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Otro problema para Maduro: ¿Pueden ser los criptoactivos parte de las reservas internacionales del BCV?

lunes 30 de septiembre de 2019, 15:52h
Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- La noticia difundida por Bloomberg de que PDVSA usa criptoactivos como pago por las exportaciones de petróleo, ha generado cierto impacto en los mercados. PDVSA está obligada a buscar alternativas para sus clientes. Las vías tradicionales de pago están limitadas. Por las sanciones. Según Bloomberg, el Banco Central de Venezuela y PDVSA han tenido que buscar alternativas para manejar la situación. La pregunta es: ¿Pueden manejar PDVSA y el BCV cuentas de criptoactivos?
Maduro tiene su bolsa de Bitcoins y no sabe qué hacer con ella / Foto: @NicolasMaduro
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Maduro tiene su bolsa de Bitcoins y no sabe qué hacer con ella / Foto: @NicolasMaduro

La respuesta es afirmativa. No hay una prohibición expresa y ambos entes tienen amplia capacidad para adquirir activos no necesariamente vinculados con sus actividades, como por ejemplo obras de arte.

Crear una ‘dirección’ para recibir criptoactivos es algo que no requiere mayor formalidad, y no es necesario que el tenedor de esa dirección tenga una cuenta en una plataforma de intercambio.

Pero, aun siendo posible, hay aspectos que tanto PDVSA como el BCV deben estar considerando con cuidado.

Si el Directorio del Banco Central de Venezuela decide calificar una posible posición en Bitcoin como parte de las reservas internacionales estará, una vez más, violando su propia Ley y la más elemental regla de prudencia de un banco central.

En primer lugar, el ecosistema Bitcoin fue concebido alrededor de usuarios individuales, y carece de muchas de las características que requiere una empresa grande, bien administrada. Por lo tanto, y asumiendo que ambas entidades manejan responsablemente sus procedimientos administrativos internos, la apertura y manejo de ‘direcciones’ y cuentas de criptoactivos las debe haber obligado a desarrollar esquemas que permitan ejercer un debido control interno sobre los procesos vinculados con los criptoactivos. Esto en gran medida es un terreno incógnito, sin mayores precedentes a nivel internacional. Algunos otros criptoactivos han tratado de subsanar estas deficiencias para facilitar su uso corporativo, pero no Bitcoin.

Luego están las vulnerabilidades internas y externas de mantener Bitcoins. En principio, una persona estaría en capacidad de transferir la totalidad de la tenencia en una dirección a otra, instantáneamente y en cualquier momento, incluso desde fuera del país. Igualmente puede cambiar las claves de acceso justo antes de salir de viaje y bloquear el acceso a la entidad.

En comparación, mover fondos de cuentas bancarias o de valores tanto en PDVSA como en el BCV requiere verificaciones múltiples, desde computadoras específicas y dentro de horarios específicos, lo cual mitiga el riesgo de apropiación indebida por empleados individuales.

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Otro riesgo importante es que, siendo en esencia un registro electrónico, el control de una dirección Bitcoin está sujeto al acceso a los datos pertinentes. Periódicamente se conoce de casos en los cuales hackers penetran los archivos donde están las direcciones y las credenciales de acceso a esas cuentas, apropiándose de los Bitcoins. Con el tiempo se han desarrollado diversos esquemas para limitar ese riesgo, principalmente lo que se conoce como almacenamiento frío.

Para operar con una dirección Bitcoin, es necesario que la misma esté disponible a todas las computadoras que procesan y validan transacciones. Si un tenedor de Bitcoins no se conecta a dicha red, no hay posibilidad de que la información sea apropiada fraudulentamente. Hay plataformas que ofrecen ese servicio, así como dispositivos de almacenamiento electrónicos, que no requieren plataformas. En ambos casos, para comprar o vender Bitcoins, el usuario se conecta temporalmente a la red y ejecuta la transacción.

Lo anterior es factible para un usuario individual. Pero para una institución financiera como el BCV o una empresa global como PDVSA, con contrapartes en diversos puntos del planeta, esos esquemas lucen engorrosos y limitan su efectividad.

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Luego está el tema contable, principalmente para el BCV. La nota de Bloomberg alertaba que la intención final dentro del esquema es incrementar el nivel de las menguadas reservas internacionales del país.

La Ley del BCV en el numeral 7 del artículo 127 indica que, además de los activos financieros usuales, también son reservas internacionales:

“Cualesquiera otro activos o derechos que hubieran sido calificados como reserva por el Directorio de acuerdo con criterios reconocidos internacionalmente”. La frase en negrilla es significativa. En estos momentos ningún banco central tiene en su balance criptoactivos, y mucho menos ha considerado definirlos como reservas.

La clave para que un activo pueda ser considerado como parte de las reservas internacionales es que sean ampliamente aceptados en transacciones internacionales. Bitcoin y demás criptoactivos no son usados en operaciones comerciales, salvo contadas excepciones.

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Tampoco existe un precio comúnmente aceptado. En cualquier momento existen precios ampliamente divergentes entre las diferentes plataformas de intercambio. No hay, como en el caso de las divisas o del oro, un “fix” a determinada hora cada día que permita valorar en una moneda específica la tenencia de un criptoactivo.

Si el Directorio del Banco Central de Venezuela decide calificar una posible posición en Bitcoin como parte de las reservas internacionales estará, una vez más, violando su propia Ley y la más elemental regla de prudencia de un banco central.

Como bien dice la nota de Bloomberg, Nicolás Maduro tiene su bolsa de Bitcoins y no sabe qué hacer con ella.