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Cuánto riesgo corren los que usan bitcoins para hacer negocios con PDVSA

lunes 30 de septiembre de 2019, 23:00h
Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Bloomberg usualmente publica primicias de fuentes internas de PDVSA y del BCV que luego se confirman. La noticia publicada el jueves 26 de septiembre sobre el uso, por parte de PDVSA, de criptoactivos para recibir el pago de ventas de crudo no debe sorprender. Severamente limitada en su capacidad para recibir pagos en las principales divisas, y con los compradores corriendo un enorme riesgo, Petróleos de Venezuela debe estar buscando formas alternativas para recibir los pagos por exportaciones.
El uso de criptoactivos permitiría, en principio, eludir las sanciones / Foto: Needpix
El uso de criptoactivos permitiría, en principio, eludir las sanciones / Foto: Needpix

Bloomberg reseña igualmente que PDVSA le estaría transfiriendo los activos recibidos (no queda claro en la nota si son Bitcoins, Ethereum o una mezcla) al Banco Central de Venezuela, como usualmente ocurre con las divisas recibidas ordinariamente.

Según Bloomberg, esto habría obligado al BCV a buscar fórmulas para procesar la transacción y registrar esos criptoactivos como parte de las reservas internacionales.

¿Son posibles estas operaciones?

En principio sí. Tanto Bitcoin como Ethereum pudieran estar siendo recibidos por PDVSA como pago de facturas de venta. Igualmente podría estar aceptando oro, piedras preciosas, obras de arte, es decir, cualquier activo que no requiera una transacción financiera, a través de bancos o plataformas transaccionales de instrumentos financieros tradicionales como las bolsas de valores.

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El uso de los criptoactivos mencionados permitiría, en principio, eludir las sanciones a las que está sometida PDVSA por parte de Estados Unidos. Para el comprador, sin embargo, la situación no es tan clara.

Las transacciones con Bitcoin y Ethereum no son necesariamente anónimas

Un error común es creer que las operaciones con criptoactivos son totalmente anónimas. Por el contrario, éstas pueden estar sometidas a un escrutinio público mucho más amplio que operaciones financieras tradicionales. Todas las transacciones que se dan en esos dos criptoactivos están disponibles públicamente.

Dado que el monto usual (mediana) de esas transacciones es bajo (700 dólares para Ethereum y algo más de 1.000 dólares para Bitcoin), cualquier operación significativa destacará en el registro público, conocido como cadena de bloques (o blockchain en inglés).

Un error común es creer que las operaciones con criptoactivos son totalmente anónimas. Por el contrario, éstas pueden estar sometidas a un escrutinio público mucho más amplio que operaciones financieras tradicionales. Todas las transacciones que se dan en esos dos criptoactivos están disponibles públicamente.

Un análisis de las transacciones, por valor promedio, en los últimos 12 meses, daría credibilidad a la afirmación de Bloomberg. El 21 de agosto pasado hubo un salto notable en el monto promedio de las transacciones en Bitcoin, alcanzando más de 800.000 dólares ese día.

Pocos días después destacó el incremento en la tenencia de una cuenta (address) no vinculada con un operador de plataformas de intercambio. El 6 de septiembre una cuenta creada en octubre de 2018, recibió más de 1.000 millones de dólares en Bitcoin.

¿Serán estos picos inusitados evidencia de que PDVSA está recibiendo criptoactivos? Una posible explicación es que el 21 de agosto, compradores de petróleo adquirieron Bitcoins en cantidades importantes y luego, dos semanas después, entregaron esos Bitcoins a PDVSA. Esto concuerda con lo planteado por Bloomberg, aunque en medios especializados en criptoactivos hay otras explicaciones para esas transacciones.

Hay que destacar que la tenencia de criptoactivos tiene un grado de privacidad relativamente mayor que una cuenta bancaria. Pero sólo si las transacciones que realice el tenedor se mantienen en la esfera de criptoactivos. Tal anonimato potencialmente se pierde cuando ocurre el intercambio entre dinero bancario y criptoactivos. En los últimos cinco años, autoridades financieras, especialmente las encargadas de la vigilancia contra el lavado de dinero, han estado obligando a las plataformas de intercambio de criptoactivos (exchanges), en las que ocurre la mayoría de compra-venta de criptoactivos contra dinero, a adoptar las medidas usuales antilavado. Estas normas demandan como mínimo que esas plataformas identifiquen plenamente a los usuarios y reporten toda transacción por encima de cierto nivel.

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Aquí es importante hacer la distinción entre lo que se conoce como ‘dirección’ de un criptoactivo, una serie de números que se usa para crear los bloques encriptados que forman parte del registro público o blockchain, y las cuentas que los usuarios abren en las plataformas de intercambio para negociar. Las normas antilavado tienen aplicación sobre esas cuentas, no sobre las direcciones.

Esto no ocurre en todos los países (por ejemplo, en Venezuela) pero cada vez son menos las jurisdicciones donde el intercambio de dinero por criptoactivos es anónimo. También hay plataformas que permiten el intercambio de criptoactivos entre cuentas, pero el pago ocurre fuera de la plataforma. Tal es el caso de LocalBitcoins, la plataforma más usada en Venezuela.

Volviendo al caso de las transacciones de las últimas semanas, a través del blockchain es posible rastrear la cuenta Bitcoin de los compradores del 21 de agosto. Dados los montos involucrados, es muy factible que el origen del dinero involucrado sea fácil de rastrear para las autoridades financieras o policiales. Es decir, los que compraron petróleo a PDVSA pudieran ser identificados.

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Sin embargo, esto requiere que las autoridades del país de esos compradores tengan la capacidad y voluntad para hacerlo. De acuerdo con la información contenida en el blockchain de Bitcoin, más de un tercio de los criptoactivos que fueron transferidos en bloque el 6 de septiembre provinieron de la plataforma Houbi, ubicada en Singapur pero fundada en China.