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¿Qué hay detrás de la indexación del crédito bancario ordenada por Maduro?

lunes 28 de octubre de 2019, 20:00h
Zenaida Amador (KonZ).- En medio de una crisis sin precedentes, que alcanza a todas las áreas, Nicolás Maduro toma medidas que le generen algún tipo de beneficio particular sin importar el costo para el país. Las recientes decisiones en materia económica auguran un paso más hacia la destrucción del aparato productivo como política de Estado sin que por ello logre contener la inflación y la devaluación.
Maduro ha jugado a mantener la apreciación del tipo de cambio con fines difusos / Foto: @NicolasMaduro
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Maduro ha jugado a mantener la apreciación del tipo de cambio con fines difusos / Foto: @NicolasMaduro

Este lunes 28 de octubre se activa un nuevo esquema de indexación de los créditos comerciales que entrega la banca. La medida, emitida por el Banco Central de Venezuela (BCV), establece que los créditos de la cartera comercial se expresarán en Unidades de Valor de Crédito Comercial (UVCC). Estas unidades surgen de dividir el monto en bolívares del crédito otorgado entre el “Índice de Inversión” vigente al momento de hacer la operación, el cual será determinado diariamente por el propio BCV tomando en cuenta la variación del tipo de cambio de referencia del mercado.

Si bien la norma establece que el interés aplicable a estos créditos estará entre 4 y 6% anual, con un máximo adicional de 0,50% anual por morosidad, tanto los intereses como el capital del crédito se expresarán en UVCC. Así, al momento del otorgamiento del crédito en bolívares se le establecerá un valor en dólares que irá fluctuando en la medida en que avance la devaluación del bolívar.

Transcurrido un año desde que Nicolás Maduro anunció un...

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Vale destacar que entre enero y junio la devaluación fue de 90,52%, lo que ya arroja luces sobre el voraz encarecimiento que pueden sufrir estos créditos que son fundamentales para el sector privado. Para las empresas será muy difícil estimar la carga que representarán tales créditos en sus provisiones financieras y lo que se espera es un declive mayor en el financiamiento. Además, debido a las condiciones establecidas, se esperaría un repunte en la morosidad y muchos casos de empresas que simplemente no podrán honrar sus compromisos.

Al respecto el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) señaló que “la inestabilidad macroeconómica complica la realización de estimaciones precisas sobre el comportamiento futuro del tipo de cambio y de la operatividad de cada negocio en particular, dificultando a las empresas estimar la viabilidad y conveniencia de la adquisición de nuevos créditos comerciales”.

Las excusas

El régimen de Maduro optó por esta medida para acabar con el uso especulativo del crédito para incidir en el mercado cambiario. “El dinero proveniente del crédito se destinaba a la compra de dólares en el mercado paralelo que es altamente especulativo, ahora el crédito será para actividades productivas y para vencer a la guerra económica”, aseguró José Javier Morales, presidente del estatal Banco de Venezuela, al argumentar a favor de la indexación.

El 60% de la cartera de créditos de la banca corresponde al área comercial, que sería la porción beneficiada por la indexación, el resto seguirá erosionándose por la inflación y la devaluación. Esto deja a la banca sin incentivos para otorgar otros financiamientos, como el crédito al consumo, por lo que prácticamente cesarán. La banca puede centrar sus esfuerzos en el otorgamiento de créditos comerciales, pero muchas empresas -severamente golpeadas por la crisis- no podrán correr el riesgo de aventurarse a pedir los préstamos.

Bajo esta óptica, las autoridades estarían una vez más intentando sostener artificialmente el valor del bolívar, porque si bien la devaluación ha sido importante, el precio del dólar aumentó menos que la mayoría de los productos en la economía venezolana. Y para lograr esto Maduro apela desde septiembre de 2018 al recurso de constreñir el crédito.

Desde el lado de la banca la nueva medida del BCV puede significar un alivio, pues el proceso hiperinflacionario que vive el país a la par de la devaluación ha terminado por pulverizarla. A septiembre de 2019 la cartera de créditos de la banca venezolana -pública y privada- equivalía a tan sólo 259 millones de dólares mientras que una década atrás superaba los 40.000 millones de dólares.

El economista Leonardo Buniak estima que la medida funciona como un salvavidas para evitar que se extinga la cartera de crédito comercial de la banca. Lo malo es que se trata de una decisión aislada, que no toma en cuenta los factores que influyen en los problemas de fondo de la economía, como la inflación, y por lo tanto no augura algún resultado favorable para ninguna de las partes.

El 60% de la cartera de créditos de la banca corresponde al área comercial, que sería la porción beneficiada por la indexación, el resto seguirá erosionándose por la inflación y la devaluación. Esto deja a la banca sin incentivos para otorgar otros financiamientos, como el crédito al consumo, por lo que prácticamente cesarán. La banca puede centrar sus esfuerzos en el otorgamiento de créditos comerciales, pero muchas empresas -severamente golpeadas por la crisis- no podrán correr el riesgo de aventurarse a pedir los préstamos.

En el caso de que sí lo hagan tendrían que trasladar el costo del financiamiento a los precios finales, lo que terminaría incidiendo en la inflación. Sin embargo, para muchas empresas esta opción luce cuesta arriba ya que el consumo se ha venido contrayendo también (-34,8% en el primer trimestre de 2019) porque la mayoría de la población está empobrecida.

La balanza chavista

Lo hecho en el último año por el BCV para imitar el crédito, como los incrementos agresivos del encaje legal exigido a la banca, trajo coletazos que golpearon con fuerza al sector productivo en un contexto que ya era recesivo. La economía venezolana acumula una caída de 63% desde 2013 a marzo de 2019, y el enfriamiento de la actividad productiva que se acentuó en el último año coloca a algunos sectores al borde de su desaparición.

Según la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria), la falta de financiamiento y la contracción de la demanda son los factores que más impactaron al sector durante el primer trimestre de 2019, cuando la manufactura nacional cayó 56,3% con respecto a igual período de 2018, según los datos del BCV.

Este cuadro se agravará con la nueva medida y Maduro está consciente de ello.

En materia inflacionaria no se vislumbra una solución a partir de la nueva medida del BCV. Habrá una contención sobre el sector privado, pero no así desde el ámbito público. En la última semana ya comenzó a subir la presión de la emisión monetaria para sostener el gasto del Estado a tono con lo que históricamente ocurre en la etapa final del año, cuando crece más esta inyección de recursos, lo que acelerará los precios y hará que el dólar se desplace hasta donde convenga a los intereses del régimen dentro de su agenda política.

Maduro ha jugado a mantener la apreciación del tipo de cambio con fines difusos. Según cálculos de la firma Ecoanalítica, gracias a la distorsión cambiaria en Venezuela cuesta cuatro veces más producir un bien que importarlo.

Este cuadro termina por favorecer al propio régimen y a un sector empresarial emergente, dedicado a la importación, mientras el sector formal se desmorona.

Las cifras del BCV del primer trimestre de 2019 muestran que las importaciones privadas apenas sumaron 498 millones de dólares, 25% menos que en igual lapso de 2018. Aunque no se conoce el desglose de estas cifras, es fácil concluir que buena parte de los bienes que ingresan va a los llamados comercios y “bodegones” que sólo venden productos importados a precios que, en algunos casos, resultan más atractivos que los que tienen los productos hechos localmente.

En paralelo, las importaciones públicas en el trimestre llegaron a 995 millones de dólares, 16,5% más que un año antes. En este caso destacan las compras que el régimen hace para sostener algunos de sus programas de control social, como los CLAP, que ha servido además para enmascarar una amplia red de corrupción.

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