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Maduro no sabe cómo entrarle a la deuda. El exministro Miguel Rodríguez le envía este mensaje

jueves 03 de octubre de 2019, 22:40h
Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Maduro quiere entrarle a la deuda. Maduro quiere refinanciar la deuda. Pero Maduro no encuentra cómo. Maduro ordena que Delcy Rodríguez y Tareck El Aissami se reúnan con los bonistas y acuerden soluciones inmediatas. Se trata de una misión imposible. Maduro no posee herramientas para renegociar la deuda. El exministro Miguel Rodríguez, que refinanció la deuda en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, explica cómo hay que proceder ahora.
El exministro Miguel Rodríguez tiene la fórmula para negociar la deuda / Foto: Captura
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El exministro Miguel Rodríguez tiene la fórmula para negociar la deuda / Foto: Captura

Nicolás Maduro sabe que la deuda le pesa. Que ha pagado mucho en intereses, 76.000 millones de dólares. Sabe que sin quitarse de encima este problema no puede avanzar. Que no hay programa económico que funcione porque la deuda lo determina todo. O lo que es lo mismo: Sin nuevo financiamiento es inviable cualquier iniciativa.

Maduro ya tiene una comisión para entrarle a la deuda. Delcy Rodríguez y Tareck El Aissami, vicepresidenta Ejecutiva y ministro del Área Económica. Pero ambos no son un equipo. No pueden. No tienen pericia. No los conocen en los mercados ni en los centros especializados. No tienen acceso a los Estados Unidos. Están sancionados. No están vistos como personajes honestos. Aun así, Maduro les ha ordenado reunirse con los bonistas. Que convoquen a una ronda. Y se busquen soluciones inmediatas.

Maduro tiene un problema. La República tiene un problema. Venezuela tiene un problema. Y lo sabe el exministro de Cordiplan y expresidente del Banco Central, Miguel Rodríguez, que refinanció la deuda en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Miguel Rodríguez, desde Ginebra, Suiza, ve el problema y la solución. Y esto es lo que dice para encarar la deuda. Ese gran problema.

Para Maduro lo inmediato son las sanciones de los Estados Unidos. Las sanciones internacionales. Maduro lanza la propuesta para observar, también, la reacción de los bonistas. Tiene un plan entre ceja y ceja: que los bonistas ejerzan presión para que sean retiradas las sanciones. Las sanciones son un límite. Más que una camisa de fuerza. Y Maduro está ahogado. La caída de la producción petrolera no se detiene. Y las arcas se vacían. Le paga intereses y capital neto a los rusos y ese pago es un sacrificio mayor para las finanzas de un Estado de por sí quebrado.

Pero Maduro no quiere ir a los Estados Unidos que es justo donde está el nudo de la cuestión. Tampoco a los Estados Unidos pueden viajar Rodríguez y El Aissami.

Maduro tiene un problema. La República tiene un problema. Venezuela tiene un problema. Y lo sabe el exministro de Cordiplan y expresidente del Banco Central, Miguel Rodríguez, que refinanció la deuda en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Miguel Rodríguez, desde Ginebra, Suiza, ve el problema y la solución. Y esto es lo que dice para encarar la deuda. Ese gran problema. Señala que:

-Lo primero es que haya gobierno.

-Lo segundo es designar un negociador plenipotenciario.

-Y ese negociador tiene que ser honesto.

-Ese negociador tiene que ser capaz.

-De carácter firme. Que represente un gobierno también firme, fuerte, de unidad nacional.

-Debe contar con la mejor asesoría legal.

-Que tenga acceso a la Presidencia de los Estados Unidos.

-Que tenga acceso al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

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No ve Miguel Rodríguez a un equipo de negociadores echándose tragos en Nueva York. La misión es compleja. El exministro propone una estrategia. El negociador debe comenzar exponiendo que:

-Venezuela no puede pagar.

-No puede pagar ni un dólar.

-Porque lo primero es sacar al pueblo de la hambruna.

-Venezuela es un país que se muere de hambre.

-Y esta renegociación no es para acordar plazos ni tasas de interés.

-Ya que la realidad es la de un país destruido.

-De unas finanzas públicas destruidas.

-Que los recursos fiscales son para recuperar el país. No para pagar.

Agrega que de manera inevitable se necesita una Orden Ejecutiva del presidente de los EEUU para proteger a Citgo, el único activo importante que posee la República en el exterior.

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Miguel Rodríguez ya refinanció una deuda. Explica que aquella deuda que se encontraron en 1989 y que era de 20.000 millones de dólares, a valores actuales sumaría hoy 60.000 millones. Aquella deuda había sido contraída con la banca. Y a la banca se le dijo que no cobraría un centavo. Los negociadores tomaron la vía del Plan Brady, creado para el rescate de México, y por allí enfilaron la negociación. Pero el argumento básico fue que no había forma de pagar. Hoy los bonistas son los que tienen la fuerza. Pero Miguel Rodríguez apunta que los argumentos no cambian. La emergencia es mayor. Y, además, los bonistas compraron esos títulos en el mercado secundario en un 30% de su precio.

Miguel Rodríguez tiene un marco de referencia. La empresa Pacific Rubiales. Esta era una compañía petrolera que quebró hace cuatro años. Era una referencia en el mercado petrolero de América Latina. Había recuperado la producción petrolera de Colombia. Estaba manejada por venezolanos. Una OPA hostil marcó su destino. Miguel Rodríguez señala que en Pacific Rubiales se perdió el capital. Quedó reducido a cero. Y lo que llegaron a recuperar los bonistas se ubicó en promedio de un 10% del valor. El asunto es que una empresa quebrada no puede pagar deuda. Un país quebrado tampoco puede hacerlo. Menos. Y menos que menos, un país que sufre una tragedia humanitaria.