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Por qué el Banco Central de Venezuela arroja pérdidas en estos momentos

jueves 22 de agosto de 2019, 19:00h
Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- A esta altura del mes de agosto, el BCV ya debe tener listo los estados financieros del semestre del año. A juzgar por lo que deja entrever el balance de mayo, este sería el primer ejercicio en el cual tendrá pérdidas operativas, no vinculadas a sus operaciones monetarias o cambiarias.
Las reservas líquidas del BCV no ganan intereses / Foto: Pixabay
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Las reservas líquidas del BCV no ganan intereses / Foto: Pixabay

Los bancos centrales obtienen sus ingresos fundamentalmente de dos fuentes. Por un lado, están los intereses percibidos por la colocación de las reservas internacionales. Por el otro, los ingresos por la colocación en bonos en moneda nacional, así como los intereses que cobra a los bancos por préstamos. Estas colocaciones normalmente son financiadas con pasivos sin costo como el efectivo en circulación y depósitos de bancos y del gobierno.

Esta posibilidad de arbitrar pasivos sin costo y activos remunerados se conoce como ‘señoreaje’, aludiendo al ingreso que percibía un monarca al emitir monedas con un valor nominal superior al contenido del metal.

En ciertas épocas, el Banco Central de Venezuela (BCV) tuvo erogaciones importantes por los intereses que paga en operaciones monetarias de absorción, a través de repos, bonos y captaciones en la mesa de dinero y, en ocasiones, esto resultó en pérdidas, como en el período inmediatamente posterior a la crisis bancaria de 1994 cuando prestó una cantidad significativa de dinero a Fondo de Garantías y Depósitos, Fogade, y debió absorber nuevamente ese dinero de la banca. En estos casos, la ley del momento preveía este tipo de situaciones.

Los depósitos de la banca han aumentado sustancialmente por la absurda política de encaje y ahora están siendo remunerados, a una tasa igualmente irrisoria (2% anual) pero antes no causaban gastos. Y para rematar, el activo de mayor crecimiento en los últimos años son los préstamos otorgados al gobierno y a Petróleos de Venezuela, PDVSA, sobre los cuales no se conoce la tasa de interés, pero que se deduce por lo reflejado en los balances que es muy baja.

La lectura de los estados financieros del BCV presenta un reto pues, al igual que los de la banca, y por instrucciones directas de la Superintendencia de Bancos (Sudeban), esos balances se publican sin ajustar por la inflación, ni siquiera en forma complementaria. Por ello, los balances del BCV están ‘contaminados’ por las variaciones del tipo de cambio oficial.

Los estados financieros de los dos semestres de 2018, por ejemplo, reflejaron ‘pérdidas’, pero éstas fueron causadas directamente por la aplicación de normas de valoración de activos y pasivos, en parte por las devaluaciones del tipo de cambio oficial en 2018 y por las variaciones en el precio del oro y de las divisas extranjeras entre sí.

El balance de mayo, sin embargo, muestra un resultado favorable acumulado sustancial, sin duda vinculado a las devaluaciones del bolívar que este año han sido más pronunciadas que en 2018. Pero a la vez, la cuenta del patrimonio que refleja esos ajustes cambiarios se ha incrementado en un volumen que representa 80 veces la ganancia acumulada.

Esto pareciera indicar que, descartando el efecto de la devaluación, el BCV estaría reflejando significativas pérdidas en sus operaciones.

¿Por qué? Nuevamente dos causas enteramente atribuibles a la nefasta gestión de sus directivos.

1- Las reservas internacionales han caído a niveles no vistos desde 1989, y en su mayor parte están constituidas por el oro monetario. Con los vencimientos de las operaciones de swap y/o colocaciones de ese oro, el BCV dejó de percibir intereses por ese activo internacional. Además, es de presumir que las pocas reservas líquidas están depositadas en bancos centrales de países ‘amigos’ sin ganar interés, como es usual. Pero el BCV puede argumentar que esto es consecuencia de las sanciones.

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2- Este punto es enteramente atribuible a decisiones de la directiva del BCV. Al mantener artificialmente las tasas de interés en niveles absurdamente bajos, lo que percibe por sus activos en moneda nacional resulta irrisorio frente al incremento de sus gastos de funcionamiento por la hiperinflación. A ello se agrega que los pasivos sin costos, en especial los billetes y monedas, representan una proporción cada vez menor de las obligaciones en bolívares del BCV. Los depósitos de la banca han aumentado sustancialmente por la absurda política de encaje y ahora están siendo remunerados, a una tasa igualmente irrisoria (2% anual) pero antes no causaban gastos. Y para rematar, el activo de mayor crecimiento en los últimos años son los préstamos otorgados al gobierno y a Petróleos de Venezuela, PDVSA, sobre los cuales no se conoce la tasa de interés, pero que se deduce por lo reflejado en los balances que es muy baja.

Es decir, el BCV está sufriendo en carne propia los efectos de sus propias medidas en materia de tasas de interés, encaje, financiamiento inorgánico del déficit fiscal y de aislamiento internacional financiero. Las consecuencias las estamos pagando todos.