir a la economía funcionar con los insumos necesarios, y aquellos que usan la asignación de divisas como un premio o castigo. En gran medida los vaivenes en la conformación de CADIVI, hoy CENCOEX, se explica por la oscilación entre una y otra posición.

Pero en el fondo, ambos fracasaron, Como admitió Juan Carlos Monedero en una reciente publicación, el control de cambios que debió ser el instrumento para construir la nueva economía socialista, creó una economía importadora, donde sólo los que disponen de las conexiones o capacidad para recibir divisas prosperan, sin ninguna vinculación con su capacidad para fabricar productos en el país. Se pusieron a destruir las empresas privadas sin asegurarse que las públicas fuesen capaces de suplir los productos necesarios para el país.

Y lo más lamentable es que hoy, tal como lo preveía el programa de gobierno de oposición aprobado por consenso en enero de 2012, desmontar el control de cambios es un salto al vacío.

La desaparición de oferentes naturales de divisas en el país (exportadores, empresas que reciben inversión extranjera) y sin un sector manufacturero privado que pueda aprovechar una devaluación que restituya la competitividad de la manufactura nacional, eliminar el control de cambios exige que previamente ocurra un viraje de 180 grados en la política económica. Sólo después que ese viraje comience a dar frutos, podrá dejarse atrás esta triste historia de aspiraciones frustradas y beneficios inmerecidos.