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¿Hace trampa el BCV con los datos sobre inflación?

jueves 30 de mayo de 2019, 22:00h
Por José Manuel Rotondaro.- Después de 40 meses de ocultar las cifras, repentinamente el Banco Central publica las estadísticas económicas esenciales para medir, ahora de manera oficial, el daño económico que ha infligido Nicolás Maduro al país. Dado el volumen de información por fin disponible, digerirla y cotejarla con las estimaciones extraoficiales, demorará un cierto tiempo.
El BCV tiene ventajas para levantar estadísticas / Foto: Ciudad Caracas
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El BCV tiene ventajas para levantar estadísticas / Foto: Ciudad Caracas

Comencemos con la inflación. Los índices oficiales evitan que, por los momentos, Venezuela pase a ocupar el podio de países con mayor nivel de inflación en un mes. La posición número 10 la ocupa Taiwan con casi 400% en agosto de 1945. Las cifras del BCV ubican el pico en enero de este año, con una tasa de 197%.

De mantenerse la inflación mensual por debajo de 50%, Venezuela tampoco obtendría una posición en los récords históricos por duración de la hiperinflación. Según las cifras del BCV, el país ha tenido niveles superiores a 50% mensuales en forma continua por 11 meses. De acuerdo a un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional, 12 países han sufrido episodios hiperinflacionarios por más de un año.

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Una de las sorpresas que revelan las cifras oficiales es que en términos anuales, la inflación ha sido sustancialmente menor a las estimaciones no oficiales. Mientras estas últimas la ubican en 2018 en más de 2 millones por ciento, el BCV dice que fue 130.000%.

¿Está maquillando el BCV las cifras?

No necesariamente. En primer lugar hay que considerar que las estimaciones realizadas por organizaciones privadas así como las de la Asamblea Nacional tienen limitaciones prácticas respecto a las oficiales.

Las estimaciones no oficiales, aún tratando de seguir lo más fielmente posible la metodología del BCV, no pueden tener el mismo alcance y probablemente se concentren en la evolución del precio de los alimentos. También hay precios cuya recolección es particularmente difícil para una organización no oficial, como debe ser el caso de proveedores de servicios o de bienes oficiales. Otro rubro difícil de recopilar es el de alquileres y otros servicios de vivienda. También cabe considerar que los cálculos del BCV deben incluir los precios que pagan los beneficiarios de bienes subsidiados por el gobierno, por ejemplo las cajas CLAP.

Es el caso de los dos índices que publica el BCV, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) y el Índice de Precios al Consumidor para el Área Metropolitana de Caracas (IPC). Para su cálculo se recogen los precios de 362 bienes y servicios en más de 20.000 negocios (formales e informales), en varias oportunidades cada mes.

Las estimaciones no oficiales, aún tratando de seguir lo más fielmente posible la metodología del BCV, no pueden tener el mismo alcance y probablemente se concentren en la evolución del precio de los alimentos. También hay precios cuya recolección es particularmente difícil para una organización no oficial, como debe ser el caso de proveedores de servicios o de bienes oficiales. Otro rubro difícil de recopilar es el de alquileres y otros servicios de vivienda.

También cabe considerar que los cálculos del BCV deben incluir los precios que pagan los beneficiarios de bienes subsidiados por el gobierno, por ejemplo las cajas CLAP.

Otra limitación de alcance para las organizaciones no oficiales es la geográfica. Muy probablemente éstas hagan el levantamiento de precios sólo en la capital. Desde su creación en 2008, los resultados del INPC han sido consistentemente inferiores a los del IPC, lo cual fue especialmente importante en 2018.

Lo más interesante es que aún con esas limitaciones y en vista de la enorme diferencia de la inflación anual antes comentada, las cifras mensuales no oficiales tienen una correlación con las oficiales suficientemente alta como para considerarlas que cumplieron adecuadamente su papel de proporcionar cifras de inflación en ausencia de las del BCV. El nivel anual para 2018 puede haber diferido sustancialmente pero la tendencia general coincide.

También hay que considerar que los valores anuales reflejan lo poderoso que puede ser el crecimiento geométrico, es decir aquel que se produce al multiplicar una serie de valores en forma consecutiva. Diferencias de unos pocos puntos porcentuales repetidos mes tras mes terminan generando una diferencia en la tasa anual de inflación muy elevada.

¿Y ahora?

La baja en la inflación en los últimos meses ha sido producto de la extrema restricción que ha impuesto el BCV sobre la liquidez bancaria a través de un encaje absurdamente elevado. Pero las causas que alimentan la inflación no han desaparecido ni hay indicio alguno de que el gobierno piense en implementar los cambios de política que se requieren para alcanzar en el mediano plazo una estabilidad en los precios.

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Llama la atención que la mayor discrepancia de las cifras del BCV con las no oficiales es en la inflación de febrero pasado. Mientras, las no oficiales muestran un nivel por debajo de 50%, las del BCV la mantienen por encima de 100%. Es decir, para el BCV, apenas se tienen dos meses por debajo del límite de la hiperinflación.

Y en mayo es probable que afloren presiones inflacionarias ausentes en los dos meses previos: el impacto del aumento del salario mínimo, la depreciación de la moneda frente al dólar y la reducción en la oferta de bienes como efecto retardado de los apagones, al consumirse inventarios.

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