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Raúl Morodo fue otro agente de la internacional de la corrupción chavista

viernes 24 de mayo de 2019, 16:01h
Pedro Benítez (ALnavío).- Otra pieza del entramado de la internacional de la corrupción chavista ha salido a la luz: el exembajador de España en Caracas entre 2004 y 2008, Raúl Morodo. Aliado y operador del expresidente Hugo Chávez dentro y fuera de Venezuela. Más leal a él que al país que representaba. Una prueba de que la corrupción chavista no sólo recorrió el continente americano de norte a sur, sino que además cruzó al Atlántico. Fue mucho más audaz que el entramado de Odebrecht. Y una demostración de cómo sus tentáculos contribuyen a sostener aun hoy a Nicolás Maduro en el poder.
Morodo fue aliado y operador de Hugo Chávez dentro y fuera de Venezuela / Foto: Captura
Morodo fue aliado y operador de Hugo Chávez dentro y fuera de Venezuela / Foto: Captura

Que el exembajador de España en Caracas en la Presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, el socialista Raúl Morodo, esté siendo encausado por la Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción de España, acusado de blanqueo de capitales de dinero proveniente de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) no debería sorprender. Con él se repite un modus operandi conocido por los interesados en la realidad venezolana de los últimos lustros.

Hoy sabemos por qué Morodo fungió más como operador político al servicio del expresidente Hugo Chávez que como embajador español entre 2004 y 2008. Según las pruebas presentadas por la justicia española su lealtad tenía precio.

“El ex embajador de España en Venezuela, Raúl Morodo, usó testaferros habituales de los denominados papeles de Panamá para esconderse en una sociedad del país centroamericano desde la que cobrar comisiones millonarias del régimen de Hugo Chávez”… “La presidenta formal de la sociedad instrumental Furnival Barristers fue desde su inicio Edith Olivé Bocanegra, una fiduciaria presente en el caso de los papeles de Panamá, documentación proveniente del despacho Mossack & Fonseca.”

El Mundo (Madrid)

En esos años fue el representante diplomático más cercano al régimen chavista y en privado se ufana ante los dirigentes políticos venezolanos opositores de su amistad personal con Chávez.

Según las pruebas presentadas por la justicia española, desde que abandonó su cargo diplomático y hasta 2013 su hijo Alejo Morodo recibió decenas de transferencias a cuenta de PDVSA por supuestas labores de “asesoría jurídica” a través de una sociedad instrumental panameña. No fue casualidad que detrás de su ferviente apoyo al chavismo existiera un interés personal corrupto.

Un esquema muy parecido a la relación que se estableció en Venezuela con Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias justamente en esos años.

Tampoco es casualidad que los fondos que presuntamente lavó fueran de PDVSA. La única empresa latinoamericana que por lo visto puede competir (y cuando se saquen las cuentas superará con creces) a Odebrecht en el terreno de los sobornos.

En siglo XX el apoyo incondicional de los viejos comunistas a la Unión Soviética, incluyendo sus números crímenes, era de carácter casi religioso. Era una cuestión de fe, no de dinero. Con el chavismo es, y ha sido, exactamente al revés. El dinero ha ido primero que la fe. En realidad los petrodólares compraron la fe de muchos.

Hugo Chávez no instauró su régimen fusilando opositores como hicieron Fidel Castro y el Che Guevara en la fortaleza de La Cabaña en los inicios de la revolución cubana (aunque había un plan muy parecido si el intento de golpe de Estado de Chávez hubiera tenido éxito en 1992). Lo hizo comprando conciencias.

Tuvo la fortuna histórica para él (mas no para los venezolanos) de disfrutar del más grande y extenso auge de precios petroleros de todos los tiempos (2003-2014). Eso explica en buena medida su popularidad dentro de Venezuela, sus sucesivas victorias electorales, pero también el apoyo político (y complicidad) en el resto del mundo.

Aprovechándose de la ola política hacia la izquierda en la región y del uso discrecional que podía hacer del ingreso petrolero de Venezuela, Chávez apoyó sin tapujos ni disimulos a cuanto político se autoproclamase antimperialista (es decir, antiestadounidense), prometiera barrer con la clase política anterior, hablara con admiración de Fidel Castro, tuviera suficientes credenciales izquierdistas (caso de Lula) o simplemente quisiera ser su amigo.

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Pedro Benítez